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Edición 51

Genealogía de Francisca Carrasco Jiménez, heroína de la Campaña Nacional contra los filibusteros

Mauricio Meléndez Obando
Genealogista y filólogo

Generalmente, alrededor de los héroes, beneméritos y figuras sobresalientes de una sociedad se tejen mitos que no resisten el cotejo con las fuentes documentales.

Habrá que revalorar todas esas figuras para estudiarlas en su dimensión  integral, no se puede seguir basando la historia de los personajes históricos en un solo hecho por más significativo que este sea.

Así, a José María Castro Madriz se le atribuye ser el fundador de la República cuando el mérito realmente debería corresponder a Braulio Carrillo Colina, verdadero arquitecto del Estado costarricense; Juan Rafael Mora Porras, Don Juanito, supo mezclar muy bien los intereses nacionales con los particulares; Tomás Guardia Gutiérrez, dictador, reconoció haber recibido dinero de un empréstito en libras esterlinas que era para el país; Ricardo Jiménez Oreamuno, tres veces presidente de la República, también defendió los intereses de la United Fruit Company... En fin, habrá que analizar algunas de las figuras nacionales más connotadas y ubicarlas donde corresponde...

Como parte de las celebraciones de los 150 años de la Campaña Nacional contra los filibusteros, Raíces presentó en la quincuagésima columna la historia de Luis Pacheco Bertora, el héroe castigado (véase Raíces 50); en esta oportunidad traemos a nuestros lectores el caso de Francisca Carrasco Jiménez (más conocida como Pancha Carrasco), una de las pocas mujeres –y la más sobresaliente– que viajó con el Ejército Nacional a suelo nicaragüense a combatir contra los filibusteros.

Precisamente acerca de la figura de Pancha Carrasco se han tejido una serie de mitos que pretendemos erradicar con el siguiente trabajo, cuya mayor cualidad será estar fundamentado en fuentes primarias del Archivo Nacional de Costa Rica (ANCR) y del Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel (ABAT, antes Archivo Eclesiástico de la Curia Metropolitana).

Pese a que la información obtenida se trae abajo algunas de las facetas más difundidas sobre este personaje, no hay duda de que Francisca Carrasco Jiménez fue una heroína de la Campaña Nacional contra los filibusteros. Una mujer excepcional quien en lugar de permanecer en el Valle Central partió con los soldados para asistirlos directamente.

Por supuesto, su heroicidad representa también la de sus paisanas en tierras extrañas y la de aquellas que permanecieron en el Valle Central, donde muchas asumieron el control de sus hogares, sostuvieron las empresas familiares y contribuyeron calladamente en esta guerra por la soberanía costarricense.

Además –y concuerdo aquí con Luko Hilje Quirós (1)– Pancha Carrasco representa indudablemente “el alma y el coraje femeninos de nuestro ejército”, “encarna a las mujeres pobres (...) en quienes nadie reparó, en medio de la amnesia y olvido colectivos”.

Ahora bien, los héroes (institucionalizados) representan a cada uno de los costarricenses que asistió a la guerra en defensa de su patria, en la que tal vez sí pueda considerarse una guerra de independencia (recordemos que en 1821 la declaración de Independencia nos llegó desde Guatemala a lomo de mula sin el derramamiento de sangre).

Asimismo, en esta oportunidad hemos invitado a dos genealogistas que presentan sendos trabajos sobre Juan Santamaría y los soldados de Atenas que participaron en la Campaña Nacional, elaborados, respectivamente, por German Bolaños Zamora y Ramón Villegas Palma.

El primero nos ofrece un avance muy revelador sobre el Juan Santamaría histórico y los otros Juanes Santamaría (porque hasta ahora se han contabilizado 20) (leer la columna)... Mientras que el segundo incluye un listado de los soldados atenienses y los parientes de Juan Santamaría que pasaron al cantón de Atenas (leer la columna).

Foto Principal: 1347374
Pancha Carrasco, heroína de la Campaña Nacional 1856-1857, en un retrato que se conserva en el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, en Alajuela.

Orígenes familiares

 

Francisca Carrasco Jiménez tenía un origen humilde en La Puebla de la ciudad de Cartago; tanto la familia Carrasco como la Jiménez tenían orígenes mezclados de indios, negros y españoles, pero curiosamente ninguna de las tres raíces básicas resulta fácil de identificar pues la mezcla antigua proviene de los siglos XVII y XVI, en los cuales hay lagunas documentales difíciles de subsanar, sobre todo para familias de origen humilde y mezclado como los de Carrasco Jiménez.

