A . Existencia de una estructura paralela.
Varios de los comparecientes a la Comisión
Especial Investigadora han denunciado la existencia de una "estructura
paralela" en el BAC. Señalan al señor Gerente General,
Carlos Hernán Robles, como el artífice de la misma, lo que
le rodeó de un grupo de personas que contaban con su apoyo y él
con su confianza y lealtad. Eso le permitió actuar con mayor libertad
en el desempeño de sus funciones y sin intromisiones de funcionarios
del Banco que controlaran o pusieran en tela de juicio sus decisiones.
Así, al margen de la estructura
organizativa del Banco, se crea otra, "paralela", que desplaza
a la primera 260.
Al principio, Junta Directiva, Gerente
y sub gerentes almorzaban juntos, comentaban cosas. Luego comenzaron a
relegar a los sub gerentes, a excluirlos de las sesiones. Los funcionarios
críticos no eran muy bien vistos 261.
Parte importante de esa estructura
paralela la constituyó la inserción en el Banco de un grupo
de ecuatorianos. Particularmente, uno de ellos, el señor Alex Mejía,
mantuvo una estrecha relación con el Gerente, señor Robles
Macaya, al punto de verse favorecido con un sobregiro de 80 mil dólares
262.
Estos "asesores", sin tener
asignadas, expresamente, potestades administrativas, se las atribuían.
Hicieron uso de fondos. Simplemente
el señor Carlos Hernán los autorizaba y gastaban a su gusto.
Inclusive, viajaron fuera del país por cuenta del Banco.
Todo ello contaba con la firma autorizante
del señor Gerente 263.
El señor Carlos Hernán
Robles se rodeó de un grupo de asistentes (Alex Mejía, Marcos
Reyes y Alejandro Bejarano) 264; el primero, Director de Mercadeo, fungía
como asistente personal del Gerente.
El señor Marcos Reyes, era un
funcionario de carrera en el BAC, con 30 años en la lnstitución.
No se trataba tan solo de divergencias
entre un funcionario y el señor Gerente, sino que se fue creando
una "ESTRUCTURA PARALELA" a la que se le recargaron muchas funciones.
Poco a poco el Gerente fue concentrando la sección de recursos humanos,
informática y planeamiento administrativo 265.
Esa estructura paralela se integró
no con funcionarios de carrera, sino con personas que entraron directamente
a ocupar puestos en los altos niveles 266.
Hay quienes aseguran 267 que existía
en el Banco y que gozaba de atribuciones que funcionarios propios del Banco,
nunca habían tenido 268.
B. Sustitución de funcionarios
por empleados de confianza de la Gerencia.
Consecuencia lógica de la existencia
de esa estructura paralela es el desplazamiento paulatino de funcionarios
del BAC con permanencia de muchos años, por empleados que gozaban
de la confianza del señor Gerente 269.
Se les fue excluyendo de tal manera,
que sus atribuciones fueron disminuyendo para asignárselas a otras
personas. Decisiones que debían ejecutar los sub gerentes, las ejecutaba
el Gerente 270.
Personas como el señor José
Emilio González Chacón, con 30 años de experiencia,
don Víctor Arroyo, con 42 y don Fausto Pacheco, con 30, ven reducida
su opinión a nada, porque de ello convenció el señor
Mejía a la Junta Directiva 271.
Se ha afirmado en las comparecencias a la Comisión, que el señor Gerente ideó un procedimiento para contar con personas autorizadas por él para adquirir compromisos a nombre del BAC, haciendo gastos para los cuales les faltaba facultad expresa, aunque el Gerente avalara esas erogaciones.
Cuando el 8 de junio de 1992, al conocerse la oferta de ATF para inversión en bonos de deuda externa, el Sub Gerente de Operaciones se opone enérgicamente por el riesgo que entiende entraña el invertir a largo plazo dinero de los ahorrantes en contra de lo permitido a un banco, tardó sólo una semana en ese puesto. En la sesión siguiente, la del 15 de junio, la Junta Directiva le dice que él ha tenido mucho éxito en el manejo de las instituciones y que se dedicara, exclusivamente, a su atención. Se le separaba así de las áreas operativas del crédito 272.
Todo ello se debió al cambio
de política en el manejo de las inversiones 273.
