Edición 48 Antepasados de los costarricensesLa familia Álvarez de Tobar de La Serena, Chile, a San José, Costa RicaTrataba de hallar
el rastro de los padres del chileno Juan Cristóbal Álvarez,
quien estableció su residencia en En años
recientes se han publicado investigaciones sobre las
familias chilenas más antiguas; se trata de tres
tomos: Familias fundadoras de Chile 1540-1600, Familias fundadoras de Chile 1601-1655 y Familias fundadoras de Chile 1656-1700. Obras extensas, aunque no
exhaustivas, sobre las familias más antiguas –principalmente
españolas– de ese país suramericano,
por supuesto del periodo de la conquista y posteriores.
Los autores de esta excelente investigación (no
todos participan en los tres tomos que juntos superan
las 2.500 páginas) son Julio Retamal Favereau,
Carlos Celis Atria, Juan Guillermo Muñoz Correa,
José Miguel de En estos libros
y también en el artículo “El
conquistador Diego de Rojas y su descendencia”, de
Juan Barrios
Barth, publicado en Por
supuesto, es posible que exista más bibliografía
sobre las personas aquí reseñadas, pero
será motivación para investigaciones más
detalladas sobre estos antepasados de muchos costarricenses. Según
la documentación generada en Costa Rica, Juan
Cristóbal Álvarez, quien se desempeñó por
muchos años como ayudante mayor de las milicias
de la provincia, donde, además, es citado en infinidad
de documentos como albacea, avaluador o testigo, fue
hijo legítimo del capitán Pedro Álvarez
y doña María Constanza de Rojas, vecinos
de San Bartolomé de Curioso que,
ese año, el 15 de junio(1),
se bautizó en En la búsqueda
que realizamos en Utah, solo hallamos un capitán
Pedro Álvarez [citado también como Álvarez
de Tobar(2)], pero él estaba casado con doña Ana
de Rojas y Cortés y no doña María
Constanza de Rojas. Cuando aún no conocía
el artículo de Barrios Barth, suponíamos,
por el uso de los apellidos, que doña Ana podría
haber sido hija del capitán Juan de Rojas y doña
Ana Cortés, quienes contrajeron matrimonio en No obstante,
después se pudo comprobar por el citado artículo
que efectivamente doña Ana de Rojas y Cortés
era hija del capitán Juan de Rojas y Carabantes
y doña Ana Cortés y Mendoza, y que doña
María Constanza –la madre de Juan Cristóbal– era
hermana de doña Ana de Rojas. El capitán
don Pedro Álvarez de Tobar y Antonia Álvarez
de Tobar [de seguro su parienta] fueron padrinos de Tomasa
Josefa, española, hija legítima del alférez
Lorenzo Yáñez y Josefa Marín, bautizada
en ciudad de Don Pedro Álvarez
y Tobar [así mencionado] y doña Ana de
Rojas fueron padrinos de Santiago, hijo de Vicente de En Costa Rica,
Juan Cristóbal nunca emplea ni es citado como Álvarez
de Tobar (el siempre firmó Juan Cristobal Albarez,
rubricado). Ya habíamos pensado que tal vez no
había sido hijo de matrimonio –aunque él
lo asegura así– y, por esa razón,
no hallábamos el matrimonio de sus padres en Finalmente, gracias
a las citadas publicaciones –sobre todo el artículo
de Barrios Barth–, estamos seguros de que, efectivamente,
Juan Cristóbal no fue hijo de matrimonio, sino
del adulterio y el incesto. Don Pedro y doña María
Constanza eran cuñados, pues esta y doña
Ana –esposa de don Pedro– eran hermanas carnales,
pero, además, la madre de Pedro y la de Constanza
eran primas hermanas. Asimismo, tal
parece que el nombre Juan Cristóbal lo tomaron
de su abuelo paterno, Juan Álvarez de Tobar, y
de un tío de don Pedro llamado precisamente don
Cristóbal Álvarez de Tobar y Astudillo. Habrá que
revisar, en los archivos serenenses, la mortual (si es
que existe) de don Pedro Álvarez de Tobar, el
poder para testar que este dio –antes de su muerte,
el 6 de julio de 1748– a su hijo don Bernardino Álvarez,
y el testamento que, con ese poder, otorgó don
Bernardino. También,
se tendrá que verificar el testamento por poder
que pudo haber otorgado don Diego [de Rojas(5)]
en nombre de su hermana doña Ana de Rojas, quien
fue sepultada el 5 de febrero de 1735. Finalmente, habrá que
