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Helen Keller
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HELEN KELLERUn milagro sin pausas
La niña inquieta e inteligente que nació en 1880 en Alabama, Estados Unidos, contrajo a los 19 meses una enfermedad que los médicos describieron como ?congestión aguda del estómago y el cerebro?, que la dejó sin vista y, unas semanas después, sin oído. La rebeldía con que la pequeña Helen enfrentó su doble limitación fue semilla de un futuro radiante, pese a su oscuridad interior. Se negó a aceptar pasivamente el papel de víctima y decidió que quería hablar, leer y escribir. Lo logró a los 7 años con ayuda de su maestra Anne Sullivan, coprotagonista de ese milagro y su intérprete hasta 1936, cuando falleció. Convencida del poder liberador del lenguaje, Keller aprendió a comunicarse a través del código Braille, la lectura de labios (que palpaba con sus manos), el deletreo dactilar de un alfabeto manual y el dominio de la máquina de escribir. Treinta y dos años más vivió Keller luego de la muerte de su tutora y fue entonces cuando se enfrentó al reto más trascendental: probarse a sí misma, y de paso a la humanidad, que los discapacitados podían ser independientes. Decidió que no había razones para que el mundo le tuviera lástima o la llamara ?inválida?. ?Solo permítanme vivir naturalmente y trátenme como a un ser humano?, manifestó en discursos, filmes de cine y biografías que escribió. La liberación fue el motor de su vida. No solo luchó por liberar a los no videntes y a los discapacitados, sino también en favor de las minorías étnicas y la igualdad sexual. Tres décadas después de su muerte, sigue cosechándose el fruto de sus batallas en una sociedad más abierta, donde el derecho a buscar la plenitud es privilegio de todos. |
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