Montañas y volcanes

Llanuras y valles

Clima

Independencia y presidentes


Volcán Arenal, San Carlos.

El marco físico

El territorio: su ubicación y su entorno

Situación

En la zona geográfica donde el sector ístmico de América Central se estrecha y se inclina hacia el Oriente, se halla la República de Costa Rica; entre los estados de Nicaragua al norte y Panamá al sureste. El resto del territorio está flanqueado por el océano Pacífico al oeste y por el mar Caribe, dependencia del océano Atlántico, al este.

Considerando las coordenadas geográficas medias -el paralelo 10° de latitud norte y el meridiano 84° 0' de longitud oeste-, el centro geométrico del país estaría cerca de San Isidro de Coronado, donde se cortan esas dos líneas astronómicas. Por lo tanto, el territorio costarricense se halla ubicado en el hemisferio norte respecto al ecuador y en el hemisferio occidental en relación al meridiano de Greenwich.

Forma y tamaño

De forma aproximadamente trapezoidal, la longitud y la anchura se disponen en sentido diagonal respecto de las coordenadas geográficas, lo que mantiene el territorio al resguardo de los temibles ciclones caribeños y hace que la relación entre ambas dimen-siones no sea desproporcionada: 1: 2,5.

Con sus 51 100 km2, Costa Rica sólo supera en superficie a El Salvador y Belice en la América Central ístmica, y únicamente es superada por Cuba y la llamada isla La Española, en el sector insular del Caribe. La superficie in-cluye varias islas costeras sobre el Pacífico y una sola sobre el Caribe (isla Uvita, frente a Puerto Limón).

Posición

Respecto a su entorno inmedia-to, el continente americano, Cos-ta Rica tiene una posición beneficiosa en todos los sentidos, porque es equidistante de América del Norte y Sudamérica. El mar Caribe, llamado también el Medite-rráneo americano, la pone en con-tacto con el arco antillano y los países que se asoman al golfo de México. Por la fachada pacífica, se puede vincular con sus vecinos centroamericanos y con México y Estados Unidos hacia el norte; y, rumbo al sur, tiene acceso a los países andinos.

Dimensiones principales

Punto extremo septentrional 11°13'12" N (unión del río Sapoá y la frontera nicaragüense)

Punto extremo meridional 8° 2' 26" N (punta Burica)

continental

Punto extremo meridional insular 5°30'6" N (cabo Dampier, isla del Coco)

Punto extremo oriental 82°33'48" O (boca del río Sixaola)

Punto extremo occidental 85°57'57" O (cabo Santa Elena)

continental

Punto extremo occidental insular 87°5'13" O (islotes Dos Amigos, isla del Coco)

Altitud máxima 3.819 m (cerro Chirripó Grande)

Largo máximo 464 km (desde el río Sapoá hasta punta Burica)

Ancho máximo 259 km (desde cabo Santa Elena hasta la

boca del río Colorado)

Ancho mínimo 119 km (desde la bahía al O de Puerto Viejo

hasta boca Coronado del río Térraba)

La posición de Costa Rica con relación a los países continentales y extracontinentales se puede apreciar en el siguiente cuadro de distancias a diversos puertos.

Límites

El problema de los límites fronterizos se presenta para Costa Rica cuando llega a la vida independiente, después de 1821. Entre Costa Rica y Nicaragua, hubo dos puntos de disensión: los derechos sobre el río San Juan y sobre la actual provincia de Guanacaste.

En lo que se refiere a Panamá, en 1819, se estableció la República de la Gran Colombia. Posteriormente, en 1826, se celebró en Panamá un Congreso convocado por Simón Bolívar, con fines e ideales panamericanistas. En dicha reunión, don Pedro Molina quiso definir los límites de Costa Rica con la Gran Colombia, firmándose un tratado llamado Molina-Gual, por medio del cual se respetarían los límites fijados en la época colonial por el gobernador de Costa Rica Diego de Artieda Chirino, nombrado en 1573 por el rey de España, Felipe 11.

Después de muchos años de negociaciones y hechos armados, Costa Rica consolidó sus líneas limítrofes con los vecinos países de Nicaragua y Panamá.

Estos límites están determinados en el artículo 5° de la Constitución vigente, basados en el tratado Cañas Jerez del 15 de abril de 1858, ratificado por el laudo Cleveland, en 1888, los de Nicaragua, mientras que con respecto a Panamá se firmó el tratado Echandi Montero-Fernández Jaén, del 1° de mayo de 1941, anotándose además que la isla del Coco, situada en el océano Pacífico, forma par-te del territorio nacional costarri-cense.