investigar más sobre doña Constanza de
Rojas y Cortés, quien contrajo matrimonio con
el capitán don Gaspar Marín y Riberos –viudo
a su vez de doña Rosa Mendiola–. Doña
Constanza y don Gaspar no dejaron sucesión. De igual manera,
en estas familias es frecuente encontrar el uso de ciertos
nombres; por ejemplo, entre los Álvarez de Tobar,
Bernardino y Cristóbal. Entre los Rojas,
hay al menos dos Diego de Rojas Carabantes (padre e hijo),
dos Constanza de Rojas (tía y sobrina). Entre
los Cortés, hallamos dos Gregorio Cortés
(padre e hijo). Antes de ingresar a Costa Rica, Juan
Cristóbal estuvo en el Reino del Perú y
el de Tierra Firme (Panamá). Hasta ahora no se
ha encontrado algún documento que explique de
manera explícita por qué Juan Cristóbal
hizo un viaje tan largo a una de las zonas menos importantes
de
En este mapa parcial de América
del Sur puede verse la ubicación de Chile y sus
vecinos más cercanos. (Tomado de Diccionario Enciclopédico
González Porto). Como a menudo ocurría en esos
casos, la familia se preocupó por “ocultar” lo
que todo el mundo sabía; incluso cuando nació Felipa
Anastasia, un hermano de Bibiana, Francisco (de quien
descendemos muchísimos de los Meléndez
de Costa Rica), la llevó a la pila bautismal y
aseguró al cura que la niña había
sido expuesta a las puertas de su casa (costumbre de
la época de abandonar a los hijos ilegítimos
en las casas de parientes, maternos o paternos, de la
criatura); la realidad fue muy probablemente otra: tal
vez nació en la misma casa de Francisco, con la
asistencia de la esposa de este, María Manuela
González Segura, quien además fue la madrina
de bautismo de la niña. Se desconoce también la razón
por la que Alvarez no casó con Bibiana, pues la
relación fue constante. Es posible que el chileno
no haya podido probar su soltería ante las autoridades
eclesiásticas, a lo que estaba obligado todo extranjero
y para lo que requería de al menos tres testigos
que corroboraran la soltería del solicitante,
de los que Alvarez carecía. O quizá estaba
conforme con una relación, aunque vetada por El matrimonio duró poco, pues
el joven Juan Alejandro, sumamente enfermo, según
declara en su testamento del 24 de marzo de 1748, murió el
4 de abril, a los 28 años. Alvarez, despechado por lo que le había
hecho Bibiana, consigue los testigos que necesitaba para
probar su soltería. Presenta una solicitud a las
autoridades eclesiásticas, el 24 de mayo de 1748,
en que asegura que “desea tomar estado de matrimonio” con
Lorenza de Segura Padilla, vecina del Valle de Barba. Agustín de Moya, natural de la
ciudad de Concepción, en Chile, aseguró “que
conoce al que lo presenta [Alvarez] desde niño
[...] en dicho reino [Chile], en el del Perú,
Reino de Tierra Firme y en esta provincia y no ha llegado
a su noticia [conocimiento] el que haya dado palabra
de casamiento a ninguna persona porque el testigo lo
supiera [sabría], en virtud del trato y comunicación” que
tienen. La declaración de Moya resulta
sospechosa cuando afirma que lo conoce desde niño,
pues San Bartolomé de ¿Acaso fue esto un plan urdido
por los amantes? ¿Estaría Lorenza enterada
o fue víctima de un engaño? Las respuestas
exactas posiblemente nunca las conozcamos. Viuda y embarazada, Bibiana es apoyada
por su nuevo marido, pero antiguo amante, para reclamar
los bienes que le corresponden a ella y su hijo, que
asegura es de Juan Alejandro, quien no había declarado
su embarazo (afirma Bibiana) porque no estaban seguros
de que ella estuviera encinta. Finalmente, Bibiana obtiene los bienes
para sí y su hijo Cayetano Mora Meléndez,
quien nació once meses después del matrimonio
con Juan Alejandro y seis después de su muerte. Aunque Cayetano fue bautizado como hijo
póstumo legítimo de Juan Alejandro y Bibiana,
casi siempre utilizó el apellido Meléndez,
con el que lo conocía la mayoría de sus
vecinos; de hecho, es el fundador de la mayoría
de los Meléndez de Alajuela, adonde se trasladó con