VI. ATRASO EN LAS ACTAS DE SESIONES
DE LA JUNTA DIRECTIVA DEL BANCO ANGLO COSTARRICENSE:
El problema del atraso en la confección
de las actas de sesiones de la Junta Directiva del Banco Anglo trasciende
al mero aspecto formal. Se ha detectado adición de párrafos
una vez concluida una sesión, reformas a lo dicho durante la sesión,
falta de firmas, entre otras irregularidades.
El Inspector de Auditoría, Sr. Geovanni Rojas S., en AF-51/93 del 11 de mayo, le informa al señor Hernán Navarro F., Sub Jefe de Auditoría, que las actas de las sesiones de la Junta Directiva General que les remite la Secretaría General para la revisión correspondiente, se encuentran muy atrasadas , ya que a la fecha de la nota, la última que se había enviado era la No. 20 de marzo del 92.
Igualmente, con fecha 25-11-92 se devolvieron a la Secretaría para su corrección, las actas Nos. 12-13-15/92 y la citada No. 20, sin que hayan sido devueltas. 274
El 12 de mayo de 1993, sea al día siguiente, el Sr. Navarro F. envía nota (la AA-53/93) al Sr. Auditor, remitiéndole la del señor Rojas S., en la que le pide que ante la inactividad de los empleados correspondientes para resolver el problema, se tome una decisión firme al respecto para que la Administración del Banco actúe de inmediato y se normalice la situación. 275
A su vez, el señor Auditor, Sr. Jorge T. Quirós Rodríguez, en AU-075/93, del 17 de mayo 276, le remite las notas anteriormente citadas al Sr. Celín Zúñiga Díaz solicitándole tomar las medidas pertinentes para poner al día el tiraje de las actas oficiales.
Ante las indicaciones dadas, se efectúa
una revisión de las Actas correspondientes al año 92, que
dio como resultado la presencia de las siguientes anomalías:
1) Errores de transcripción:
En todas las actas aparecen errores
en la transcripción, a lo que se suma el inconveniente de que en
la corrección posterior que hace la Secretaría General se
observan borrones, lo que hace dudar si se trata de meras correcciones
o alteraciones del texto.
2) Falta de párrafos o artículos:
Según se dice en el informe,
por "error", hay artículos o párrafos completos
que no son transcritos, lo que dificulta su posterior inclusión,
pues no queda espacio suficiente en el folio para hacer el agregado. 277
Al final de su Informe, el Sr. Rojas
Salazar recomienda que, en caso de que se tenga que borrar algunas palabras,
se proceda con sumo cuidado y que al final de cada acta se deje, por lo
menos, un folio en blanco para así poder incluir frases, párrafos
o artículos omitidos.
Visto el informe, don Jorge Tomás
Quirós se lo hace llegar a don Celín Zúñiga
278. No duda que la causa del problema sea que no se confecciona un borrador
para revisión antes de hacer el tiraje en limpio, tal y como lo
había sugerido con anterioridad; esa es la única forma de
hacer la corrección de errores de manera que las actas oficiales
queden debidamente presentadas.
El señor Jorge Tomás
se refirió a este problema de las actas en su comparecencia ante
la Comisión Legislativa.
Explicó que el atraso de las
actas no era propiamente responsabilidad suya. La función de la
Auditoría Interna consistía en revisar las actas oficiales,
primero leyéndolas (esto lo hacían los delegados del Auditor),
mientras otra persona oía la transcripción. No conoció
del atraso, sino hasta que fue informado de ello por un subalterno suyo.
El procedimiento a seguir a partir de ahí fue encargar verbalmente
los arreglos necesarios. Como el atraso continuaba, se comunicó
con el Secretario General de la Junta Directiva. 279
Se empezó a poner las actas
al día, cuando surgió otro problema: la firma de éstas.
No sólo las actas no eran firmadas, sino que al recoger las firmas
de los directivos y del Gerente General, hubo negativa de su parte para
proceder a la firma. 280 A ello hay que agregar que la Secretaría
General afrontaba un grave problema con el sistema de cómputo281.