Distancias hasta puertos extranjeros

Desde Puntarenas Desde Puerto Limón

San Francisco 4.857 km Miami 2.092 km

Honolulú 7.445 km Nueva York 3.846 km

Tokio 13.645 km Londres 8.643 km

Shangai 15.393 km Leningrado 10.997 km

Melbourne 14.658 km El Cabo 12.176 km

Valparaíso 4.983 km Buenos Aires 10.165 km

Frontera norte. Los conflictos con Nicaragua se suscitaron a partir de 1821 (independencia de Costa Rica) en dos zonas: la provincia de Guanacaste y el río San Juan.

La provincia de Guanacaste, que fuera una alcaldía mayor durante la colonia, fue anexionada a Cos-ta Rica por decisión de los habi-tantes de Nicoya, el 25 de julio de 1824.

El conflicto por los derechos de navegación del río San Juan tardó más años en resolverse, a raíz de la guerra conocida como Campa-ña Nacional (1856-1857), que obligó a Costa Rica a ocupar militarmente el río. Una vez derrotados los filibusteros, los dos países fir-maron el tratado Cañas-Jerez de 1858, sometido posteriormente al arbitrio del presidente Cleveland de Estados Unidos, cuyo laudo es-tablece que el río San Juan es pro-piedad de Nicaragua, pero podrá ser navegado por barcos costarri-censes, aunque sólo aquellos que sean mercantes.

El límite comienza en Punta Castilla y sigue la margen derecha del río San Juan hasta un punto situado a 3 millas inglesas de Cas-tillo Viejo; con centro en Castillo Viejo, describe un arco de 3 millas de radio y sigue por una línea paralela al río San Juan y al lago Nicaragua, a una distancia de 2 mi-llas inglesas, hasta encontrar el río Sapoá, desde donde arranca una recta astronómica hasta el centro de bahía Salinas, en el océano Pa-cífico.

Frontera sur. La determinación de la frontera con Panamá fue más

tardía y pasó por distintas alterna-tivas, que se remontan a la época en que Costa Rica, ya independiente, limitaba con la Gran Co-lombia. Ésta se apoderó de Bocas del Toro, en 1836, y de los cocales de Burica, en 1880.

Se hicieron varios intentos de acuerdo con la firma de tratados en 1856 (tratado Calvo-Herrán), en 1865 (tratado Castro--Valenzuela) y en 1896 (tratado Esquivel-Holguín), que fueron re-chazados por algunas de las partes.

Con el nacimiento de la Repú-blica de Panamá (1903), ambos países se abocaron a la solución de sus conflictos fronterizos, acep-tando el fallo Loubet para el sec-tor del Pacífico, desde punta Bu-rica hasta cerro Pando, y so-metiendo a arbitraje la sección del Atlántico. El fallo White (1914) fue aceptado por Costa Rica y rechazado por Panamá, lo que condujo al conflicto denomi-nado guerra de Coto (1921). Esta situación se prolongó durante veinte años hasta que bajo las presidencias del Dr. Rafael Angel Calderón Guardia (Costa Rica) y del Dr. Arnulfo Arias Madrid (Panamá) se resolvió el problema.

Durante el período presidencial del Lic. Teodoro Picado se procedió al amojonamiento definitivo de la frontera.

Desde la desembocadura del río Sixaola en el Caribe, el límite sigue la vaguada del río hasta su confluencia con el Yorkín, continúa por la vaguada de este río hasta el paralelo 9° 30' de latitud norte, sigue por una línea recta hasta el meridiano 82° 56' 10" de longitud oeste, va hacia el sur por este meridiano hasta la cordillera de Talamanca, donde continúa por las cumbres de este sistema hasta el cerro Pando. Sigue por la línea de altas cumbres divisoria de las aguas, que van al golfo Dulce y a la bahía Charco Azul, para terminar en punta Burica.

El relieve: una estructura viva

La presencia del relieve montañoso y su carácter fundamentalmente joven, de actividad sísmica y volcánica visible, son factores esenciales para entender la diversidad de paisajes que genera, la feracidad de sus suelos de componente volcánico y, al mismo tiempo, la inestabilidad de los ambientes geográficos amenazados por cambios súbitos como consecuencia de terremotos o erupciones volcánicas.

No es ajeno a los costarricenses ver destruidas sus plantaciones y haciendas ganaderas por la reactivación de alguno de los numerosos volcanes que jalonan las cordilleras, como ocurriera con el Irazú entre 1962 y 1965 y el Arenal en 1968. Parecería como si el dinamismo de los procesos endógenos tan pronto ofreciera como arrebatara a los habitantes de este país las condiciones propicias para vivir y trabajar en sus tierras; tal es el caso de las feraces tierras centrales, de origen volcánico.