su esposa Rosa Sáenz Mata, con quien había
casado en 1789 un año después de haber
muerto Bibiana. Después de su matrimonio, Cristóbal
y Bibiana gozaron de mucha simpatía en la naciente
sociedad josefina. Fueron padrinos de boda y de bautismo
de decenas de vecinos de San José de todos los
estratos sociales. Juan Cristóbal Alvarez murió en Algunas de las familias josefinas que
descienden de Juan Cristóbal y Bibiana son: Zúñiga,
Sáenz, Meléndez, Valverde, Porras, Chaves,
Ramírez, Agüero, Jiménez y Retana. Otras familias que descienden de Bibiana
en Alajuela son: Meléndez, Molina, Sibaja, Rodríguez,
Porras, Ruiz, Méndez, Lizano, Moya, Ramírez,
Monge, García, Ovares, Solano, Arroyo y Sánchez. Chile, su gente
e historia La información
reseñada, se tomó del Diccionario Enciclopédico UTEHA, tomo III (Unión Tipográfica
Editorial Hispano Americana, México, 1953, págs.
994-1001). Antes de la llegada
de los españoles, Chile estaba habitado por diversos
pueblos de muy diferente nivel cultural (atacameños,
changos, araucanos, chonos, alacalufes, onas, yanganes).
El Norte Grande fue cuna de la cultura atacameña,
que a fines del primer milenio se extendió hasta
las regiones centrales del Perú, donde se refundió con
la cultura chincha y alcanzó por el interior hasta
Cusco. La primera fase de este desarrollo comprende los
años Desde Taitao
hacia el sur, la costa estaba habitada por los chonos,
emparentados, al parecer, con los araucanos, y más
al sur todavía vivían los llamados pueblos
fueguinos: alacalufes, en la parte oeste de El Imperio Incaico
se había extendido hasta el río Maule,
en el siglo anterior a la llegada de los españoles,
y realizó traslados forzosos de grupos de pueblos,
con los que formó colonias (mitimaes). De esta
manera se organizaron algunas de quechuas y atacameños
en territorio araucano, y se impuso en todas las partes
la organización política y la lengua del
Imperio. En Los araucanos
opusieron una violentísima resistencia al dominio
español, al punto de que Por supuesto,
como en todos los territorios españoles en América,
la presencia de africanos esclavos y luego sus descendientes –igualmente
esclavos y otros libres– formaron parte de algunos
troncos genealógicos en Chile, sin embargo, su
estudio detallado está pendiente. Como pasó en
Costa Rica, hoy sus descendientes están por doquier,
aunque hay pocos chilenos que hayan investigado esta
raíz y la acepten explícitamente. Quizá el
personaje más destacado de origen afromestizo
sea Gabriela Mistral. Al separarse
Chile de España (1810), la parte realmente ocupada
de su actual territorio, se extendía desde el
Biobío hasta Copiapó. Un censo realizado
en 1791 arrojó un total de 308.846 habitantes,
pero se estima que está incompleto; para la llamada
Patria Vieja, se acepta como población, en 1810,
la de 500.000, número al que hay que añadir,
al compararlo con posteriores, 20.000 habitantes del
Norte Grande, 100.000 araucanos independientes, 30.000
chilotes y 6.000 indígenas de La inmigración
habida en el siglo XIX no fue apreciable. Esporádicamente,
llegaron, primero, británicos, alemanes, franceses
y otros europeos; y posteriormente, comenzó a
predominar la inmigración española y la
italiana, a la que finalmente se agregaron los yugoslavos, árabes
y judíos. El número
total de extranjeros era en 1940 de 107.273, cifra que
representaba entonces el 2% de la población total
del país. Debido a la escasa migración,
el incremento de la población dependía
casi exclusivamente del crecimiento vegetativo. Hasta
1931, la natalidad se mantuvo a un nivel muy constante,
algo superior a 30.000 habitantes; pero la mortalidad,
que hasta mediados del siglo XIX había sido cercano
a los 20.000 habitantes, comenzó a aumentar hasta
alcanzar a 35.000 en 1920, producto del rápido
incremento de la población urbana y minera, con
medidas de higiene insuficientes. Desde 1920, la acción
sanitaria y hospitalaria, y la legislación social,
lograron reducir la mortalidad a 17.000 en 1947.
