La Nación Digital. Columna Raíces

Edición 18

Yolanda Oreamuno Unger

Yolanda y su época

Mauricio Meléndez Obando

La época (*) que vio nacer y crecer a Yolanda Oreamuno estuvo marcada por acontecimientos políticos, económicos y sociales de gran trascendencia nacional e internacional.

Su nacimiento se produce en plena Primera Guerra Mundial y un año antes de la férrea dictadura de los hermanos Tinoco. Posteriormente, ocurre la gran crisis mundial de 1929, de severas repercusiones en la economía dependiente de Costa Rica, que se prolongaron a lo largo de las décadas siguientes.

En este contexto, Costa Rica sufre profundos cambios que se reflejan en varios sucesos histórico-sociales: la reforma tributaria efectuada por el presidente González Flores; desaparición de la pequeña propiedad privada y la concentración de la propiedad en pocas manos; desocupación y aumento de trabajadores sujetos l patrón o gamonal; explotación bananera de la United Fruit Company, contra la que se levanta la huelga de 1934; despertar de la conciencia antiimperialista del pueblo costarricense; fundación del partido comunista en 1931 como vehículo para fomentar la organización de los sectores populares y su participación en la vida política del país.

Este proceso histórico desemboca en la promulgación de las garantías sociales para la clase trabajadora del país y la guerra civil de 1948, a partir de la cual se produce un ascenso de sectores medios de la sociedad costarricense con nuevos proyectos y orientaciones económicas y la intervención directa del Estado en la economía nacional.

En el campo cultural se genera un movimiento cuyos representantes, más críticos, experimentan con nuevas formas de expresión artística. Entre otros destacan, Max Jiménez, Carlos Luis Fallas, Manuel de la Cruz González, Joaquín Gutiérrez y Eunice Odio.

Como explica Rima de Valbona:

"Las letras se vieron favorecidas al fundarse la Editorial Costa Rica y la Universidad de Costa Rica, órganos del aparato ideológico estatal. Además, el concurso que promovió en 1940 la editorial norteamericana Farrar & Reinhart para premiar la mejor novela de Latinoamérica, representó un gran estímulo para los escritores, los cuales integraron la "generación del 40". Esta tiene dos vertientes: la primera, la de la novela del agro y denuncia, la representan Carlos Luis Fallas (1909-1966), Fabián Dobles (1918), Joaquín Gutiérrez (1918) y Carlos Salazar Herrera (1906). La segunda, que corresponde a la llamada novela introspectiva o experimental, la encabeza Yolanda Oreamuno (1916-1956). Un caso especial, porque participa de ambas corrientes, es José Marín Cañas (1904-1980), reconocido en el extranjero sobre todo por su Infierno verde (1935), novela que desarrolla el tema de la Guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia."

Luego Valbona explica:

"La novela del agro y denuncia está íntimamente ligada al realismo propio de las tendencias criollistas de Latinoamérica y responde a los esquemas de la ideología marxista a la que pertenecen los integrantes del grupo. Representa un esfuerzo por concientizar a los lectores respecto a los múltiples problemas del proletariado y de las clases poco privilegiadas. Se trata de relatos en los que la colectividad, y no el individuo, es protagonista.

"La novela introspectiva o experimental, representada por La ruta de su evasión (1948) de Yolanda Oreamuno, no participa de los principios ideológico-estéticos de la de denuncia. Tampoco se interesa por el espacio sociogeográfico del relato. En cambio se concentra en la sique de los personajes y en el medio ambiente urbano donde empieza a definirse la angustia existencial. El relato abierto utiliza innovadores recursos narrativos."

Exilio

Debido al repudio y la incomprensión de sus coterráneos, Yolanda Oreamuno se autoexilia en los años 40, primero en Guatemala y luego en México, donde finalmente fallece.

La Guatemala de los 40 se caracterizó(*) en lo político, por la imposición del poder militar, por la censura de prensa, el exilio y la cárcel para los opositores, burocracia estatal reducida y dócil, un amplio control policial, asuntos de hacienda y las finanzas en manos de las familias cafetaleras, y trato preferencial a las compañías extranjeras fuertes. Hubo algunos cambios, en cuanto a las libertades, luego de la caída del dictador Ubico en 1944.

Luego Yolanda parte a México, donde encontrará un campo sociocultural en plena ebullición. Para los años 30 se había instaurado el PRI y ocurren grandes cambios: reforma agraria, nacionalización de los recursos, se organiza el sindicalismo, se implanta un laicismo antirreligioso y se prohibió la enseñanza católica. Estas medidas las aplicó el general Lázaro Cárdenas (1934-1940), quien atenuó la represión contra el clero. A pesar de la nacionalización del petróleo, decayó su producción; Cárdenas impulsó la industrialización y llevó a cabo el reparto de tierras a campesinos.