Francisca nació en el ocaso del periodo colonial, caracterizado por la estratificación sociorracial, determinada tanto por factores biológicos como socioeconómicos. Los factores biológicos, como el color de la piel y del cabello, se expresaban por las diferencias raciales (2), según las cuales se estructuraba la sociedad en tres grupos básicos: españoles –criollos o peninsulares–, indios y negros; y sus mezclas: mestizos, mulatos y zambos, entre otras, conocidas más como “castas”. Así, los españoles ocupaban las máximas posiciones como presuntos portadores de la pureza de sangre y el honor, entre otros elementos, mientras los demás sectores estaban por debajo de ellos (aunque entre los españoles, también había subdivisiones, pues no era lo mismo ser hijodalgo que del pueblo llano), y en la posición inferior se tenía a los negros esclavos y sus descendientes –tanto esclavos como libres–, a quienes estaba vedado, según las leyes, cualquier posibilidad de ascenso a la cúspide. Pero, por otra parte, a los factores biológicos se asociaban elementos socioeconómicos como el honor, la vestimenta, la lengua, el trabajo, las relaciones de influencia y el poder económico, que fortalecían las separaciones raciales de los grupos(3).

Asimismo, esos elementos socioeconómicos hicieron mucho más compleja la estratificación pues mediante el lento ascenso de las castas, y en particular de los afrodescendientes, a mejores posiciones (acceso a la vestimenta, la lengua, el trabajo y el dinero que originalmente tenían solo los españoles) tornó relativas las divisiones sociorraciales(4).

Originalmente, la élite española fundamentó su rechazo a los otros grupos raciales en razones religiosas (por un lado, los indios fueron considerados infieles, primero, y cristianos nuevos, después; por otro, existía el temor de la contaminación de los negros por el posible contacto con el Islam), pero poco a poco adquirió una fuerte carga etnocéntrica contra esos grupos que carecían –según la visión hispana– de pureza o limpieza de sangre, honor y otras virtudes características de “lo español”, que per se daban grandeza, honor y dignidad a ese grupo frente a los otros(5).

De esta manera, las sociedades que integraban el Reino de Guatemala (Cartago incluida) estaban estructuradas sociorracialmente, donde una élite básicamente “blanca” procuraba reducir al mínimo el ascenso de los grupos considerados inferiores: indios, negros y sus descendientes mezclados. Pero, además, esta situación se refirió invariablemente a las relaciones matrimoniales entre españoles y miembros de esos grupos, pues, en la práctica, fuera de la ortodoxia matrimonial, las uniones sexuales entre los distintos grupos sociorraciales se dieron intensamente durante las tres centurias de dominación hispana(6).

Por esa razón, ya para el siglo XVIII, había gran cantidad de familias, algunas en claro ascenso socioeconómico, que tenían entre sus antepasados esclavos o indios, y a veces ambos. Algunos de sus miembros, evadiendo las limitaciones legales mediante declaraciones y documentos falsos, destacaron como sacerdotes, escribanos y hasta procuradores de la Real Audiencia(7).

Esta situación era común a toda la América hispana, pero debe tenerse presente que la pragmática social podía variar en el tiempo y en el espacio, según las particularidades de los territorios y la laxitud de las autoridades en la aplicación de las leyes vigentes, entre otros factores.

En esta realidad social nació Pancha Carrasco, obviamente sus padres y mayores le habrán contado historias que ella misma no presenció, pues cuando tenía 5 años, se eliminaron las categorías sociorraciales y se cambiaron todas por los términos “ciudadano” o “ciudadana”, con los que se pretendía establecer un nuevo orden de cosas...

Francisca Carrasco fue hija de José Francisco Carrasco y María de la Trinidad Jiménez; él casi siempre fue consignado en los documentos como mulato y ella, en cambio, casi siempre como mestiza (aunque el padre de ella es citado a menudo como mulato también). Así pues, el origen de Pancha Carrasco es humilde. No perteneció a una familia acomodada, como también se cita en diversas publicaciones en la Web.

No se halló la partida bautismal de Francisca Carrasco, quien nació hacia 1816, pues al momento de su muerte, en diciembre de 1890 se consigna que tenía 74 años.