Chile fue descubierto
a los ojos de Europa en 1520 por Fernando de Magallanes,
quien después de cruzar el estrecho que lleva
su nombre, recorrió las costas australes hasta
la isla Mocha. En 1535, Diego
de Almagro realizó una primera expedición
de conquista desde el Perú y llegó hasta
Santiago, pero desengañado por no encontrar grandes
riquezas de minerales preciosos, regresó al año
siguiente al Perú. El verdadero
conquistador español del país fue Pedro
de Valvidia, quien inició su expedición
en 1540 y fundó Santiago el 12 de febrero de 1541.
En los años siguientes, logró avanzar hasta
el territorio de la actual Valdivia, más encontró una
fuerte resistencia de parte de los araucanos y fue vencido
decisivamente en 1553, sin que escapara a la matanza
ninguno de sus soldados. El más caracterizado
entre sus sucesores, García Hurtado de Mendoza,
logró consolidad la conquista y avanzar la ocupación
hasta Chiloé. Pedro Sarmiento
de Gamboa intentó en 1583 fundar dos aldeas en
el estrecho de Magallanes, pero todos los colones, salvo
dos, perecieron de hambre, y en 1598 el gobernador Óñez
de Loyola sufrió una gran derrota en Curalaba,
como consecuencia de la cual los españoles se
vieron obligados a establecer una línea fortificada
a lo largo del Biobío, que se conservó hasta
después de 1860. El territorio
situado al sur de esta línea se perdió,
salvo algunas posiciones defendidas por los fortines
en Corral, Valdivia, Carelmapu y Calbuco. Chiloé fue
segregado de Chile y colocado bajo la administración
directa del vierrey del Perú. La historia durante La parte más
valiosa del país, el Valle Central, estaba destinada
a la ganadería extensiva; pero se aprovechaban
solamente los cueros y el sebo de las reses, y se quemaba
la carne por falta de consumo. En el siglo XVIII, surgió la
minería de oro y plata, y en menor escala la de
cobre, mas no se descubrió ninguno de los grandes
yacimientos minerales que han sido explotados desde el
siglo XX. La cultura colonial
era sumamente rústica y modesta. Algunos de los últimos
gobernadores españoles, entre ellos, Gabriel Cano
de Aponte (1717-1737), José Manso de Velanso (1737-1745),
Domingo Ortiz de Rosas (1746-1755), Agustín de
Jáuregui (1773-1780), Ambrosio de O’Higgins
(1788-1796) Y Luis Muñoz de Guzmán (1802-1808),
se señalaron por un magnífico espíritu
progesista, impulsaron vigorosamente el desarrollo de
la colonia y fundaron núcleos urbanos, con el
fin de reunir la población dispersa. En 1756, se inauguró en
Santiago
El 18 de setiembre
de 1810, se formó en Santiago una Junta de Gobierno,
encabezada por Mateo de Toro Zambrano, que constituyó un
gobierno autónomo, dentro de Después
del serio contratiempo sufrido en Cancha Rayada, la batalla
de Maipú (5 de abril de 1818) consolidó definitivamente
la independencia de Chile. O’Higgins asumió el
mando (1818-1823), organizó con enormes sacrificios
para el país una escuadra nacional, que destruyó a
la española en el Pacífico, y abrió el
camino para que una expedición libertadora se
trasladara al Perú, a fin de batir definitivamente
a los españoles en aquel país, empresa
que terminó Bolívar con el ejército
colombiano. En 1823, O’Higgins
fue obligado a resignar al mando, hecho al que siguió,
hasta 1830, un periodo de anarquía con frecuentes
asonadas militares, hasta que Diego Portales (1793-1837),
unido al ejército de la frontera, puso término
a la guerra civil en la batalla de Lircay (1830). Portales fue
el verdadero organizador de Cuando se sublevó en