Originalmente las actas de sesiones
de Junta Directiva eran meros resúmenes sin una concreción
de los acuerdos, o al menos, ello se daba muy pocas veces. El Secretario
era quien debía sacar conclusiones y, si era del caso, preguntar
al Presidente, para que concretara los acuerdos finales adoptados. 282
La situación fue variando. En ocasiones la Junta Directiva pedía
que se hiciera una transcripción, a modo de las actas parlamentarias,
pero no literal, sino que se redactaba lo que quedaba grabado, sin omitir
nada, pero dándole "forma", lo que constituía,
en palabras de don Celín, "un trabajo espantosamente laborioso".
Posteriormente se volvió al sistema anterior de mero resumen del
tema, concluyendo con el acuerdo. Es decir, no se copiaba todo; de lo que
se oía, se sacaba lo esencial (a criterio del oyente, parece ser).
Los miembros de la Junta Directiva y la propia Gerencia podían hacer
modificaciones, pedir que se incluyera alguna intervención que para
ellos era importante y no se había incluido, etc. Esto último
sucedía con frecuencia. Lo fundamental era la claridad del acuerdo
final para evitar distorsionar la decisión adoptada.
En conclusión, transcripciones
literales no hay propiamente, porque se hacía corrección
de estilo del texto y un resumen.
El mayor problema, según don
Celín, se centraba en el atraso del "traslado" de las
actas al libro legalizado. Las actas salían a tiempo, el inconveniente
era lo otro. Las actas estaban al día, para ser entregadas a los
Directores, los que, no obstante, alegaban que no les llegaban a tiempo;
cosa que don Celín negó enfáticamente. La traba era
que aunque se confeccionaba el acta, había problemas técnicos
para plasmarla en el libro legalizado. Primero se usó un libro empastado,
luego la Contraloría autorizó el uso de hojas sueltas selladas
y legalizadas que finalmente se empastaban; pero el texto estaba impreso
en hojas más pequeñas que las del libro, todo lo cual producía
solo problemas. 283 El sistema de computación nunca funcionó
como debía. Hasta el índice estaba atrasado y, según
manifestó el propio don Celín, la Jefatura no le informaba
de esos problemas. El firmaba las actas, pero una vez que la Auditoría
había revisado el libro. Las actas no se firmaban de una en una,
sino por grupos, dada la dificultad de estar buscando a los Directivos
en sus despachos particulares, pues son personas que no están todo
el día en el Banco.
Ante tantas irregularidades en el sistema
de materialización de las actas, don Celín se dedicó
a enviar cartas, que nunca tuvieron respuesta, o al menos no satisfactoria.
284
Toda la documentación relacionada
con el contenido de las actas, queda depositada en la oficina correspondiente,
a la que, sin embargo, tienen acceso los funcionarios de esa oficina.
Incluso, una vez terminada una sesión,
algún directivo o miembro de la Gerencia, le decía: "mire,
yo quiero que eso que dije quede" 285 y, entonces, se incluía
en el acta, siempre que lo pedido hubiera sido expresado en la sesión.
Es importante señalar que hubo ocasiones en las que alguna persona
quería que se incluyera en el acta algo que no se había dicho
durante la sesión y allí es donde operaba el enfrentamiento
286 entre él y esa persona.
Había acuerdos adoptados por
la Junta Directiva cuya revisión final para efectos del acta, no
la hacía él. Es el caso del "famoso acuerdo de los seis
millones de dólares"287, que aparece en el acta que se aduce
falsa por uno de los imputados del caso del Banco Anglo. Se trata del acta
No. 43. Esta acta sí se confeccionó de forma irregular. El
31 de mayo de 1994 -relata don Celín- retiraron a la administración
de la sesión, pues la misma iba a ser secreta. 288 Si bien la Junta
Directiva tiene potestad para sesionar en secreto, pues conforme al artículo
31, in fine, de la Ley Orgánica del Sistema Bancario Nacional: "...no
obstante lo antes dicho, a juicio del Presidente, la Junta podrá
sesionar estando presentes únicamente sus miembros", la forma
que adoptaba el Banco Anglo para hacerlo era, a juicio de don Celín,
ilegal, puesto que la ley es clara al señalar quiénes deben
conformar la sesión privada, sea los miembros de la Junta Directiva,
mientras que en el caso del Banco Anglo, en las sesiones privadas participaba,
además, el Gerente General. Ello se convirtió en la regla.
La Junta Directiva sesionaba ordinariamente
con la sola presencia de los señores Directores y del señor
Gerente y no se grababa nada, ni se adoptaban acuerdos.