En algunas publicaciones en Internet y otros artículos impresos, dan como día de nacimiento el 8 de abril de 1816; sin embargo, ninguno aporta la prueba documental. Asimismo, le dan por lugar de nacimiento el barrio de Taras de Cartago, no obstante, sus padres y abuelos fueron vecinos de La Puebla de la misma ciudad, según los documentos que hemos consultado.

Ocasionalmente ocurría que alguna partida de bautizo no era consignada en el libro o que se anotaba otro nombre en la partida por error de quien pasaba en limpio las partidas.

Solo hallamos tres partidas de bautizo de los Carrasco Jiménez: Petronila de Jesús, bautizada en octubre de 1817, Andrea de Jesús, bautizada en noviembre de 1818; y Pablo de Jesús, bautizado en enero de 1824.

Se sabe que ninguno de los hermanos de Francisca Carrasco estaba vivo a la muerte de su madre, María de la Trinidad Jiménez, y tampoco dejaron sucesión pues en la mortual de Trinidad se declaró como única heredera a Pancha.

No obstante, muchos costarricenses compartimos ancestros con Pancha Carrasco; por ejemplo, Gabriela Cubero –una de mis tatarabuelas maternas– era su parienta por la rama de los Rodríguez Hernández y el premio Magón 2005, don Carlos Aguilar Piedra, desciende también de los Rodríguez Hernández...

Finalmente, además de la familia Carrasco Durán –la más antigua del país–, existió otra fundada por el guayaquileño Francisco Carrasco, quien casó primera vez con Úrsula Obregón (posiblemente en Ecuador) y segunda vez en la ciudad de Cartago, el 22 de agosto de 1782, con María Dolores Cubero, hija legítima de José Cubero y Juana Paniagua; por cierto, tía abuela de Vicente Aguilar Cubero (vicepresidente de Costa Rica en 1856).

 

Su participación en la guerra

 

Los antecedentes de su participación en la política datan –según tradición popular, la cual tampoco pudimos confirmar documentalmente– del 29 de mayo de 1842, cuando Costa Rica estaba bajo la autoridad del general Francisco Morazán, quien había depuesto al presidente Braulio Carrillo Colina y pretendía, desde Costa Rica, reconstituir la unión centroamericana.

Ese día, Pancha Carrasco, montada a caballo y acompañada por varias mujeres, instigó al pueblo para que se resistieran a Morazán y sus fuerzas de ocupación. Esta acción no pasó de alboroto, pero –de ser cierto– mostraría el temperamento de esta mujer.

Francisca Carrasco Jiménez no sabía escribir ni firmar, según consta en diversos documentos, contrario a lo que se afirma en otros artículos de prensa e Internet. Incluso algunas la daban por secretaria de Juan Rafael Mora Porras (cuyos secretarios están plenamente identificados).

En realidad, Pancha Carrasco fue “asistenta” del Estado Mayor, en labores asignadas exclusivamente a las mujeres en aquellos tiempos: cocinar, lavar y, muy posiblemente, ayudar con los heridos y enfermos.

De acuerdo con el historiador Raúl Arias, experto en temas de la Campaña Nacional, aunque la misma Francisca asegura haber empuñado las armas como soldado, en ningún documento se ha podido respaldar tal afirmación; ni en los partes de guerra, ni en el diario del general Máximo Blanco ni en los informes del doctor Karl Hoffmann consta ninguna cita al respecto.

Arias –quien ha realizado detalladas investigaciones sobre la gesta heroica de los costarricenses– opina que Francisca Carrasco pretendió, con tal afirmación, lograr la pensión que pedía.

Precisamente, el 21 de junio de 1884 (8), Pancha misma se presenta ante el Congreso constitucional con la siguiente petición:

“Francisca Carrasco, mayor de edad y de este vecindario, a Vuestra Excelencia con profundo respeto digo:

En calidad de asistenta del general en jefe del Ejército y de su Estado Mayor, tomé parte en las gloriosas campañas de la República contra el filibustero Walker.

Era yo la única persona de mi sexo (9) que en el Ejército había, y presté en él servicios eminentes, no ya como simple asistenta, sino como soldado, al lado de los más valerosos oficiales.

En las acciones memorables de 11 de abril, captura de los vapores, captura del Castillo y la de las Cuatro Esquinas, tuve la fortuna de señalarme entre los más valerosos y denodados patriotas.