1837 el ejército formado para combatir la dictadura
de Andrés Santa Cruz, jefe de En los 60 años
transcurridos entre 1831 y 1891, Chile se transformó de
la más atrasada de las colonias españolas,
en una nación moderna y progresistas. Su desarrollo
en ese periodo fue distinto del de otros países
hispanoamericanos, que se debatían, en su mayoría,
en una verdadera anarquía política. El propósito
de Portales de impedir que desde el Perú se perturbara
el orden chileno, como lo pretendía Santa Cruz,
se logró con la victoria de Yungay (1839), en
la que fue derrotado el ejército de Santa Cruz,
quien se vio obligado a dimitir. Al respecto Retamal
Faverau(6) afirma: “Lo
más interesante es que, a pesar de la incesante
guerra, la mezcla racial de europeos e indígenas
fue bastante temprana y numerosa. Hubo incluso conquistadores
que llegaron a Chile con compañeras indias o con
prole de ellas. El
mestizaje fue mayoritariamente ilegítimo –con
bastantes excepciones–, pero tendió a seguir
la notoria división en estamentos que regía
a la sociedad castellana. Vale decir, peninsulares nobles
contraían nupcias con indias de alcurnia, en tanto
que simples pecheros tendían a casarse o a convivir
con naturales de más baja extracción. El
caso más ilustrativo del primer tipo lo constituye
el de Martín García Oñez de Loyola,
sobrino de San Ignacio y gobernador de Chile (1593-1598),
quien casó con la “ñusta” Beatriz
Coya, descendiente de la familia real de los Incas. Otro
caso similar es el de García Díaz de Castro,
de destacada actuación en Como se dijo,
la inclusión de la raíz africana espera
aún estudios profundos que muestren su impacto
genealógico en la sociedad colonial chilena y
sus repercusiones en la actual; muy posiblemente, el
racismo ha sido uno de los elementos que ha frenado tales
investigaciones y su difusión (no solo en Chile,
como lo hemos dicho en otras columnas).
Tal parece que
los Álvarez de Tobar tienen mucha relación
con Perú, y esta será una veta de investigación
que podría retomarse en otro momento. Don Juan Cristóbal Álvarez
fue hijo de don Pedro Álvarez de Tobar, quien
lo fue de don Juan Álvarez de Tobar, quien lo
fue de don Bernardino Álvarez de Tobar, quien
lo fue de don Diego Álvarez de Tobar. Hemos encontrado
otros miembros de esta familia, cuya filiación
con Juan Cristóbal desconocemos por el momento. Por ejemplo,
Cristóbal Álvarez de Tobar y Cuello, abogado
de También
se cita al canónigo Gil Álvarez de Tobar,
quien junto con Ana de Galleguillos, fue padrino de bautizo
de Juan Alfonso Velásquez de Covarrubías,
nacido en Santiago de Chile y bautizado en dicha ciudad,
el 26 de setiembre de 1619(8). Así, por
ejemplo, por los Ortiz, Juan Cristóbal es tataranieto
de doña Catalina Ortiz de Carabantes, sobrina
de Marina Ortiz de Gaete (1509), esposa del conquistador
Pedro de Valdivia. De esta misma familia Ortiz descienden
al menos 15 presidentes de Chile, de acuerdo con los
estudios de Retamal Faverau(9); veamos algunos de ellos: Bernardo O’Higgins
Riquelme (prócer de Algunas esposas
de presidentes también descienden de los Ortiz:
Mariana Aguirre Boza, esposa de Francisco Ramón
Vicuña Larraín (1830); Emilia Toro Herrera,
esposa de José Manuel Balmaceda Fernández
(1886-1891), Gertrudis Echenique Mujica, esposa de Federico
Errázuriz Echaurren (1896-1901); Graciela Letelier
Velasco, esposa de Carlos Ibáñez del Campo
(1927-1930 y 1952-1958); Juanita Aguirre Luco, esposa
