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 La represa de Cachí.
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Ríos
Aprovechamiento de los cauces
En un país con una red hidrográfica tan desarrollada, no es extraño que haya una intensa utilización de los ríos: para la obtención de energía hidroeléctrica, como medios de comunicación y transporte o en la derivación de las aguas para el riego. Sin embargo, son muchas las posibilidades de aplicación que en Costa Rica aún no se han materializado: obras de riego, canalizaciones, regulación de caudales, presas, etc. Todo esto supone inversiones de capital, que la economía del país todavía no ha podido afrontar.
De todos modos, la evolución en la explotación de los ríos y los proyectos de las empresas estatales en este terreno indican una firme voluntad de ampliar las obras hidráulicas.
Uso hidroeléctrico. Mientras en 1950 la potencia instalada era de 49 093 kW, de los cuales el 92 %o procedía de centrales hidroeléctricas, en 1981, era de 632 000 kW y un 70 % correspondía a plantas hidroeléctricas. En 1982, el 97 % de la energía producida provenía del sector hidráulico.
Desde que se construyó la primera central de Anonos (600 kW), en 1889, Costa Rica ha hecho un gran esfuerzo por ampliar la explotación de los ríos. Fue en la década de 1960 en la que las obras experimentaron un gran impulso, gracias a la acción del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE): Río Macho (30 000 kW), Cachí (64 000 kW), Tapantí (90 000 kW), La Garita (30 000 kW).
Recientemente ha entrado en funcionamiento la central del Arenal (153 000 kW), que forma parte del gran complejo Arenal-Corobicí, aprovechamiento del embalse natural de la laguna del Arenal. Cuando se hayan terminado las plantas, se elevará considerablemente la potencia instalada del país y se llegarán a regar unas 100 000 ha de Guanacaste.
Por otra parte, el ICE tiene proyectado instalar las centrales de Boruca, Palomo, Guayabo, Pirrís, Cedral, El Brujo y Pacuare, cuya materialización supondrá el desarrollo de las áreas a las que sirvan, en todos los aspectos: modernización del sector agrario, elevación del nivel de vida, incremento del sector industrial e integración de zonas que han permanecido aisladas.
Navegación fluvial. En Costa Rica, los ríos han sido siempre un medio de comunicación fundamental y, en algunas regiones, el único hasta el tendido de ferrocarriles y la construcción de carreteras.
Los ríos de la subvertiente norte tienen la ventaja de ser navegables por toda la llanura hasta el pie de monte, y tanto en el pasado como actualmente son las vías de salida hacia el Caribe, a través del San Juan, de productos y viajeros regionales.
El río Frío es navegable entre San Rafael y Los Chiles; el San Carlos se puede remontar hasta Muelle (54 km), donde conecta con la carretera a Ciudad Quesada; el Sarapiquí puede utilizarse desde Puerto Viejo hasta su desembocadura (46 km), y el San Juan es navegable en los 100 km fronterizos.
Aprovechando las lagunas y los brazos fluviales que intercomunican las cuencas del Caribe, el canal artificial del Tortuguero une el embarcadero de Moín con el río Colorado. Construida en 1969, esta vía navegable ha contribuido a vitalizar el sector septentrional de la costa caribeña.
En la vertiente pacifica, los ríos también son intensamente utilizados cuando la topografía así lo permite; el sistema Tempisque Bebedero es transitable en unos 54 km; en el Grande de Térraba, hay pontones transbordadores en Paso Real y Puerto Cortés para mercancías y pasajeros; en los ríos Coto y Sierpe, existen lanchas que transportan arroz, maíz, frijoles y bananos; finalmente, en el Sixaola, también circulan todo tipo de embarcaciones particulares, que transportan la producción de las fincas y plantaciones ribereñas.
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