La Nación Digital. Columna Raíces

Edición 8

Inmigrantes chilenos en Costa Rica

La familia Alvarez Meléndez

El caso de Juan Cristóbal Alvarez y Bibiana Meléndez

Mauricio Meléndez Obando

Finalmente, tenemos el caso de Juan Cristóbal Alvarez de Rojas, quien nació en 1715, en San Bartolomé de la Serena (hoy solo La Serena, Chile), y fue hijo del capitán Pedro Alvarez y doña María Constanza de Rojas.

También criollo (español nacido en América), es posible que llegase a Costa Rica (hacia 1730) en busca de mejores horizontes para sí y sus descendientes. Antes de ingresar a Costa Rica, estuvo en el Reino del Perú y el de Tierra Firme (Panamá). Hasta ahora no se ha encontrado algún documento que explique de manera explícita por qué Juan Cristóbal hizo un viaje tan largo a una de las zonas menos importantes de la Real Audiencia de Guatemala. Quizá se embarcó en una empresa contra los piratas, como otros suramericanos en ese periodo, y decidió finalmente hacer una nueva vida lejos de su tierra natal.

Se estableció provisionalmente en Cartago, la capital de la provincia, donde conoció a doña Bibiana Meléndez González (en ese momento de 14 años), hija legítima de Sebastián Meléndez Chacón y Ana González. Bibiana vivía con su madre (ya viuda) y su primo Eusebio Meléndez Araya, quien después fue cura de Villa Nueva (San José), donde bautizó a muchísimos de sus primeros pobladores.

Juan Cristóbal se dedicó a los asuntos notariales y ocupó el cargo de ayudante mayor en el llamado cuartel de la Boca del Monte (o valle de Aserrí -San José-) y Barba, lugares en que es citado en diversos documentos como albacea, avaluador o simplemente testigo. También trabajó un año en Guanacaste.

Amantes

Bibiana, siempre consignada como doña (trato distintivo para los españoles y criollos), se convirtió en la amante de Juan Cristóbal. De esta relación nacieron cuatro hijos bastardos: Francisco Bruno, José Rafael, Felipa Anastasia y María Josefa, quienes usaron casi siempre su apellido materno; casaron, respectivamente, con María Catalina Porras Sosa, María Josefa Porras Sosa, el capitán Trinidad Castro Lizondro (hoy este apellido es Elizondo) y Antonio José Sáenz Castro.

Como a menudo ocurre, la familia se preocupó por "ocultar" lo que todo el mundo sabía; incluso cuando nació Felipa Anastasia, un hermano de Bibiana, Francisco (de quien descendemos la mayoría de los Meléndez de Costa Rica), la llevó a la pila bautismal y aseguró al cura que la niña había sido expuesta a las puertas de su casa (costumbre de la época de abandonar a los hijos ilegítimos en las casas de parientes, maternos o paternos, de la criatura); la realidad fue muy probablemente otra: tal vez nació en su propia casa, con la asistencia de su esposa María Manuela González Segura, quien además fue la madrina de bautismo de la niña.

Se desconoce también la razón por la que Alvarez no casó con Bibiana, pues la relación fue constante. Es posible que el chileno no haya podido probar su soltería ante las autoridades eclesiásticas, a lo que estaba obligado todo extranjero y para lo que requería de al menos tres testigos que corroboraran la soltería del solicitante, de los que Alvarez carecía. O quizá estaba conforme con una relación, aunque vetada por la Iglesia, de la que obtenía placer y prole.

La separación

Bibiana -suponemos-, cansada de esperar un matrimonio que no se vislumbraba, se casa en Villa Nueva, el 20 de noviembre de 1747, con el capitán Juan Alejandro Mora Chaves (de la misma familia a la que pertenecieron Juan Mora Fernández, primer jefe de Estado, 1824-1833, y Juan Rafael Mora Porras, presidente de la República, 1849-1859).

El matrimonio duró poco, pues el joven Juan Alejandro, sumamente enfermo, según declara en su testamento del 24 de marzo de 1748, murió el 4 de abril, a los 28 años.

