Ing. Arnoldo Madrigal, profesor de la Maestría de Administración de la Tecnología, Universidad Nacional, (arnoldo@e-brainware.com),

Si usted es un profesional independiente o un pequeño o mediano empresario, que supone que la Internet no es ventajosa para su campo de acción, puede estar perdiendo la oportunidad de aprender a competir exitosamente en la economía digital. Además, si no las utiliza, estas nuevas prácticas de negocios muy pronto podrían enfrentarlo al aislamiento de potenciales clientes.

La internet no es la solución a las ventas bajas o a la salida de un producto de mala calidad. La red está "habitada" por consumidores informados, exigentes y desconfiados, a quienes les gusta explorar y experimentar, retar la situación, arriesgar un poco y gastar razonablemente. Buscan opciones (como si regatearan) y condiciones de ventaja en las transacciones que realizan.

En el caso de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYME) pueden lograr fácilmente el acceso a internet con un poco de creatividad, deseo de aventura y adecuado asesoramiento.

En este artículo vamos a asumir el reto de asesorar a una pequeña empresa: una fábrica de artesanía en arcilla, ubicada en Salitral de Santa Ana. Esta desea que cuando los cibernautas

(posibles clientes) busquen productos relacionados con cerámica, arcilla, decoración, diseño de jardines, arreglos florales o artesanías costarricenses, reciban información de sus productos, sus precios y la logística de las entregas.

Tener un plan

Antes que nada, la primera pregunta que se debe hacer la fábrica es si los productos son "interneteables". Esto significa que se puedan describir fácilmente y acompañar con fotografías, explicar la calidad de los materiales y sugerir ideas de cómo usarlos, apoyados con testimonios de clientes satisfechos u opiniones especializadas.

Un siguiente paso es analizar el procedimiento para los pedidos, ya sean locales o internacionales. También, si el producto será enviado al destino del cliente o si él lo recogerá en alguna parte. La logística involucra el material de empaque, las formas de transporte, los seguros, los pagos con tarjetas de crédito, los tiempos de entrega y los trámites de exportación. Por ejemplo, se deben establecer convenios con compañías de transporte de paquetes como UPS, Fedex, DHL o Correos de Costa Rica.

El servicio al cliente toma en cuenta las medidas en caso de productos defectuosos o desperfectos durante el traslado. También contempla la estabilidad de la producción, la calidad de los acabados y la vigencia de los modelos de acuerdo con un catálogo.

Ese posible cliente está en cualquier parte, las expectativas que se le transmitan deben ser muy claras y sencillas de entender. La internet es como una autopista en la cual se coloca una valla de carretera, la idea es que los clientes viajen hacia donde las vallas hablan de un mismo producto. Es como si alguien quisiera comprar artesanía y se dirige a Sarchí.

Para ello, hay que ubicar la valla en los lugares más concurridos, o sea, en los buscadores de internet más populares -al menos en tres a la vez- y en la clasificación de especialidades (páginas amarillas). Hay que inscribir un sitio o dominio (URL), es decir, el nombre de la empresa y el lugar donde el cliente encontrará su información. Esta es la localización exacta de la valla en la carretera.

Los primeros pasos

1. No se apresure. Haga todo como lo ha hecho con su negocio. Vaya a internet y en los buscadores -terra.com, unodostres.com, yahoo.com, yupi.com, hotmail.com o calle22.com- diríjase a las áreas en las que le gustaría participar y pida información. Si a la fábrica de Salitral le interesa llegar a todos los mercados, es recomendable que inscriba su nombre en inglés y en español. Por ejemplo, salitral-clay-works.com, y para el buzón de correo: sales@salitral-clay-works.com. Este tipo de cosas requieren poca o casi ninguna asesoría técnica, más bien curiosidad al buscar empresas que ayuden con la difusión del sitio web. Todavía los buscadores necesitan que muchos productos se anuncien en sus páginas y así dar valor agregado. Que usted se inscriba es importante y tratarán de brindarle facilidades, a los menores costos.

2.Comience con algo sencillo. A la vez puede ser muy creativo y atrayente. Luego podrá ofrecer promociones, rifas, detalles personalizados o muestras gratis. Mantenga el seguimiento de sus clientes por correo electrónico o teléfono. Use su olfato empresarial, haga una inversión razonable y esté dispuesto a esperar de tres a seis meses antes de obtener una respuesta interesante.

3. Los costos pueden ser bajos. Considere los clientes potenciales que podrían ver sus productos. Está demostrado que el usuario de internet tiene un buen poder adquisitivo. Para las pequeñas compañías que comienzan muchos servicios son baratos o gratuitos. Esta es una guía de la inversión inicial: un computador común cuesta alrededor de ¢300 mil; la inscripción al servicio de internet, ¢10 mil para el depósito de garantía y ¢15 mil por mes, por un uso de 25 horas (más información en www.racsa.co.cr). La inscripción del dominio cuesta ¢15 mil por año y estar en las páginas amarillas de cada buscador vale ¢6.000 por mes. El lugar web para la valla o página puede resultar gratis si tiene menos de 5 millones de caracteres, e incluye el buzón de correo electrónico. Este se podría encadenar a su buzón de Racsa para que toda la información llegue a un solo lugar (más informes: www.geocities.com o www.tripod.com).

4. El diseño del web. La elaboración de un diseño simple requiere de cuatro a seis horas y su implementación puede costar entre ¢70 y ¢100 mil; esto contempla: creación del dominio e inscripción de la página, unas 5 fotos, descripción de los producto, precios y activación del correo electrónico. El mantenimiento mensual tiene un precio de ¢15 a ¢20 mil, por hora. Estos costos varían si se contratan compañías especializadas, estudiantes avanzados de informática u otros medios.