de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941); Finalmente, entre otros muchos personajes de la cultura descendientes de los Ortiz están: el poeta Vicente Huidobro (1893-1948), el pintor Roberto Matta Echaurren (1911), el escritor José Donoso Yáñez (1923), la exanimadora de TV y actriz Cecilia Bolocco Fonck (Miss Universo 1987 y esposa de Carlos Ménem, expresidente de Argentina) y la escritora Isabel Allende Llona. Algunas
características de los
documentos consultados
Sobresale en
las partidas matrimoniales de la parroquia de San Bartolomé de Hasta el momento,
solo hemos hallado en un testamento del valle de Curridabat,
en San José, a principios del siglo XVIII un caso
similar a los chilenos, en que se menciona el nombre
del padre y se añade que es “de madre no
conocida”. En el caso chileno,
ignoramos si se omite el nombre de la madre para salvaguardar
el honor de alguna “española” o si
por ser madre indígena –o mestiza– no
interesaba consignarse su nombre. Esto habrá que
investigarlo con mayor detenimiento y es muy posible
que los genealogistas chilenos conozcan muy bien las
causas de este uso en la documentación de No pudimos vincular
a todos los miembros de esta familia que hallamos en
la corta investigación que realizamos en Utah,
así que presentamos –como un anexo– aquellos
no vinculados aún en núcleos familiares
ordenados cronológicamente según la cabeza
de familia de cada grupo. Etimología Álvarez es un apellido patronímico derivado del nombre
propio Álvaro y
significó originalmente “hijo de Álvaro”. Álvaro
es nombre de pila que también puede ser apellido,
de origen visigodo Alwars,
*ala, “del todo” o alla “todo”, y warja, “defensa”, “protección” (alemán wehren): “el que se defiende bien”, “defensor de
todos” (10). Algunas variantes
del apellido: Álvar, Álbaro, Álvaroz,
Alvaroni, Alveroni, Albareri; Alavárez, Álvavez,
Albar, Álbarez, Albares, Albarino; Alvarro, Alvero,
Alvara, Alvarade. En Filipinas: Alvera,
Alvarín, Alvarino, plantas y árboles
silvestres (León). En
composición Albardíaz, Alvarsánz. En
italiano Alvaro,
derivados: Alvarino, Alverino y De Álvarez (sefardí). Por otra parte,
de acuerdo con Gutierre Tibón, Tobar es
un derivado de Toba –también
apellido–, que deriva del latín vulgar tofa, a su vez del latín thophus, que proviene del griego tóphos, “toba”, “piedra
caliza muy porosa”. Tobar significa “cantera de toba” y
se originó en poblaciones en las provincias de
Burgos, Valladolid, Segovia, Cuenca y Ciudad Real(11). Variantes: Tovar, Toval, Tobal, Tobadilla, Tobarquela, Tobaruela, Tobarvela, Tobajas, Tobarra, Tobares, Tovares, Tobes, Toves, Tober y Tovisco. Toboso, “formado
de piedra toba”, es una villa en la provincia de
Toledo; Tobarina, se originó del valle en la provincia
de Burgos. Finalmente, los
equivalentes en otras lenguas son: Tufo (italiano), Tuffier, Tufféry, Tuffal y Tuffaud (francés). Agradecimiento Un especial agradecimiento
a Joaquín Alberto Fernández Alfaro, excompañero
de ¿Cómo
leer esta genealogía? Uno de los sistemas más simples
y prácticos para escribir un árbol genealógico
ascendente total, también conocido como genealogía
de costados (o árbol de costados), es el Sosa-Stradonitz
(la numeración fue ideada por el genealogista
español Jerónimo de Sosa y divulgada ampliamente
por el alemán Stephane Kikule von Stradonitz). Este
sistema consiste en numerar cada uno de los antepasados
y el límite lo establece el investigador mismo
pues se puede prolongar hasta el infinito (teóricamente,
porque en realidad se puede continuar hasta donde las
fuentes lo permitan). Así,
a toda persona le corresponderá un número.
