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JORGE DEBRAVO
Si es lamentable la muerte de cualquier vida humana a los 29 años, doblemente dolorosa fue la partida de Jorge Debravo, porque truncó además una poesía transparente, candorosa y de gran imaginación lingüística. Nacido en 1938 en Guayabo de Turrialba, Debravo le ganó el duelo al destino al dejar atrás el analfabetismo y las precarias condiciones en que creció. Hijo de un padre que nunca supo leer ni escribir, anduvo descalzo toda su infancia y fue su madre quien le enseñó a deletrear el nombre. Del resto se encargó su pasión por las letras. Compró un diccionario con el dinero que reunió trabajando en una milpa y, más tarde, una maestra de escuela lo ayudó a conseguir una beca para cursar la primaria en la escuela de Turrialba. Poco después publicó sus primeros poemas en el periódico local. El autor de Hombre, Credo, Digo y Prodigio, poemas en los que aborda temas cotidianos como los hijos, la tierra y el hombre, murió en un accidente automovilístico en 1967, el año en que finalmente se había matriculado en la Universidad de Costa Rica para cursar los Estudios Generales.
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