La revolución, sin lugar a dudas, creó un México nuevo, bajo el control de un solo partido y del ejército, todo ello enmarcado dentro de una dinámica social y económica que hace de México una nación de contrastes.

La cultura en los años 30 en México estuvo impregnada de un afán desmedido de industrialización y progreso, dogmas primarios de la conceptualización de la modernidad en América Latina, entendida modernidad no únicamente en planos artísticos sino en planos económicos, políticos y sociales.

El norte en la vanguardia artística mexicana la dieron los muralistas, quienes rescataban valores fundamentales de la cultura popular y de la revolución mexicana así como el indigenismo; la principal característica del muralismo fue su afán didáctico para la educación del pueblo a través del rescate de los valores indigenistas y nacionalistas.

Ya para los años 40 hay un cuestionamiento del discurso de los muralistas pues los intelectuales consideran que este tipo de expresión artística se ha vuelto elitista, olvidando su génesis y los valores que la sustentaba; de ahí la necesidad de nuevas que corrientes que abrieran el espectro cultural hacia lo universal. Estas búsquedas de nuevas tendencias culturales se debieron en gran medida a los conflictos bélicos mundiales que propiciaron la salida de estudiosos, filósofos y artistas de Europa hacia México; este es el caso de Wolfang Paalen, Leonor Carrington, Marcel Duchamp y Luis Buñuel.

Además, para este momento, México sufre cambios dramáticos de infraestructura; el crecimiento de las ciudades, el culto por lo fabril y la producción automática. Todo esto propició una corriente y lenguaje universales. Los filósofos Samuel Ramos y Leopoldo Zea buscarán la identidad a través de una mejicanidad sin ninguna máscara cultural, al igual que Octavio Paz.

Además, la transformación de la Ciudad de México en una meca del cine y la música en español que irradia todo su influencia hacia el resto de Latinoamérica, con sus respectivos ídolos de masas como lo serán: María Felix, Dolores del Río, Agustín Lara y Libertad Lamarque.

Todo esto creó un campo de cultivo justo para una nueva generación de artistas como Frida Kahlo, Remedios Baro, Sofia Bazi y Tina Modotti.

Este es el México que hallará Yolanda Oreamuno y que la vio morir.

Su obra

Es importante transcribir aquí el análisis que hace Rima de Valbona sobre el contenido de la obra de Yolanda Oreamuno y sobre sus obras extraviadas.

"El fenómeno de Yolanda Oreamuno es desconcertante en el mundo peque burgués costarricense: no sólo rompe con la literatura del país y centroamericana al atacar abierta y continuamente el "folklore" que estaba en su apogeo, sino que además se niega a seguir el camino de la novela de protesta hispanoamericana ñque ella considera muy trilladoñ porque persigue "lo socialmente conmovedor" para privarse e "lo conmovedoramente social" que ella rechaza en nuestra literatura.

"Críticas acerbas llovieron contra su actitud revolucionaria y moderna, pero Yolanda Oreamuno, indiferente, continuó abriendo el camino a una nueva, rica y profunda literatura en la que el hombre moderno iba a estar presente con sus inquietudes y circunstancias vitales. Ensayos, comentarios y cartas se dirigían a eso; su obra de ficción iba dando forma a sus anhelos, se abría como flor primeriza de ejemplo. La suya es "una búsqueda de valores trascendentales que excluye esos aspavientos mojigatos de escuela rural" como escribió ella en una ocasión. Un querer darle a Costa Rica lugar en la cultura universal, sacarla de su pequeñez espiritual, comprometerla artísticamente con el mundo.

"Sólo quienes han vivido en una sociedad gazmoña, provinciana, conservadora y llena de prejuicios de toda clase como la nuestra, podrán apreciar y comprender el fenómeno que fue Yolanda Oreamuno en nuestras letras. Ella se abrió a todas las corrientes de su época, asimiló de ellas lo bueno y hasta lo malo que le proporcionaban, criticó con fundamento errores nuestros, tanto literarios como sociales y vitales. Sobre todo, en sus novelas y relatos comenzó a tratar con honda verdad artística lo que antes no se hablaba, y a descubrir zonas sagradas, "tabúes" de nuestra sociedad, en el amor, en la institución de la familia, del matrimonio, en el hombre, en la mujer. Problemas universales que transcurren en un ambiente latinoamericano son los que ella plantea.