Al individuo del que se realiza la genealogía
(en este caso Juan Cristóbal Álvarez),
le corresponderá el número 1. Si
se multiplica el número por dos, el resultado
es el número que corresponde al padre de la persona
investigada (Juan Cristóbal Álvarez) y
si se le adiciona uno a ese resultado, se obtiene la
cifra que corresponde a su madre –segunda generación–;
se deduce, entonces, que los números pares siempre
antecederán a los varones y los impares a las
mujeres. Partiendo del número 1, obtendremos,
al aplicar la citada regla matemática, que el número
del padre de este será igual a 1X2=2;
y al sumarle 1 (2+1=3) da el número que le corresponde
a la madre (3). Ahora bien, idealmente, no debería
ser solo de una lista, habría que anotar los datos
biográficos y familiares que permitan conocer
al individuo y su familia, estos deben ser escritos después
de los nombres de cada pareja de “abuelos”.
Se deben añadir las fuentes de información
de las que se toman los datos (en esta genealogía,
por motivos de espacio, apenas hemos citado algunos datos
biográficos básicos de los antepasados
de don Juan Cristóbal Álvarez). Los cuatro abuelos del número 1 conforman la tercera generación ascendente, y para conocer los números que se les deben asignar se efectúa la operación ya citada; se multiplica la cifra del padre de don Juan Cristóbal Álvarez por dos (2X2=4) y se obtiene así el número que le corresponde al abuelo paterno (4) y si se le suma a este 1 (4+1=5) da como resultado el número de la abuela paterna (5); por otra parte, si se multiplica el número de la madre de don Juan Cristóbal Álvarez por 2 (3X2=6), se obtiene el número que le toca al abuelo materno (6) y al sumarle la unidad (6+1=7), logramos el número de la abuela materna (7). Por supuesto, el sistema permite avanzar o retroceder en la genealogía; si se quiere saber, en cambio, de quién es padre una persona, el número se divide entre 2 (por ejemplo, tenemos el número 8; entonces, 8÷2=4); pero si se trata de una mujer, primero le restamos 1 y luego lo dividimos entre 2; así sabremos de quién es madre (por ejemplo, 13; entonces, 13-1 =13÷2=6). Este tipo de genealogía quedaría
ordenada de la siguiente manera: 1. Juan
Cristóbal Álvarez. HIJO DE: 2. Padre
de don Juan Cristóbal Álvarez 3. Madre
de don Juan Cristóbal Álvarez. NIETO DE: 4. Abuelo
paterno. 5. Abuela
paterna. 6. Abuelo
materno. 7. Abuela
materna. BISNIETO DE (o SEGUNDO NIETO DE): 8. Bisabuelo
paterno-paterno. 9. Bisabuela
paterno-paterna. 10. Bisabuelo paterno-materno. 11. Bisabuela paterno-materna. 12. Bisabuelo materno-paterno. 13. Bisabuela materno-paterna. 14. Bisabuelo materno-materno. 15. Bisabuela materno-materna. Luego de los bisabuelos, se continuaría
con los 16 tatarabuelos (o terceros abuelos), que conforman
la quinta generación ascendente; y para numerarlos
se sigue la misma regla matemática, posteriormente
se anotan los 32 quintos abuelos y así sucesivamente. Asimismo, es importante indicar la generación
que se va a describir, como se muestra anteriormente,
así entre los bisabuelos y tatarabuelos, se escribirá “TATARANIETO
DE:” o “TERCER NIETO DE:”; entre los
tatarabuelos y los cuartos abuelos, “CUARTO NIETO