Referir minuciosamente mis hechos de armas, fuera inmodesto, y además ocioso, conociendo, como conocen todos los miembros de este cuerpo soberano, hasta el último detalle de aquella terrible y generosa lucha.

El general en jefe y sus primeros capitanes me colmaron de congratulaciones, y me ofrecieron una recompensa material por mi valor y mis servicios al aceptar aquellos mi situación de entonces me permitió tener la satisfacción de resignar la recompensa.

Pero los años y las enfermedades me han traído a otra situación bien distinta, la de la miseria, no puedo sustentarme con mi trabajo, y verdaderamente necesito un pan para sostener la existencia en los últimos días de la vejez.

Un pequeño auxilio del Estado en las tristes circunstancias que me rodean sería amplia recompensa de mis acciones de guerra; sería también poderoso motivo de emulación para las personas de mi sexo el día que por desgracia hubiera de verse comprometida la Patria con conflictos tan graves como los de la Guerra de Independencia Nacional.

Vengo, pues, animada de íntima confianza a implorar de Vuestra Excelencia el auxilio expresado y abrigo la persuasión de que Vuestra Excelencia me concederá lo que tan justamente pido.

San José, junio 21 de 1884

Excelentísimo Congreso Constitucional

A ruego de la petente

Gil Zuñiga (10), [rubricado]”

El Congreso lee la petición el 25 de junio de 1884 y la pasa a la Comisión de Gracia que recomienda darle una pensión de 10 pesos mensuales por el resto de su vida, la cual apoya el Congreso el 15 de julio de 1884.

Posteriormente, su hija, Manuela Solano Carrasco, pide el 31 de mayo de 1891, a la muerte de su madre, que le den la pensión a ella.

Entre otras cosas que pide al Congreso, Manuela dice:

“El Supremo Poder Ejecutivo, en atención a esos servicios prestados, asignó a mi expresada madre, el año 1886, una pensión de quince pesos mensuales, mientras el Cuerpo Legislativo decretaba en su favor la que en justicia correspondiera en las sesiones que debía celebrar en 1887. Así consta del Decreto N°1 de 8 de setiembre de 1886

Mi madre recibió de esta fecha en adelante la pensión dicha hasta su muerte, ocurrida en el mes de diciembre próximo pasado, y el Cuerpo legislativo no llegó a ocuparse del aumento de esa pensión.

El único hijo que dejó mi madre soy yo, pobre, viuda y a una edad avanzada en la que las fuerzas ya me faltan para ganarme escasamente mi propio sustento.

La pobreza en que vivo y la creencia que tengo de que si el Soberano Congreso toma en cuenta los méritos adquiridos por mi madre él sabrá remediarla un tanto, me han animado a presentarme a la Cámara a solicitar, como humildemente lo hago, se sirva decretar la pensión referida se traspase a mi favor en mérito de los servicios por mi madre a la patria en aquellos conflictos.

Acompaño una información ad perpétuam (11) como parte de la prueba de lo que dejo expuesto”.

Ella solicita que además se traiga a la vista la información presentada por su señora madre y que sirvió de base para que se le concediera la pensión.

Por ella, quien no sabía firmar, lo hizo el Lic. Cipriano Soto.

La petición fue desechada por el Congreso el 9 de junio de 1881.

Luego la hija vuelve a pedir al Congreso que reconsidere su petición:

“Mi madre, la señora Manuela Carrasco (sic), disfrutó hasta su muerte de la pensión de quince pesos mensuales, que, por su abnegación durante la Campaña Nacional de 1856, en que como vivandera se afilió al Ejército expedicionario enviado contra los filibusteros de Nicaragua, le aseguraba el decreto N°1 de 8 de setiembre de 1886.

Treinta años, señores representantes, aguardó pacientemente mi madre, para que la nación, por medio de uno de sus delegados, le hiciera justicia que nunca negó a sus buenos hijos, cuando saben empeñar sus fuerzas o sacrificar su vida en aras del honor y del bien de la patria.

Pero la pensión nacional llegó en su auxilio cuando ya era casi octogenaria y solo disfrutó de ella por unos cuatro años, pues falleció el 31 de diciembre del año anterior.

Mi madre murió completamente pobre y yo soy su hija única, pobre también.