En lo relativo a los seis millones
de dólares 289, ese acuerdo se redactó después de
celebrada una sesión y por uno de los redactores titulares, el señor
Ever Ortega, siguiendo indicaciones de la señora Marta Castro, Jefa
de la Oficina (de la Secretaría General), la que le dijo que había
surgido un nuevo acuerdo, explicándole su contenido y él
finalmente lo redactó. Como el acuerdo se adoptó el 31 de
mayo, -según cree don Celín- pero la intención era
que apareciera con fecha 23 de mayo, doña Marta tuvo que correr
la numeración para ubicarlo. Todo ello se hizo según lo dispuso
el señor Gerente General, Lic. Carlos Hernán Robles Macaya
290, quien indicó a la señora Castro que ese acuerdo lo había
tomado la Junta Directiva. Eso es totalmente irregular.
Lo normal hubiera sido llamar a quienes
habían estado fuera e informar (por parte del Presidente de la Junta)
sobre el acuerdo que se ha adoptado. Como señaló don Celín
en su comparecencia ante la Comisión Legislativa: "... este
es un acuerdo muy importante, de una cuantía muy grande y que amerita
mayor explicación. Por lo menos yo no he aceptado este texto. Yo
hubiera pedido más explicación y además el acuerdo
me lo tenía que dictar la Junta Directiva como cuerpo y no un funcionario
administrativo." 291
Estas manifestaciones de don Celín
contrastan con las que hiciera la señora Marta Castro en su comparecencia
ante la Comisión Legislativa, quien, además de no recordar
muy bien los hechos, incurrió en contradicciones tan severas como
la de situar la fecha en que se adoptó el tan nombrado acuerdo de
los seis millones de dólares.
El Sr. Ever Ortega confirmó
lo dicho por don Celín, de que fue la señora Marta Castro
quien le indicó que había que confeccionar un acta nueva
que llevaría el # 43, " en esa semana, ya se había celebrado
un acta con fecha lunes 30, la cual supuestamente llevaba como número
43, y la 45 se estaba celebrando ese martes 31..."292
Redactar un acta nueva, dijo, significa
desordenar la numeración existente y así lo hizo ver a la
señora Castro.293. Esta no solo le dio la orden para redactar el
acuerdo de la nueva inversión el 31 de mayo de 1994,294 sino además
todas las instrucciones necesarias para ello295, como los nombres de los
directores "presentes" en esa sesión.
La señora Marta Castro hizo
mención del acta 43 como resultante de una "sesión privada"
, o al menos eso cree, por cuanto no estuvo presente.
Sin recordar el número de Sesión,
pero sí el día, 23 de mayo, dice que después del medio
día, el Sr. Carlos Hernán Robles, salió del salón
de sesiones donde se encontraba con otros Directores, sin poder precisar
quiénes y manifestó "hay que hacer un acuerdo para una
inversión en AVC y dijo el monto que no recuerdo que eran seis o
cinco punto cinco millones de dólares..."
Le comentó la idea a don Celín
y éste le indicó que hablara con alguno de los redactores
de actas para la redacción del acuerdo. No recuerda que fuera al
Sr. Ever Ortega a quien le encargara la redacción y en el curso
de su deposición también dudó de que don Celín
estuviera presente cuando don Carlos H. dispuso que se redactara el acuerdo.
Al parecer don Celín no estaba
ahí pues ella fue la que se encargó de hacer cumplir lo ordenado
por el Sr. Gerente.
Tampoco tiene claro que ella diera
las instrucciones para la redacción del acuerdo. Trasladó
a don Celín la responsabilidad de los cambios de numeración
y la revisión de las Actas.
Señalamos una a una las contradicciones:
a) El Sr. Ever Ortega dice que doña
Marta Castro le indica que debe redactar el nuevo acuerdo. Doña
Marta no recuerda si se lo encargó a él.
b) Don Ever señala que doña
Marta, además, le gira las instrucciones que él anota para
confeccionar el acuerdo. Ella no lo recuerda, primero; luego acepta que
"tal vez" le dio la idea, pero nada más.
c) Don Celín y don Ever concuerdan
en que la fecha de aprobación de la inversión es 31 de mayo.