DE:”, y así subsecuentemente. Si se desconoce el nombre de algún antepasado, el número que se le debía asignar no debe ser usado para otro “abuelo”, simplemente no se escribe (o se consigna el número pero con el término “desconocido” o “desconocida” o “sin más datos por el momento”), como tampoco las cifras que hubieran correspondido a los antecesores de esa persona cuyo nombre desconocemos. Para completar los 30 antepasados de Amelia, para los que se contrató este trabajo, hemos seguido aquellas líneas para las que existe información. Hemos añadido información de 2 ancestros más. En total, se incluyen datos de 34 personas, partiendo de Juan Cristóbal Álvarez. Asimismo, se incluye información de los hijos de cada pareja reseñada, la cual no formaba parte del contrato original. Ascendencia del Ayud. Mr. Juan Cristóbal ÁlvarezMucha de la información
sobre los ascendientes de Juan Cristóbal fue tomada –en
algunos casos literalmente– de los libros Familias fundadoras de Chile. Hemos remitido en cada caso –en
las notas– a la referencia bibliográfica
correspondiente o a los registros microfilmados vistos
en Utah, EE. UU. 1. Juan Cristóbal Álvarez [ayudante mayor] Nació en
San Bartolomé de Juan Cristóbal
contrajo matrimonio en la villa de San José, el
19 de julio de 1748, con doña Bibiana Meléndez
González, su antigua amante, a la sazón
viuda del capitán Juan Alejandro Mora. Juan Cristóbal
y doña Bibiana fueron muy populares en Hijos de Juan
Cristóbal y doña Bibiana (muchas veces
sus hijos fueron citados y conocidos solo por el apellido
Meléndez): ·Dn. José Rafael Alvarez y Meléndez casó con
Da. María Josefa Porras. Al parecer, sin sucesión. ·Dn. Francisco Bruno Alvarez y Meléndez casó con
Da. María Catalina Porras.
Al parecer, sin sucesión. ·Da. Felipa Anastasia Alvarez y Meléndez casó con
Dn. José Trinidad Castro. Con
sucesión. ·Da. María Josefa Alvarez y Meléndez casó con
Dn. José Antonio Sáenz. Con sucesión. Hijo de: 2. Dn. Pedro Álvarez
de Tobar [maestre de campo] 3. Da. María
Constanza de Rojas [y Cortés] Como
ya dijimos, aunque Juan Cristóbal se dice hijo
legítimo de don Pedro Álvarez y doña
María Constanza de Rojas en el expediente matrimonial
que se tramitó FALTA, por los documentos que se
reseñan en el trabajo “El conquistador Diego
de Rojas y su descendencia”, de Juan Barrios Barth,
publicado en Don
Pedro fue maestre de campo en Casó en
la citada ciudad, el 3 de febrero de 1704 con su prima
doña Ana de Rojas y Cortés, quien otorgó poder
para testar en Por
su parte, como se dijo, Doña Constanza de Rojas
y Cortés casó con el capitán don
Gaspar Marín y Riberos, pero no tuvieron descendencia.
Don Gaspar había contraído primeras nupcias
con doña Rosa Mendiola y Robles, con quien sí tuvo
sucesión hasta nuestros días. Hijo único
de don Pedro y doña Ana: ·Dn. Bernardino Álvarez de Tobar
(regidor del Cabildo de Hijos
de don Pedro y doña Constanza: ·Ayud. Mr. Juan Cristóbal Álvarez
casó con Da. Bibiana Meléndez González. Nieto de: 4. Dn. Juan Álvarez de Tobar [maestre
de campo, general] 5. Da. Angela
de Allende y Mundaca Don
Juan llegó a ocupar el cargo de maestre de campo
y contrajo matrimonio en Hijos
de don Juan y doña Angela: ·Dn. Bernardino Álvarez de Tobar,
presbítero. ·Dn. Juan Álvarez de Tobar ·Dn. José Álvarez de Tobar ·Da. Rosa Álvarez de Tobar [Rosa
de Allende 1698] casó en ·Dn. Pedro Álvarez de Tobar casó con
Da. Ana de Rojas y Cortés. 6. Dn. Juan de Rojas Carabantes [capitán] 7. Da. Ana Cortés y Mendoza Don
Juan llegó a ocupar el rango de capitán
de las milicias españolas de Entre
otros bienes declaró la hacienda de las Diaguitas,
la estancia llamada Juntas –de 1.500
cuadras de tierras en el Valle de Samo Alto–, 500
cuadras más de tierra en ese valle y la viña
Rivadavia. Sus restos descansan en Don Juan y doña Ana fueron desposados el 4 de diciembre de 1662(19) |