Nunca descuidé mis deberes de hija para con ella y creo que sí hubo mérito para acordarle una pensión del Tesoro Público, por su abnegación al marchar a Nicaragua con el Ejército de 1856 y prestar sus servicios a la Patria, justo es que muerta Manuela Carrasco (sic), la pensión de 15 pesos de que ella disfrutaba se me continúe pagando a mí.

Con esta esperanza ocurro a los Delegados del Pueblo en la confianza de que accederán al ruego que al efecto les hago por la justicia que me asiste.

Congreso Nacional

San José, junio 26 de 1891

A ruego de la petente, que no sabe firmar

M. J. Fernández”.

Finalmente, el Congreso desecha nuevamente la petición, el 26 de junio de 1891.

Por cierto, otro de los mitos se refiere precisamente a la lucha establecida en la Batalla de Rivas por la posesión de un cañón, episodio que solo cita Luis Ferrero (12) y del que tampoco brinda las fuentes que lo respaldan.

 

Sus matrimonios

 

Francisca Carrasco Jiménez casó tres veces; la primera en Cartago, el 8 de abril de 1834, con Juan Manuel Solano Montoya, artesano y vecino de Cartago, hijo legítimo de Rafael Solano Jiménez y María Montoya Bonilla. De este matrimonio nacieron dos hijas: María Josefa Solano Carrasco, bautizada en la citada ciudad, el 13 de febrero de 1835 (13), quien falleció en su infancia, y María Manuela Solano Carrasco, bautizada en la misma ciudad, el 9 de abril de 1836 (14), única hija de Pancha que llegó a adulta.

La segunda vez, Francisca contrajo matrimonio con Espíritu Santo Espinoza Ríos(15), también artesano y vecino de Escazú, con quien no tuvo sucesión. Con él se enlistó en la Campaña Nacional. Espíritu Santo fue uno de los soldados que perdió su vida en la Batalla de Rivas, pues consta su partida de defunción en el libro del padre Calvo, quien lo citó como esposo de Francisca Carrasco (16).

Finalmente, Francisca casó por tercera y última, en El Sagrario de la Catedral de San José, el 30 de mayo de 1856 (17), con Gil Zúñiga Solano, militar (18) y vecino de San José, viudo de Laureana González Aguilar (19) (más conocida como Laureana Aguilar). Testigos de esta boda fueron Francisco Camacho y Santiago Gutiérrez. Los casó Joaquín García, cura de El Sagrario. Este matrimonio se realizó aceleradamente, pues la solicitud al párroco para que autorizara el casamiento se realizó el mismo día de la boda (20). Generalmente entre la aprobación de la solicitud y el matrimonio mediaban entre 7 y 15 días. Como testigos que confirmaban que conocían a los novios, quienes no tenían impedimento para casar, se presentaron Joaquín Guerrero Aguilar (21) y Raimundo Navarro, ambos agricultores.

Es posible que Francisca, Espíritu Santo y Gil se hayan conocido durante la guerra, pues los tres habían viajado a enfrentar a los filibusteros.

La vida marital de Francisca con su segundo y tercer maridos, al parecer, no fue un lecho de rosas, según consta en documentos del ANCR y el ABAT; más adelante veremos las declaraciones de Manuela Solano Carrasco –hija de Pancha–, quien deja entrever que Gil Zúñiga (el tercer marido) mantenía una relación fuera del matrimonio y que vivía separado de su madre (al menos desde 1873, según declara la misma Pancha).

Asimismo, sabemos que en 1846 la Carrasco entabló una demanda por agresión física y verbal contra su segundo esposo, Espíritu Santo Espinoza. El documento, elaborado por el juez militar de Cartago y fechado 13 de abril de 1846 (22), dice (hemos corregido la ortografía y la puntuación para facilitar su lectura):