Alvarez, despechado por lo que le había hecho Bibiana, consigue los testigos que necesitaba para probar su soltería. Presenta una solicitud a las autoridades eclesiásticas, el 24 de mayo de 1748, en que asegura que "desea tomar estado de matrimonio" con Lorenza de Segura Padilla, vecina del Valle de Barba.

Agustín de Moya, natural de la ciudad de Concepción, en Chile, aseguró "que conoce al que lo presenta [Alvarez] desde niño [...] en dicho reino [Chile], en el del Perú, Reino de Tierra Firme y en esta provincia y no ha llegado a su noticia [conocimiento] el que haya dado palabra de casamiento a ninguna persona porque el testigo lo supiera [sabría], en virtud del trato y comunicación" que tienen.

La declaración de Moya resulta sospechosa cuando afirma que lo conoce desde niño, pues San Bartolomé de la Serena, de donde es oriundo Alavarez, queda a más de 1.000 kilómetros de Concepción, y tomando en cuenta los deficientes medios de comunicación de la época, la versión parece ser una mentira mayúscula urdida por Alvarez y el que se dice amigo de la infancia.

El matrimonio

Y cuando todo estaba listo para el matrimonio de Alvarez con Lorenza, ocurre lo inesperado, Juan Cristóbal contrae matrimonio el 19 de julio del mimo año con Bibiana... Tres meses antes, ella había enviudado de Mora.

¿Acaso fue esto un plan urdido por los amantes? ¿Estaría Lorenza enterada o fue víctima de un engaño? Las respuestas exactas posiblemente nunca las conozcamos.

Viuda y embarazada, Bibiana es apoyada por su nuevo marido, pero antiguo amante, para reclamar los bienes que le corresponden a ella y su hijo, que asegura es de Juan Alejandro, quien no había declarado su embarazo (asegura Bibiana) porque no estaban seguros de que ella estuviera encinta.

Finalmente, Bibiana obtiene los bienes para sí y su hijo Cayetano Mora Meléndez, quien nació once meses después del matrimonio con Juan Alejandro y seis después de su muerte.

Aunque Cayetano fue bautizado como hijo póstumo legítimo de Juan Alejandro y Bibiana, casi siempre utilizó el apellido Meléndez, con el que lo conocía la mayoría de sus vecinos; de hecho, es el fundador de la mayoría de los Meléndez de Alajuela, adonde se trasladó con su esposa Rosa Sáenz Mata, con quien había casado en 1789 un año después de haber muerto Bibiana.

Después de su matrimonio, Cristóbal y Bibiana gozaron de mucha simpatía en la naciente sociedad josefina. Fueron padrinos de boda y de bautismo de decenas de vecinos de San José de todos los estratos sociales.

Juan Cristóbal Alvarez murió en la Villa Nueva, el 30 de noviembre de 1761; Bibiana lo sobrevivió más de 16 años, falleció en la misma villa, el 1º de mayo de 1788 (hace casi 207 años).

Algunas de las familias josefinas que descienden de ellos son: Zúñiga, Sáenz, Meléndez, Valverde, Porras, Chaves, Ramírez, Agüero, Jiménez y Retana.

Otras familias que descienden de Bibiana en Alajuela son: Meléndez, Molina, Sibaja, Rodríguez, Porras, Ruiz, Méndez, Lizano, Moya, Ramírez, Monge, García, Ovares, Solano, Arroyo y Sánchez.

Conclusión

Así como estos cuatro casos hay cientos más de criollos, mestizos, mulatos, indios y negros que llegaron a Costa Rica en la época colonial y que han dado origen a nuestro pueblo, el cual ha sido el resultado de la mezcla inicial del indio, el español y el negro y la remezcla entre sus descendientes.

Todas estas familias están esperando ser investigadas para llegar a un conocimiento integral de las raíces de nuestros pueblos.

Temas de esta edición:

Familia Proa Acosta

Familia Morales Céspedes

Familia Castañeda Chaves

Familia Alvarez Meléndez


Glosario

Familias estudiadas

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