MIERCOLES 1 DE SETIEMBRE

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CHARLES DE GAULLE

Terco idealista

Charles De Gaulle: la discordia nunca estuvo ausente de sus negociaciones.
Si la Segunda Guerra Mundial fue un periodo de tremenda humillación para Francia, el general Charles De Gaulle fue el único que brilló en medio de la abrumadora desmoralización.

El eco de sus palabras “hemos perdido una batalla, pero no la guerra”, resonó en medio de la nación desintegrada y levantó el espíritu de los franceses. Fue un mensaje que De Gaulle pronunció desde Londres luego de marchar hasta Gran Bretaña y establecer un gobierno francés en el exilio.

De joven, siendo un soldado, se caracterizó por su inteligencia y esfuerzo. Todos coinciden en que su gran defecto fue la obstinación, fuente de repetidos problemas y desencuentros con los gobernantes Winston Churchill y Franklin Roosevelt.

Fue oficial de infantería durante la Primera Guerra Mundial y pasó casi tres años como prisionero de guerra. Intentó escapar cinco veces pero falló siempre porque sus dos metros de estatura lo hacían demasiado “visible”. Admirablemente alta era también su convicción de que tenía un deber que cumplir por su patria y que poseía el liderazgo para hacerlo.

Por eso, pasada la Gran Guerra, se unió a los voluntarios franceses en Rusia y se dedicó al estudio de sus tácticas y teorías. Así, fue abriéndose camino hasta la Secretaría del Consejo Nacional de Defensa de su país, donde empezó a cuestionarse las doctrinas y tácticas empleadas por el ejército francés.

Como era previsible, pronto entró en conflicto con sus superiores, particularmente con el coronel Philippe Pétain.

Las debilidades

Más el terco de De Gaulle siguió involucrado en el aparato militar francés y en 1940 fue elevado al rango de general de brigada. Su carrera como líder político en la Segunda Guerra Mundial empezó con tremendas debilidades: lo apoyaba solo un puñado de simpatizantes y voluntarios, no tenía estatus político y era prácticamente desconocido en Francia e Inglaterra.

Luego de que los franceses aceptaran la ocupación alemana, el general se dedicó a organizar desde el exterior el movimiento “Francia Libre”, fuerza de resistencia gala que en agosto de 1944 entró triunfante a París.

Acto seguido, organizó un gobierno provisional del que se puso a la cabeza y decretó una serie de cambios en la organización política y militar de Francia.

Pese a que renunció al gobierno en 1946 por desacuerdos internos, regresó en 1958.

Esta vez los franceses vieron en él al “hombre de confianza” que necesitaban, y fue elegido presidente. Gobernó durante diez años, durante los que sorteó exitosamente muchas crisis políticas con la ayuda de referendos. Las colonias franco-africanas adquirieron su libertad y muchos no le perdonan que entregara Argelia a los argelinos.

De Gaulle no fue invitado a la Conferencia de Yalta, pero sí firmó un pacto franco-soviético en diciembre de 1944 y un tratado de reconciliación con Alemania Occidental.

En 1970, un infarto le causó la muerte, pero lo sobreviven sus ideales, probablemente los más comentados --para bien y para mal-- en la Francia de esta segunda mitad de siglo.

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