“Nicolás Bonilla, juez militar de la ciudad de

Cartago, certifico en toda forma de derecho y de

que haga fe ante los tribunales eclesiásticos,

civiles y militares, que la presente vieren que

este agregado militar a fojas 38 frente y su reverso

39 se encuentra sin acto de terminación verbal

que a la letra dice: Juzgado Militar, Car-

tago abril trece de mil ochocientos cuarenta y

seis años. En esta fecha compareció la señora

Francisca Carrasco, esposa legítima de Espíritu San-

to Espinoza, demandando a su marido, por ha-

berla golpeado, échole pedazos una camisa y ha-

berla injuriado con palabras indecorosas y que

como estos hechos son repetidos, como le consta

al presente juez, sin haber sido suficientes los tér-

minos de prudencia que ha agotado para que

se precaviese de observar esta mala conducta

pide al juzgado que con arreglo al final del

artículo 448, parte 3ª del Código General, se le aplique

el condigno castigo y se le den las correspon-

dientes certificaciones para ocurrir al juez ecle-

siástico a impetrar su divorcio temporal, con

arreglo al artículo 146, parte 1ª, 358, 359 y 360, parte

3ª del Código del Estado. Presente el señor José

Espíritu Santo Espinoza, de esta vecindad, ma-

yor de edad, casado y de profesión jornalero

e impuesto de los cargos que le hace

su esposa, Francisca Carrasco, contesta que es cierto

la ha castigado y que le rompió la ropa y que

no habido por causa de ella sino por su mala

cabeza y que se halla sujeto a lo que haga la au-

toridad en este Estado y para terminar esta deman-

da les previene nombrasen a socios, que lo verificaron,

la actora en le persona del señor Ciriaco Frutos y el de-

mandado en la persona del señor Isidro Picado, los que impuestos

del relato de las partes dijeron unánimes que los

hechos del demandado dan mérito para castigarlo

más cuando ante este juzgado ha habido quejas que

figuran el mismo delito, atendiendo primero que, aun-

que fue hay queja justificada de haber este maltratado la

mujer, en el maltrato no hay herida ni golpe que

impidan la persona de esta para trabajar es en que

el juez puede, invitando primero a transacción, que

a los que por medida deben tomar tanto el juez co-

mo los socios y en caso que no se consiga este aco-

modamiento el juzgado como responsable verá en qué

ley se apoya para externar su sentencia en el deli-

to que hasta aquí se ha acreditado ser única-

mente leve y yo, el juez, habiendo invitado las

partes a transacción y no habiendo convenido y con

vista del artículo 448, parte 2ª, del Código General, a nom-

bre del Estado fallo que el señor Espíritu Santo Espi-

nosa sufra quince días de arresto dando a la par-

te actora la correspondiente certificación para los

más que le convengan y leída que les fue a las partes

dijeron que se conforman con lo que se concluyó

esta demanda, firmando con socios, par-

tes y testigos. Nicolás Bonilla, Ciriaco Frutos,

Isidro Picado, José María Peralta, Blas Calvo.

Y para que obre los efectos que conven-

ga a pedimento de la parte actora compul-

so la presente en la ciudad de Cartago, a las

nueve de la mañana del día quince de abril

de mil ochocientos cuarenta y seis años por ante testigos

Nicolás Bonilla [rubricado]

Ciriaco Frutos [rubricado]

Ponciano Molina [rubricado]”

Como se ve, Pancha no dudó en recurrir a los tribunales militares para que se castigara a su segundo marido por el maltrato que este le infligió e igual expediente debe conservarse en el ABAT sobre su tercer y último marido, el cual lamentablemente no encontramos en esta oportunidad.

 

Su muerte

Finalmente, Francisca murió a las 8:30 p.m. del 31 de diciembre de 1890 en La Puebla de San José, a los 74 años (23).

El 12 de febrero de 1891, Manuela Solano Carrasco, viuda(24) y única hija de Francisca, se presenta ante el Alcalde Primero de San José y solicita que se inicie el juicio mortuorio de su madre, de quien ella es única heredera.

Francisca murió sin haber otorgado testamento, por lo que su hija pide que se nombre un albacea provisional y que se practiquen los inventarios de los bienes.

El mismo día el juez nombra por albacea provisional al Lic. Dn. Víctor Orozco González, profesor de derecho y vecino de San José. Sin embargo, el viudo se opone al nombramiento del albacea pues asegura que él, por ley, debió ser nombrado tal (25) (su abogado era Félix Arcadio Montero).

Según parecer de Sandalio Castro Carrillo (nieto de Braulio Carrillo Colina), agente fiscal, debe anularse el nombramiento de Orozco y en su lugar nombrar al viudo, como correspondía de acuerdo con el Código Civil.

La Alcadía Primera de San José se inhibe de ver el caso y lo pasa al Juzgado Primero Civil de San José, que el 3 de marzo declara nulo todo lo actuado pues efectivamente el viudo sobreviviente debió ser nombrado albacea. El 9 de marzo se da por abierta la causa mortuoria.