La historia geológica

Resulta difícil imaginar que esta tierra tan hermosa y bien dotada no existiera en el pasado geológico, hace unos sesenta millones de años. En el terciario superior, los sedimentos acumulados y solidificados en el fondo del mar, que ocupaba lo que hoy es Costa Rica, Panamá y el sur de Nicaragua, se plegaron y elevaron para formar los Andes centroamericanos.

La formación de los cordones montañosos, puente actual entre

las dos Américas, fue acompañada por una intensa actividad volcánica, que se ha prolongado hasta nuestros días. Testimonio de ello son la sierra de Guanacaste y la sierra Volcánica Central, cuyos volcanes presiden la apacible vida de regiones densamente pobladas.

Paradójicamente, lo que produce muerte y destrucción también contribuye a formar, mediante lavas, tobas y cenizas, suelos muy productivos, que han dado riqueza al país, basada en el café, el cacao, la caña de azúcar, el banano y la actividad ganadera productora de leche.

Los materiales volcánicos no siempre han salido a la superficie a través de erupciones; en ocasiones, se han enfriado y solidificado dentro de la corteza terrestre, edificando macizos montañosos. Ejemplo de este proceso es la cordillera de Talamanca, que contiene los picos más elevados del país y que se formó durante el terciario, hace unos cincuenta millones de años.

Una erosión lenta y constante provocada por la lluvia, los vientos y los ríos, a lo largo de millones de años, ha desgastado los relieves volcánicos y los macizos elevados en el terciario. La acumulación de esos sedimentos arrancados a las montañas, en las planicies que se abren hacia el Pacífico y, sobre todo, hacia el Caribe, han construido capa a capa, estrato a estrato, las principales llanuras del territorio.

Los materiales procedentes del desgaste de las montañas también han ido a rellenar los valles (Central, Tempisque, El General-Coto Brus), áreas excelentes para el cultivo y el asentamiento de población.

Todos los procesos mencionados han conformado el territorio actual, siendo característica de los últimos miles de años una actividad volcánica poco intensa, junto con una notoria sedimentación de las partes bajas, originada por los numerosos ríos que nacen en las montañas.

Las montañas

Cruzando el país en sentido longitudinal, de noroeste a sureste a largo de 650 km, se elevan los cordones montañosos de Costa Rica como una espina dorsal que separa la vertiente pacífica de la atlántica.

Sierra de Guanacaste. Comenzando por el noroeste, a partir del volcán Orosí, la sierra presenta una primera sección constituida por una hilera de volcanes, algunos con actividad reciente, cuyo cono culminante es el Miravalles, de 2 028 m; se proyecta utilizar su actividad fumarólica para generar energía geotérmica.

Un manto boscoso denso cubre este sector de la sierra; reserva forestal de 40 000 ha, que protege las fuentes de agua, tan necesarias para el riego de la vertiente pacífica, afectada por largas épocas de sequía.

Siguiendo hacia el sureste y pasando el volcán Arenal, que es donde termina la primera sección de la sierra de Guanacaste, comienza la sierra Minera de Tilarán. La separación entre ambas secciones está marcada por la depresión del Arenal, zona ocupada por la laguna homónima, cuyos 30 km2 de superficie original han sido ampliados en una represa para la obtención de electricidad y agua de riego.

Este macizo está formado por bloques de rocas volcánicas terciarias, elevados a través de líneas de falla. Su nombre proviene de las vetas de oro que se hallaron en intrusiones de cuarzo, intensamente explotadas en el siglo pasado y parte del actual.

Dentro del sistema, se pueden distinguir los cerros del Aguacate, de Abangares y de San Antonio, culminando en el cerro Cedral de Miramar, a 1842 m de altura.

A diferencia de la sección anterior, esta parte de la sierra de Guanacaste se caracteriza por la existencia de recursos minerales, la ausencia de conos volcánicos y la disminución de la altura.

Sierra Volcánica Central. A partir del valle del río Balsa, la dirección general del relieve montañoso se inclina suavemente hacia el este, al tiempo que comienza otra Parte importante del dorsal orográfico costarricense: la sierra Volcánica Central, que bordea por el norte y el este al Valle Central, comprendida entre la depresión de Tapezco y el volcán Turrialba.

Es la parte más conocida del país, por servir de límite norte del Valle Central.

Aquí vuelven a aparecer los conos volcánicos, los más elevados e importantes del territorio. Está compuesta por al menos una docena de grandes conos, que se agrupan en tres macizos principales: Poás, Barba e Irazú-Turrialba.

El volcán Irazú es el más importante por su actividad reciente (1963-1964) y porque constituye la altura máxima de la sierra Central (3 432 m). A poca distancia, separado por el Corte Coliblanco, se halla el Turrialba, considerado por ello, con el Irazú, un solo macizo volcánico.

