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MARIE CURIEMuchas veces primera
Modesta en extremo, prefería no hablar de sus logros y en las ocasiones que debía hacerlo insistía en que tales éxitos no le pertenecían a ella, sino a la ciencia. Por eso se resistió siempre a escribir una autobiografía. "Mi vida es demasiado simple. Nací en Varsovia en una familia de maestros, me casé con Pierre Curie, tuve con él dos hijas, y he desarrollado mi trabajo en Francia. Eso es todo". Nunca mencionaba las calificaciones sobresalientes con que se graduó de secundaria, ni los ocho años que trabajó como institutriz para poder ingresar a la Sorbona en 1891, ni la dieta obligada de té, pan y mantequilla que la mantuvo viva durante largos períodos de estudio en París. Al registrarse en la prestigiosa universidad, lo hizo con una versión francesa de su nombre (Marie) y poco tiempo después de obtener una maestría en física y otra en matemática, conoció a Pierre Curie, renombrado profesor en la escuela de Física. Su matrimonio, en 1895, no solo definió el nombre con que la recordaría la historia --Marie Curie--, sino que marcó el inicio de una de las sociedades más prolíficas del mundo científico. Poco después del nacimiento de su primera hija, Marie decidió obtener un doctorado y dedicó su tesis al estudio de unos "rayos misteriosos" que irradiaba el uranio, un fenómeno descrito en 1896 por el científico Henri Becquerel. Tras dos meses de análisis en un húmedo laboratorio con piso de tierra, Curie hizo dos descubrimientos relevantes: la intensidad de los rayos era proporcional a la cantidad de uranio de su muestra, y ninguno de sus intentos por alterar el uranio afectaba los rayos. Formuló entonces la teoría de que tales rayos eran el resultado de algo que ocurría dentro del átomo mismo, una propiedad que llamó radioactividad. En 1903, los esposos Curie y Becquerel recibieron por este aporte el Premio Nobel de Física. Radio y polonioUn nuevo fenómeno atrapó su atención. Esta vez, el reto era averiguar por qué un mineral de nombre pechblenda emitía tan intensa radioactividad. Así llegó a descubrir, con ayuda del señor Curie, un nuevo elemento radioactivo al que llamó polonio en honor a su país natal. Pocos meses más tarde, identificaron otro elemento más fuerte aún, el radio. Aunque ambos hallazgos ocurrieron en 1898, no fue sino hasta 1902 que lograron aislar cantidades suficientes para confirmar su existencia, y ella obtuvo por fin su doctorado, el primero que conseguía una mujer en Europa. Apenas empezaba a cubrirlos la sombra de la fama cuando sobrevino la desgracia: Pierre murió en París en 1906, atropellado por un carruaje de caballos. Marie se hizo cargo de la cátedra que impartía su marido en la Sorbona y luego ascendió a profesora titular. En 1911 le fue otorgado un segundo premio Nobel --esta vez en química-- por haber aislado radio puro. Durante la Primera Guerra Mundial, Curie y su hija mayor, Irene (quien en 1935 ganó también un Nobel en química), llevaron y operaron máquinas de rayos X en los campos de batalla para beneficio de miles de soldados fracturados. Madame Curie falleció en 1934, pero su salud empezó a quebrantarse hacia finales de los años 20. Fatiga, mareos y fiebres bajas fueron los primeros síntomas de una agresiva leucemia causada por su continuo contacto con la radiación. Al menos le alcanzó la vida para ver el nacimiento de la física atómica, disciplina que surgió de sus descubrimientos. |
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