Doña Marta, eso sí lo recuerda bien, dice que fue el 23 de
mayo.
d) Doña Marta dice que informa
a don Celín y éste la remite a uno de los redactores y la
tranquiliza respecto al problema con la numeración de actas. Pero
don Ever dijo ser él, quien mostró esa inquietud y ella quien
le restó importancia y don Celín, según sus manifestaciones,
no aceptó lo que calificó de irregular, por lo que difícilmente,
de ser así, puede darse veracidad a lo que doña Marta indicó
sobre su conformidad.
e) Doña Marta dijo que "
a quien le hubiera dado la idea fue inmediatamente " o sea después
del almuerzo, entre 2 y 3 de la tarde. Don Ever dijo que se le informó
alrededor de las 5:30pm. Lo que sí asegura es que fue don Carlos
H. quien dio la orden; no sabe si esa inversión se aprobó
o no por Junta Directiva, si bien el Sr. Gerente dijo que lo había
sido.
Se dice que la sesión no existió,
que la sesión existió pero que ese acuerdo no se tomó
y que la sesión existió y el acuerdo se tomó.
En el actual estado de la investigación,
se puede tener por cierto que la famosa acta 43 se confeccionó de
modo irregular, insertando en ella un acuerdo que al parecer sí
se tomó, pues así lo declaró el Sr, Trejos Cadaval,
si bien con un fin distinto al que dice le dio el Sr. Robles.296
Preguntado sobre el tema,297 el Sr.
Carlos Trejos Cadaval, expresidente de la Junta Directiva del BAC, corrobora
el dicho de que el acta Nº 43 es falsa, por cuanto la sesión
a que hace referencia, nunca se celebró.
No obstante don Celín Zúñiga,
afirma que el Acta no es falsa, sino que se confeccionó de forma
irregular.
Lo cierto es que el acuerdo sobre la
inversión de dólares se redacta y agregó "después";
la falsedad existe y reside en insertar en el acta documento una información
que no es veraz, puesto que aparece como conocido y aprobado por la Junta
Directiva algo que ésta no conoció ni aprobó.
El Sr. Carlos H. Robles, en su comparecencia
ante la Comisión298 aseguró que la negociación la
realizó personalmente el expresidente de la Junta Directiva del
banco, el Sr. Trejos Cadaval con el Sr. José L. López.
Sin embargo, el Sr. Trejos Cadaval
presentó en su comparecencia, una filmina donde se ven las firmas
de Carlos H. Robles y José L. López en un documento que refleja
la transacción de cinco millones y medio de dólares299
Es cierto que la Junta Directiva aprobó
esa inversión, pero según dice el Sr. Trejos Cadaval, para
salvar el portafolio de inversiones, porque así mostraron la situación
los señores Robles y López, como una emergencia. No obstante,
todo fue un engaño, ya que hay pruebas de que para los días
14 y 29 de marzo y 4 y 16 de abril, todos de 1994, ya se habían
liquidado todas las inversiones que tenían AVC y el BAC.
Por tanto, a la fecha de la aprobación,
ya no había nada que salvar.
El libro de actas legalizado estaba
listo para la firma cuando don Celín se retiró del Banco
Anglo, (se acogió a la pensión a partir del 3 de agosto de
1994 y hasta el 13 de diciembre trabajó ad honoren), pero no logró
que fuera firmado. Tuvo que levantarse un acta notarial cuando se apersonó
en el despacho del señor Presidente de la Junta Directiva, quien
no quiso firmar. El señor Robles Macaya y el señor Amrheim
le indicaron que firmaban una vez que lo hiciera el señor Presidente;
finalmente se dio un "círculo vicioso" y nadie firmó.
El señor Rodrigo Bolaños,
Ejecutor de la Intervención solicitó a don Celín que
se presentara en la Auditoría General de Entidades Financieras.
Fue atendido por el Lic. Guzmán y preguntado por el Acta No. 43
de repetida cita, reiteró que había sido irregular. 300
Esta es la cronología que construye
la autoridad jurisdiccional:
El 23 de mayo de 1994, la Junta Directiva
del BAC realizó una sesión extraordinaria (la No. 42-5-94)
a partir de las 14 horas en la que conoció y tramitó asuntos
de carácter administrativo, concluyendo a las 16 horas 301. Cinco
minutos después se inicia la sesión extraordinaria No. 43-5-94
en la que se autoriza a la administración a realizar una nueva inversión
por 6 millones de dólares. Diez minutos después la sesión
ya había concluido.