El volcán Poás, muy activo también en la década de 1950, posee, al igual que el Irazú, sus faldas cubiertas de áreas cultivadas, desarrollándose asimismo una importante actividad lechera. En ambos se han creado, por otra parte, parques nacionales para preservar la fauna y la flora, con carreteras que llegan hasta el mismo borde de los cráteres.

A través de los principales macízos se abren pasos, como el Desengaño, entre el Poás y el Barba, y el de La Palma, entre el Barba y el Irazú-Turrialba, que permiten la comunicación desde el Valle Central a las llanuras de la vertiente caribeña. Estos pasos, situados a unos 1 500 m de altura, cumplen también la función de favorecer la entrada de los vientos húmedos del Atlántico, que llevan las lluvias al Valle Central.

Volcanes de la sierra de Guanacaste

Orosí 1.487 m

Rincón de la Vieja 1.806 m activo

Miravalles 2.028 m fumarolas

Santa María 1.907 m

Tenorio 1.916 m

Arenal o Pan de Azúcar 1.638 m activo

Macizos de la Sierra

Volcánica Central

Poás 2.704 m activo

Barba 2.906 m fumarolas

Irazú 3.432 m

Turrialba 3.328 m

Cordillera de Talamanca. A lo lar-go de 180 km, la cordillera de Ta-lamanca se extiende desde el nudo de San Cristóbal hasta finalizar en el cerro Pando, que sirve de lími-te entre Costa Rica y Panamá.

Formada por rocas sedimenta-rias y volcánicas del terciario, es la estructura montañosa más an-tigua y elevada del país; no presen-ta además actividad volcánica ac-tual.

Las laderas que miran hacia el Pacífico son más abruptas que las que se hallan orientadas al Cari-be. Los bosques que las cubrían originalmente han desaparecido en su mayor parte, salvo en el ex-tremo sur, debido a la tala irracio-nal, lo que ha provocado también un grave desequilibrio ecológico en la fauna.

De los puntos prominentes del sistema se desprenden cordones secundarios y estribaciones, que limitan valles intermontanos de gran importancia económica para el país.

Del nudo de San Cristóbal hacia el oeste parten una serie de cerros -Tablazo, Candelaria, Escazú, Puriscal y Turrubares-, que forman el límite sur del Valle Central y están situados entre los ríos Grande de Tárcoles y Candelaria.

La cordillera de Talamanca y la sierra Volcánica Central están vinculadas por una formación montañosa, que parte del nudo de San Cristóbal hacia el norte, a través de los cerros Ochomogo, Atalaya y la Carpintera, y divide el Valle Central en dos sectores (valle de Guarco u Oriental y valle Occidental), comunicados por el collado de Ochomogo.

Del nudo del Empalme parten los cerros de Bustamante, que se levantan entre el valle del río Grande de Candelaria y el del río Pirrís o Parrita.

Del cerro de las Vueltas, a más de 3 000 m de altura, parte una línea de cerros, como el Dota y el Bayoneta, que conecta con la fila Costeña o Brunkeña, entre los ríos Naranjo y Savegre.

En el cerro Chirripó Grande, el sistema montañoso de Talamanca alcanza su máxima altura (3 820 m) y el techo del territorio costarricense. Desde este cerro parte, hacia la vertiente caribeña, un grupo de cerros llamados montes o fila de Matama.

Tras alcanzar su máxima altura, la cordillera de Talamanca va descendiendo hacia el sureste, jalonada por cerros que sobrepasan, en su mayoría, los 3.000 m; algunos de ellos marcan la frontera con Panamá.

Fila Costeña o Brunkeña. Paralela a la costa del Pacífico y siguiendo la orientación general del relieve, se dispone una línea de cerros de formación calcárea bastante antigua, que superan los 1 400 m en Agua Buena, Cañas Gordas, Las Cruces y Anguciana. Se interrumpe para dejar paso al río Grande de Térraba y continúa paralela a la costa pacífica, hasta que desaparece cerca de Herradura.

Las penínsulas de la costa pacífica presentan promontorios que son parte de este encadenamiento: Santa Elena, con el cerro del mismo nombre; Nicoya, con los

cerros San Blas y Nozara-Huaca; Osa, con los cerros Salsipuedes, y, finalmente, punta Burica, con el cerro del mismo nombre.

Es muy probable que las islas costeras sean parte de este sistema montañoso.

Principales cerros de la cordillera de Talamanca

Buena Vista o de la Muerte 3.491 m

Urán 3.333 m

Chirripó Grande 3.820 m

Cabécar 3.030 m

Dúrika 3.280 m

Utyum o Cruz del Obispo 3.078 m

Kámuk o Blanco 3.563 m

Echandi 3.168 m

Pando 3.162 m


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