Por un recibo presentado por A. Marqués, sabemos que el ataúd en que fue sepultada la heroína tuvo un valor de 34 pesos, los cuales canceló don Manuel Bastos Carazo. Bastos se presenta reclamando esa suma más 27,50 pesos del Hospital San Juan de Dios y Lazareto.

El 22 de abril, Manuela Solano Carrasco se presenta ante el juez y acusa al albacea provisional nombrado de no haberse presentado a aceptar el cargo y, además, de no depositar los dineros que recibe de dos casitas de alquiler que pertenecían a doña Francisca. Por ese motivo, pide la remoción de Gil Zúñiga del cargo de albacea provisional.

El juez de primera instancia era Alberto Brenes Córdoba y su secretario, Juan José Meléndez Zúñiga (26).

Gil se presenta ante el juez y acepta el cargo, el 22 de abril y alega entonces que desde ese momento hasta un mes después está obligado a presentar cuentas. Además, dice que el único bien es una casa, en parte de la cual vive él y otra parte que alquila y que hasta el momento lo que ha recibido es como poseedor de ella y como administrador de la sociedad conyugal.

Manuela Solano Carrasco alega que Gil Zúñiga fue nombrado albacea desde el 9 de marzo y, desde entonces, ha ejercido como tal, aunque no haya aceptado el cargo; además, asegura que él alquiló los dos departamentos (cuartos) a Pedro Acuña Chaves y Feliciana Castro Zúñiga, por 12 pesos y 10 pesos, respectivamente, dinero que ha recibido. Pide se citen a los tres para que declaren lo que corresponda.

El 26 de junio, se presenta a declarar Gil Zúñiga, quien dice que es cierto lo que dice Manuela Solano, pero que él alquiló la casa como un mes después del fallecimiento de su esposa y que él no ha vivido ahí porque está en servicio en los cuarteles de la capital; asimismo, afirma que ha tenido que hacer varias reparaciones de la propiedad en cuestión.

A las 8 a.m. del 28 de julio de 1891, se realiza el inventario de los bienes de la sociedad conyugal:

•Finca inscrita en el Registro de la Propiedad, San José, tomo 159, folio 287, bajo el número 14.844, asiento 1, que es una casa con solar donde está ubicada, situada en el barrio La Puebla, distrito tercero de San José (700 pesos)

•Una mesa de cedro grande, con dos gavetas (4 pesos)

•Un armario pequeño de cedro (4  pesos)

•Un barril vacío (1 peso)

•Una mesa de comedor, vieja y en mal estado (1)

•Una banca desvencijada (1,25)

•Un banco de cocina en mal estado (1)

•Un banco pequeño en mal estado (1)

•Un lote de tablas y reglas, todo viejo (1,50)

•Un balde de sacar agua (0,50)

•Dos taburetes viejos (1,25)

•Un baúl viejo (1)

•Una banca vieja (1,25)

El valor de este primer lote de bienes ascendía a 719 pesos con 75 centavos.

Luego el 5 de agosto del viudo declara otros bienes:

•Un baúl de cedro en regular estado con flores de portal (4 pesos)

•Un baúl de pino en mal estado (1,50)

•Varias figuras de portal que existen en baúl ajeno (1)

•Otros objetos varios (1)

•Un espejo cuadro redondo y una torre de portal (2,50)

•Dos baulitos pequeños en mal estado (0,75)

•Un misterio del nacimiento de Cristo (10)

•Un ángel pequeño y una bolita de cristal en que está colocado (0,75)

•Una palita en mal estado (0,50)

•Dos cajones viejos (1)

•Tres ollas en mal estado (1,50)

•Tres piedras de moler (1,50)

•Dos planchas (1)

•Seis estampas con marco (1,75)

El valor de este segundo lote de bienes ascendía a 35,50 pesos.

Los bienes inventariados son entregados al viudo en calidad de depósito.

Sobre los 71 pesos que pagó Manuel Bastos por el entierro de la heroína, Gil afirma: “yo no di orden a dicho señor de hacer tales gastos, ni me constan, por no haberlos presenciado en su totalidad...”; sin embargo, hace un depósito en el Banco de la Unión por ese monto, pero se declara acreedor de dicha cantidad.

