La Nación Digital. Columna Raíces

Edición 18

Yolanda Oreamuno Unger

Algunos comentarios sobre Yolanda

Mauricio Meléndez Obando

En este apartado he incluido una poesía y algunos pensamientos y comentarios sobre la escritora Yolanda Oreamuno que nos permiten un acercamiento desde la perspectiva de otras personas, que conocen su obra y algunas facetas de su agitada vida.

Yolanda

Ayer decíamos Yolanda

y nos cansábamos de sol;

ora pronunciamos su nombre

como quien pronuncia oquedad

Ayer era el ala de fuego

que nos produce resplandor;

ahora es la novia del viento

y la desposada del mar.

El viento que la levantó

como hoja recién bruñida,

y el mar que en su manto verde

bordó su música nupcial.

Yo la vi en la noche funesta

beber una larga cicuta

y golpearse con cirio ardiente

como un ángel fuera de sí.

Con su llama de inteligencia

hecha pasión, volcada al ser,

nos dejó en unos cuantos libros

su sombre, su genio, su fe.

Costa Rica no fue por ella

indiferente a su laurel,

como en Chabela y otros árboles

dolorosos que yo me sé.

Paradoja la de mis gentes

que a ciertas almas dejan ir:

cuando estaban no las querían...

y luego lloran que no están

Alfredo Cardona Peña

Mayor sentido plástico

La novela de Yolanda ñde sentido personal, casi íntimoñ se desenvuelve con ritmo que no se detiene ni acelera a capricho y obedeciendo normas y exigencias de escuela. Camina con el arder de la vida que va dentro de ella. Por esto me parece que su novela es, acaso, una de las que revelan mayor sentido plástico y vital entre las novelas modernas de América.

Emilio Abreu Gómez. México, 1944

Empuje de mujer

La vida le ha dado sólo paradojas y por eso no ha alcanzado la felicidad que merece; y lleva como una cruz a cuestas el dolor de no ser comprendida en su propio país, en el cual, el prejuicio innoble ha tratado de liquidarla y de desconocer lo que vale su empuje de mujer moderna, de intelectual que viene a enriquecer ese venero de cultura que más allá de las fronteras personifican a Costa Rica como país de avanzada. Pero esto no ven los ciegos de espíritu, pero esto no sienten los que viven la modorra de una burocracia inútil.

Víctor Soto de Avila. San José, hacia 1940

Autora espléndida

Siempre me ponía a meditar un hecho iterado con énfasis: la exaltación que personas inteligentes y sensibles hacían de la belleza y de la prestancia de Yolanda. Al fin, deduje y comprobé: esos encomiadores fervientes colocaban así un velo grueso y oscuro sobre la autora espléndida.

Tan sobresaliente como su individualidad, fue su obra.

Lilia Ramos. San José, 1956

Talento inquieto

Como poseía un talento inquieto y una avidez curiosa y una sensibilidad amarga, bien pronto adquirió aquella su posición mental, que era como su posición física hecha pensamiento. Y fue así, como fue por dentro y fue por fuera un paralelismo de idea y actitud, una igualdad de presencia y contenido, que lo remató ella en la máxima doctrina egotista al firmar YO, porque tal era su apelativo: Yolanda Oreamuno.

José Marín Cañas

Nueva perspectiva

Yolanda Oreamuno abrió una nueva perspectiva para nuestra literatura, un horizonte más ancho y ambicioso que, para infortunio nuestro, se cerró con su obra y con su muerte. Nunca se impuso postulados rígidos, y si escribió bajo la patrocinante determinación de grandes maestros de la novela contemporánea, señeros e inigualados, precursores sin escuela, lo hizo porque algún rumbo habrían de tomar esos escritos y prefirió el más inspirado rango y más alto origen.

Guido Sáenz

Testimonio

Su obra es un testimonio de lo que puede la reflexión cuando se apodera la sensibilidad de lo que hace el estilo minucioso, quemante, prolijo, cuando se sitúa frente a lo convencional.

Alfredo Catania. San José, 1970.

Mundo mágico

La obra suya es antípoda y síntesis de una vida... Las palabras suyas son sus propias angustias y la piedra angular de la posteridad. Su novela, foco central para su comprensibilidad personal, es la evocación sombría de un mundo mágico.

César Hurtado. San José, 1970.

Pasión interior

Yolanda Oreamuno ha creado un mundo [en La ruta de su evasión] entre la vida y la muerte, un mundo incomunicado, un mundo que se acaba y se desgasta en la pasión interior de cada ser.

Carmen Naranjo. San José, 1971.

Actitud de vanguardia

Yolanda Oreamuno se distinguió por su actitud de vanguardia frente a la actividad literaria e intelectual. Viajó por varios países, leyó con avidez, conoció a importantes pensadores de su época, abogó por la universalidad del arte y por las obras con "aliento renovador", paralelamente, el valor de su obra fue destacado por Alfonso Reyes, Gabriela Mistral y Juana de Ibarborou, entre otros; en nuestro medio, el reconocimiento fue póstumo.

Ivonne Robles Mohs. San José, 1988

Una diosa

Una diosa encasquetada en la figura de una mujer, una mujer que aparte de su extrema belleza era inteligente e incómoda, este es el comentario recurrente de todos aquellos que la conocieron, una mujer culta que manejaba una filosofía y una moral que le quedaban grande a un cafetal como San José; así era Yolanda Oreamuno con una vida matrimonial menos que triste, separada de su hijo, repudiada, escarnecida y olvidada de la sociedad, la misma sociedad que la vio crecer. Así, Yolanda se autoexilia comienza su ruta de evasión, una evasión que la llevará a Guatemala y México, una evasión dolorosa y marchita, la cual únicamente florecerá en su relación epistolar con Lilia Ramos. Yolanda fuera de la moda, fue un caso, quizá un caso único en la historia de las letras y el arte de la primera mitad de siglo en Costa Rica. Quien otra, cual otra tica en los años cuarenta se hubiera atrevido a hacer pruebas para el cine en México.

Luis Rafael Núñez Bohórquez, San José, 1997.


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