Esto último según el
relato que hace la autoridad jurisdiccional y el Ministerio Público
a setiembre de 1995. Ya hemos visto que, no obstante, no hay certeza de
cuándo se adoptó el acuerdo, pero al parecer debía
aparecer como decidido el 23 de mayo, antes de conocer la prohibición
de la AGEF y no el 31 de mayo.
A esto hay que agregar que el acta
No. 43 de la sesión correspondiente, efectivamente realizada, aparece
con fecha 30 de mayo, 302 y que es el señor Carlos Hernán
Robles Macaya quien aparece como responsable de la ideación y creación
de la tan nombrada acta No. 43.
En la sesión ordinaria de Junta
Directiva del BAC No. 41-5-94, se conoció la comunicación
de la AGEF No. 661 del 19 de mayo de 1994 en la que se establece que AVC
Almacén de Valores Comerciales S.A., aparte de realizar actividades
permitidas por la ley, efectuó otras como la emisión de certificados
de inversión y el otorgamiento de préstamos, en oposición
a lo dispuesto en el artículo 73 de la Ley Orgánica del Sistema
Bancario Nacional, por lo que se ordenó al BAC suspender toda operación
ilegítima de AVC.
Esta sesión se celebró
a partir de las 16:15 horas del 23 de mayo de 1994 hasta las 16:45 horas.
Si bien numéricamente es lógico
pensar que el orden de las sesiones ha de ser 41, 42 y 43, las horas de
celebración dejan ver como si la sesión 41 fuera la primera
en llevarse a cabo, luego la 43 y por último, la número 42.
Según se lee del auto de procesamiento
de setiembre de 1995 los imputados, miembros de la Junta del BAC, deliberadamente
"pusieron" hora a cada sesión según su conveniencia,
pues al aprobar en la número 43 la inversión de los 6 millones,
ésta debía haberse celebrado antes de la número 41,
que es en la que se conoce el informe de AGEF citado más arriba,
como si con ello pudiera obviarse lo dispuesto por la AGEF.
Las declaraciones de los señores
Fernando Castro Madrigal y Mauricio Guardia Jiménez, así
como lo manifestado por el señor Trejos Cadaval ante la Comisión
Legislativa, apoyan la hipótesis de que el día 23 de mayo
no hubo tal sesión No. 43; que el 23 de mayo se aprobó en
AVC un aporte de 5.5 millones de dólares para "salvar"
las inversiones existentes, pero que nunca la Junta Directiva aprobó
una "nueva" inversión por 6 millones de dólares.
Es decir, que nunca se aprobó
destinar sumas a AVC para comprar más bonos sino invertir una suma
para proteger lo que ya se había comprado (operación de salvamento)
y que según se supo luego, ya estaba perdido. Esto se aprobó
así en la sesión No. 102 de la Junta Directiva de AVC (Panamá)
el 23 de mayo de 1994, artículo 2: "La Junta Directiva con
el único fin de salvaguardar la inversiones del portafolio y basado
en la recomendación del señor José Luis López,
ACORDÓ hacer una inversión adicional de cinco millones y
medio de dólares y apalancar los fondos necesarios para conservar
los bonos existentes e iniciar un ciclo que permita en el tiempo la reestructuración
del portafolio".
Recordemos que según la documentación
de ATF, analizada, los últimos bonos se vendieron el 29 de abril
de 1994.
La supuesta acta 43, confeccionada
irregularmente, sirvió para autorizar la salida del Banco de recursos
y probablemente intentar justificar, contablemente, la operación
que se realizó con ATF no para sostener el portafolio de inversiones
sino para seguir comprando bonos que finalmente acumularon pérdidas
al BAC. 303 y con el agravante de que la opción de compra se hizo
a nombre de ATF y no del BAC; la compra de bonos no ha sido probada por
lo que existe la posibilidad de que el dinero tomara otro rumbo.
Finalmente la suma girada por el BAC
fue de 4.5 millones de dólares, sin que pueda precisarse su destino.
Ver informe, SUGEF del año 94 ahí están los destinos
del dinero.
