La Nación Digital. Columna Raíces

Edición 5

Cómo empezar

Mauricio Meléndez Obando

No es la intención de este detallar la forma de realizar una genealogía, pero sí daré un vistazo general sobre cómo se puede empezar. En otra columna Raíces me referiré más profundamente a los métodos y técnicas de investigación en genealogía.

Antiguamente, en la elaboración de las genealogías no se aplicaba un riguroso método de investigación, salvo algunas excepciones, razón por la cual muchas de ellas establecían filiaciones inexactas o equívocas; otras se nutrían incluso de leyendas que hacían pasar como acontecimientos verídicos o repetían los errores de investigaciones anteriores, por lo que tales trabajos deben tomarse con reservas.

Se debe partir de los vivos

Para la elaboración de una investigación genealógica, se debe partir de los vivos, es decir, de los abuelos o personas mayores de la familia, a quienes se les debe preguntar los nombres y apellidos de sus padres y abuelos, fechas aproximadas de nacimiento, matrimonio y muerte y cualquier detalle que se considere importante para la investigación, para posteriormente acudir a las ricas fuentes documentales de los distintos archivos eclesiásticos y civiles de la región.

No podemos soslayar la importancia de la tradición oral cuando se refiere a la procedencia de sus ascendientes, pero dicha información debe interpretarse con cautela, pues lo que llega como historia familiar, normalmente, es verdad a medias.

En casi todas nuestras familias ticas, por ejemplo, se cuentan historias sobre el origen remoto de nuestra familia, pero estas deben ser confrontadas a las versiones que han quedado consignadas en la documentación existente.

Asimismo, casi todos los centroamericanos llegamos a las misma raíces primarias (a los indios y "conquistadores y primeros pobladores" de cada uno de nuestros países), porque el germen de nuestra sociedad actual estuvo conformado por unas pocas familias que se fueron uniendo a otras llegadas del resto de América, España, otro países europeos, Africa y más recientemente Asia.

El asunto geográfico

Cuando se empieza a elaborar una genealogía, se deben tomar muy en cuenta los aspectos geográficos, por lo que el investigador tendrá que averiguar la distribución geográfica actual y la división administrativa antigua y moderna (si es que han habido cambios).

De tal manera que con mapa en mano y fechas de fundación de las parroquias pueda seguir el rastro de una familia partiendo de la parroquia más reciente hacia la más antigua de acuerdo con la proximidad geográfica de estas; salvo que conozca que sus antepasados eran inmigrantes de zonas alejadas a la parroquia que se investiga.

Así por ejemplo, para una persona que nació en San Isidro de Puriscal en 1924, se debe buscar su bautizo en esta parroquia (fundada en 1920), pero para sus padres, posiblemente deberá recurrir a la de Santiago de Puriscal (fundada en 1860); asimismo, para sus abuelos es posible que ya aparezcan en Pacaca (hoy Ciudad Colón, fundada en 1767), Desamparados (fundada en 1825) o San José (fundada en 1739), que serían las parroquias más próximas, en ese orden.

Asimismo, a la hora de avanzar más, posiblemente deberá investigar en Heredia (fundada en 1727) o Cartago (fundada en 1561 y parroquia principal por más de tres siglos).

Amplio panorama

Cada persona cuenta con cuatro abuelos, ocho bisabuelos (segundos abuelos), dieciséis tatarabuelos (terceros abuelos) -véase Diagrama genealógico-

, 32 cuartos abuelos, 64 quintos abuelos, 128 sextos abuelos, 256 sétimos abuelos, 512 octavos abuelos, 1024 novenos abuelos y 2048 décimos abuelos; el número de abuelos en cada generación subsiguiente se multiplica por dos.

Con este amplio panorama, puede escogerse entre investigar un solo antepasado, todos, sólo la línea directa paterna ascendente, una familia o todos sus descendientes. Una vez que ha elegido la opción que pretende investigar, debe seguir un orden (aunque no extremadamente riguroso) que le impida dispersarse de su meta. Una genealogía es efectivamente como un árbol lleno de intrincadas ramas que se bifurcan constantemente.

Por supuesto, durante la investigación, el genealogista encontrará múltiples escollos (escritura antigua de caligrafía complicada -para superar este obstáculo, la paleografía es muy importante-, lagunas documentales, posibles errores en los documentos consultados, documentos contradictorios, hijos bastardos cuya filiación se complica, uso de varios apellidos o nombres por un mismo individuo, o personas con nombres y apellidos iguales o similares) pero si no se deja amilanar y persevera en su trabajo, eventualmente, más tarde o más temprano, logrará resolver muchas incógnitas.

Durante este viaje al pasado, cada persona, de una manera íntima tendrá un encuentro con sus antecesores, consigo mismo; encontrará la respuesta a muchas preguntas que lo ayudarán a conocerse a sí mismo y a su núcleo familiar. Parafraseando el adagio, es bueno saber de dónde venimos porque nos ayuda a saber hacia dónde vamos.

Edición 5

Mestizaje

Esclavitud

Cómo realizar una genealogía

Fuentes para la investigación en Centroamérica

Inventarios sacramentales


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