MIERCOLES 22 DE SETIEMBRE


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En manos de la tecnología

Hay dos cosas que son infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro. Albert Einstein

Albert Einstein

Genio sin calcetines

Nadie como Albert Einstein a lo largo de este siglo descubrió tantas verdades sobre la naturaleza y las puso al alcance de la humanidad. Y aunque --incluso hoy-- son pocos los individuos que han entendido realmente sus teorías y lo que estas implican, su nombre resulta familiar a todos los mortales y a coro se repite que fue un genio.

Por eso, 44 años después de su muerte el mundo sigue admirando su sobresaliente erudición y riéndose de sus pequeñas excentricidades, como aquella manía caprichosa de usar los zapatos sin medias.

Solo papel y lápiz necesitó este físico nacido en 1879, en Ulm, Alemania, para llegar a asombrosas conclusiones sobre la velocidad, la masa, el espacio y el tiempo, conclusiones que revolucionaron la ciencia y cambiaron el mundo.

Lo más curioso es que, de pequeño, Einstein fue todo menos un niño sobredotado. Muy por el contrario: habló a los 3 años, nunca brilló por su rendimiento en la escuela primaria y fracasó en los exámenes de ingreso de un Politécnico en Zurich, Suiza, aunque fue aceptado en un segundo intento.

Tras una infancia nómada debido a los continuos cambios de trabajo de su padre, renunció a la nacionalidad alemana --con lo que se libró de hacer el servicio militar-- y adoptó la suiza en 1901, año en que también obtuvo una licenciatura en física y empezó a trabajar, sin mucho éxito, como docente.

A los 24 años, todo lo que había logrado de la vida era un puesto como examinador en una oficina de patentes en Berna, y una esposa, la física serbia Mileva Maric, con quien tuvo dos hijos. Ni él mismo hubiera creído que, solo dos años más tarde, en 1905, tres artículos suyos socavarían los cimientos de la física teórica.

Verdades inéditas

Los tres escritos fueron divulgados por el Anuario Alemán de Física luego de que, muy a tono con la timidez y la humildad que lo caracterizaron siempre, Einstein los enviara a probar suerte con una leyenda que decía: "Para publicar, si tienen espacio".

El primero trataba sobre el movimiento de partículas suspendidas en líquido y explicaba, mediante una fórmula matemática, que el movimiento visible de las partículas se debía al desplazamiento invisible de las moléculas del líquido. En su segundo trabajo, presentó una teoría fotoeléctrica que actualizaba la teoría cuántica de la radiación y aseveraba que la luz viaja en forma de ondas y de partículas.

El tercero y más revolucionario contenía su teoría especial de la relatividad, en la cual Einstein relacionó materia y energía en la famosa ecuación E= mc2 (energía= masa por la velocidad de la luz al cuadrado). De su planteamiento se desprende que el tiempo no es constante, ni lo son el peso y la masa pues, a altas velocidades, todos estos elementos se comprimen, y solo la velocidad de la luz se mantiene igual. De manera que todo es relativo, subjetivo.

Prácticamente nadie culpa al pacifista de Albert Einstein por la bomba atómica, pero lo cierto es que fue él quien sentó las bases teóricas para su desarrollo.

El científico vivió la Primera Guerra Mundial enfrascado en una nueva obsesión: su llamada teoría general de la relatividad, tan radical y perturbadora como la anterior. En 1916 planteó que la luz tiene masa y que el espacio y el tiempo son en realidad una sola cosa, el espacio-tiempo, que --a causa de la gravedad-- se hace curvo cuando rodea a objetos masivos.

La incredulidad de todos duró tres años porque en 1919 un eclipse solar permitió erradicar todas las dudas. Una vez más, Einstein tenía razón. Para entonces estaba divorciado, casado en segundas nupcias con su prima Elsa y a punto de recibir el Premio Nobel de Física (1921), pero no por las teorías de la relatividad, sino por sus postulados sobre fotoeléctrica.

Con el ascenso al poder de Adolf Hitler en 1933, su condición de pacifista de origen judío convirtió a Einstein en enemigo potencial del régimen nazi. Por eso emigró a Estados Unidos, donde se nacionalizó norteamericano en 1940 y aceptó un puesto en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Nueva Jersey.

Soplaban de nuevo aires de guerra y, tanto temía a la expansión alemana, que escribió una carta al presidente norteamericano Franklin Roosevelt en la que instaba a Estados Unidos a desarrollar la bomba nuclear. No participó en su construcción y tampoco imaginó que el "Proyecto Manhattan" conduciría a la dantesca destrucción de Hiroshima y Nagasaki en 1946.

Desde mediados de los años 30, el incansable científico y talentoso violinista se entregó al estudio de la física cuántica y luchó infructuosamente durante 20 años por dar con una teoría que combinara la mecánica cuántica y la relatividad en una sola ecuación básica capaz de explicar todas las fuerzas de la naturaleza.

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