VI. II GASTOS SUPERFLUOS
Remodelación del primer y segundo
piso (primera etapa) de las oficinas centrales
En la Sesión de Junta Directiva
del BAC No. 19, del 8 de marzo de 1993, se conoció la carta No.
2286 de febrero del 93 304, suscrita por el Supervisor y el encargado del
Departamento de Organismos Descentralizados de la Contraloría General
de la República, a la que se adjunta el informe rendido por la Dirección
General de Auditoría de ese Departamento, No. 12/93, titulado "Informe
sobre la evaluación de la estructura de control interno de algunas
actividades que realiza el Banco Anglo Costarricense".
En la página 62 del informe
se dice que en cuanto a los aspectos relacionados con las obras de remodelación
del primer piso y la primera etapa del sexto piso de las oficinas centrales
de ese Banco, se concluye que: en muchas de las contrataciones efectuadas
para la realización de las remodelaciones citadas NO se cumplió
con el número mínimo de invitaciones a cotizar, con el consiguiente
perjuicio para la Institución; no se tomaron las previsiones necesarias
para dotar a esas contrataciones de un marco contractual adecuado que salvaguardara
los intereses del BAC; se realizaron pagos sin contarse con los justificantes
adecuados; la omisión de confección de órdenes de
compra generó otras como la no separación previa de fondos
presupuestarios, se hicieron algunas a nombre de personas que no eran precisamente
los adjudicatarios de las obras (aun cuando tuvieran relación con
estos); además los procedimientos contables no fueron lo más
adecuados posible; se giraron adelantos sin tener garantías suficientes
que les sirvieran de respaldo al Banco para cualquier eventualidad.
La Junta Directiva "vio con buenos
ojos" el informe rendido por la Contraloría y dispuso tomar
en consideración las observaciones que en él se hacen.
Pero es que ya desde el año
92 el Inspector de Auditoría, Sr. Marvin Camacho Rodríguez,
siguiendo instrucciones emitidas en asignación de Auditoría
No. AA-AE-08/92, hizo un estudio sobre la correcta contabilización
de operaciones del BAC("cuentas por liquidar" - oficina central),
y le indicaba al señor Jorge Tomás Quirós, Auditor
a.i., que la utilización del procedimiento de "pago directo"
para liquidar los trabajos de remodelación del sexto piso, contraviene
las normas números 501.05 y 502.02 del Manual de Normas Técnicas
sobre Presupuesto, así como el Reglamento de Proveeduría.
Si bien la remodelación fue
concluida a finales de abril del 92, no fue sino hasta el 26 de junio de
ese año que se hizo la liquidación correspondiente. Se compraron
alfombras 305. Cabe destacar que dentro de los ¢14.209 miles contabilizados
en mejoras, van incluidos ¢209.218.80 que corresponden a la compra
de 12 jardineras tipo maceteras construidas en material plástico
y un rollo de plástico que se utilizó para proteger la alfombra
mientras se continuaba con la remodelación. Esta situación
se origina al no existir políticas establecidas respecto a los desembolsos
por adquisiciones que pueden capitalizarse.
En fin, se aprecia una falta de interés
de la Administración de controlar y darle seguimiento a las partidas
registradas en las sub cuentas 306.
Gastos en comida
El BAC presentaba deficiencias inclusive
a nivel de control interno, sobre todo el uso, trámite y control
de los vales de comida. Sólo al mes de agosto de 1993, se había
gastado, por este concepto, ¢24.566.700; o sea, un promedio de ¢3.063.337.00
mensual, monto que es relevante por el rubro en sí 307.
Gastos de representación
El 9 de diciembre de 1993 (DP-245/93),
el señor Minor Quesada Granados, Jefe de la Revisión de Presupuesto
del BAC, informaba al señor Oscar Calderón Fallas, Director
General de la Dirección General de Presupuestos Públicos
de la Contraloría General de la República, sobre la normalidad
en el incremento en la subpartida "Gastos de representación",
dado el nuevo concepto de administración bancaria que se estaba
aplicando con el lema "Pensamos como usted" 308.
Se argumentó que se contaba con una banca empresarial en la cual "se busca al cliente y no el cliente nos busca a nosotros". De ahí que para atraer nueva clientela, en especial de tipo corporativo, es preciso incurrir en ese tipo de gastos e