"Hable de algo tan nuestro como del artista y escritor Max Jiménez o del panorama poético colombiano, o de la pintura del cubano Abela, o de la necesidad de volver en arte a los lugares comunes como medida saludable, o del conflicto entre el hombre y la mujer, su obra interesa porque siempre trasciende la limitación fronteriza, horada la epidermis y penetra en lo más hondo de la realidad que es la médula de lo universal.

"Milagro sorprendente de nuestro mundo comprimido, Yolanda Oreamuno se dilata más allá de las fronteras de Costa Rica por su dominio de los medios expresivos; por su conocimiento de técnicas aprendidas de otros, nacidas también de la necesidad que tiene todo creador de hallar nuevos senderos; porque cultivó la novela sicológica en tiempos en que comenzaba en Hispanoamérica a dar primeros y pocos frutos, y en esto no se queda a la zaga de las conocidas María Luisa Bombal y Marta Brunet."

Valbona ha logrado identificar cinco novelas extraviadas de la autora. Solo una novela suya fue publicada, La ruta de su evasión (1948). Su obra consta de cuentos, relatos, ensayos, epístolas y comentarios, publicados en distintas revistas y periódicos.

Las cinco novelas extraviadas son: Por tierra firme (1936), Dos tormentas y una aurora (¿1944?), Casta sombría (1944), Nuestro silencio (1947) y José de la Cruz recoge su muerte.

Otros relatos y ensayos han sido localizados en publicaciones especializadas, pero, lamentablemente, otros no.

Las obras de Yolanda fueron clasificadas por Valbona en su libro La narrativa de Yolanda Oreamuno en:

Relatos

Las mareas vuelven de noche 1936

Don Juvencio 1936

Valle alto 1946

Un regalo 1948

Harry Campbel Pall 1949

De su obscura familia 1951

Cuentos infantiles

La lagartija de la panza blanca 1936

Textos líricos

El espíritu de mi tierra 1937

Apología del limón dulce ... 1944

México es mío 1945

Manzrur, el pez 1952

Scheherezada, la pez 1952

Apuntes y cuadros de costumbres

Vela urbana 1937

18 de Septiembre 1937

Pasajeros al norte 1944

Gentes de café en el México de 1945 1945

Divagaciones introspectivas

Insomnio 1937

Misa de ocho 1937

40º sobre cero 1937

Ensayo

¿Qué hora es? 1933

Novela

La ruta de su evasión 1948

Sobre la indiferencia en Costa Rica

Yolanda Oreamuno escribió siempre con el ánimo de ser leída y comprendida en su medio, sin embargo, en Costa Rica solo encontró críticas en privado, pero un silencio sepulcral en cuanto a publicaciones críticas.

Esta indiferencia la lastimó hondamente y por eso escribió a su amigo Joaquín García Monge:

"Quiero que si algo de valor hago yo en el ramo literario, mi trabajo pertenezca a Guatemala, donde he tenido estímulo y afecto, y no a Costa Rica donde, fuera de usted, todo el mundo se ha dedicado a denigrarme, odiarme y ponerme obstáculos. Deseo que nunca se me incluya en nada que tenga que ver con Costa Rica y que mi nombre no figure en ninguna lista de escritores ticos, porque mi trabajo y yo pertenecemos a Guatemala."

Más tarde le dice al mismo García Monge:

"Creo que con Ricardo Jiménez y usted firmamos la trilogía de "mitos" populares costarricenses. Yo cada vez, allá [en Costa Rica], era más leyenda y menos una persona (...) Allá actuaba en Yolanda Oreamuno, aquí [en Guatemala] comienzo a vivir en mujer. Había llegado a tanto el asunto, que temía defraudarlos, e inconscientemente hacía todas aquellas cosas absurdas y descabelladas que ellos me criticaban, pero que ellos de mí esperaban para redondear su mito (...) Les dejo la leyenda para que se distraigan, pero me vengo yo."

Qué bien comprendió Yolanda Oreamuno a este pueblo mal agradecido que hoy, efectivamente, la recuerda como un pilar de la narrativa contemporánea de Costa Rica.

Como afirma Valbona:

"Yolanda Oreamuno hubo de esperar la muerte para recoger el ëreconocimiento póstumo de este pueblo desdeñoso y pasivoí como ella misma lo acusó en el caso de otro magnífico escritor tico, Max Jiménez."

(*) Este apartado se fundamentó en información facilitada por la periodista Patricia Blanco Vuelve al inicio

(*) Los datos con que se elaboró esta sección fueron facilitados muy amablemente por el Lic. Luis Rafael Núñez Bohórquez, director del Museo Dr. Rafael Angel Calderón Guardia. Vuelve arriba


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