El 19 de setiembre se nombra por albacea definitivo al viudo y por suplente al señor Alberto Brenes Vargas; se aprueban, asimismo, el inventario y avalúo realizados.
El 30 de ese mismo mes, Manuela Solano Carrasco reclama nuevamente que el viudo no ha presentado cuentas mensuales de la administración de los bienes de la mortuoria desde el fallecimiento de su madre, según lo ordena la ley, por lo que pide que se destituya al albacea y se le nombre a ella como tal.

Nuevamente el viudo alega que acaba de ser nombrado albacea definitivo y que, por tanto, no podría presentar las cuentas, y que es ridícula tal petición. Que la hija de su esposa “lo que se propone es molestarme y obtener ella el nombramiento a su favor”.

El 12 de octubre el juez dice que las acusaciones carecen de fundamento, por lo que confirma a Gil Zúñiga en el cargo de albacea definitivo.

Luego el viudo reclama como aporte al matrimonio 200 pesos de un solar que le correspondió a la muerte de su primera esposa (Laureana Aguilar), pero Manuela lo niega y dice que más bien era de su madre, que adquirió con el dinero de un solar que vendió en Cartago.

La casa que reclama el viudo como suya estaba en el barrio de La Puebla, de cinco varas de frente por 15 de fondo, lindante, al norte, con casa y solar de Simona Jiménez; sur, calle del Panteón en medio, con casa de Braulio Carmona; este, con casa y solar de Francisco María Castro, y oeste, con casa de Simona Jiménez. Esa casa la vendió Zúñiga en 1883 a Hermenegildo Fuentes.

La respuesta de Manuela Solano Carrasco deja entrever algunos aspectos de la vida conyugal de su madre:

“Cuando inicié yo la mortuoria tuve noticia de que el señor Zúñiga decía que yo no heredaría cosa alguna porque todo le pertenecía a él. Yo, que sabía muy bien cómo estaba todo, esperaba que ese señor promoviera ese asunto para justificarle que no solo lo que existe hoy pertenecía exclusivamente a mi señora madre, sino que otros bienes que habían de propiedad de ella, el señor Gil Zúñiga la había obligado a venderlos para despilfarrar el dinero.

No he podido leer el memorial del señor Zúñiga sin que me haya ocasionado indignación por afirmar hechos enteramente falsos.

Dice que vendió una finca y que el producto fue invertido para atender a la sociedad conyugal. Jamás mi señora madre llegó a recibir un solo centavo del señor Zúñiga ni este atendía de ningún modo las obligaciones; y antes por el contrario, él no solo le hizo vender a mi señora madre parte de sus bienes sino que le quitaba parte del trabajo de ella para tender aquel a otra clase de sociedad, la que le ocasionó a ella serias amarguras.

Llegó a tal extremo el señor Zúñiga que el día del fallecimiento de mi señora madre se oponía a que se gastara cosa alguna para el entierro de ella y hubo necesidad de pedir dinero prestado para hacer los gastos indispensables del entierro. ¡Quería que se sepultara en el suelo y sin ataúd! ¿Ya olvidó esto el señor Zúñiga? Esto que afirmo lo están probando también los autos, pues en un escrito que presentó dijo que desconocía esos gastos porque él no los había autorizado.

(...) Ese solar lo compró mi señora madre con dinero propio de ella antes de contraer matrimonio con el señor Zúñiga y a este le dio también dinero para que le hiciera la casa, también antes de contraer matrimonio y, por consiguiente, ese solar y esa casa fue aportado al matrimonio, no por el señor Zúñiga, sino por mi señora madre, como lo puedo justificar con un sinnúmero de testigos y aun el señor Zúñiga no lo negará, según creo bajo juramento.

Ese solar y esa casa, así como otro solar y otra casa que mi señora madre hubo por herencia de sus padres y que tenía en Cartago fue lo que el señor Zúñiga hizo vender no para atender las necesidades del matrimonio sino para atender a otra clase de sociedad y a que me he referido.

Deseo que el señor Zúñiga intente su acción en la vía ordinaria para allí justificarlo todo lo que dejo expuesto.

Jamás mi señora madre tuvo conocimiento de la hijuela que ahora presenta el señor Zúñiga y el derecho que allí se refiere no es el solar que fue vendido al señor Fuentes. La hijuela no justifica esto pues no hay identificación de finca.

El solar con los dos departamentos que se han inventariado eran también de la exclusiva propiedad de mi señora madre, como también lo justificaré en caso necesario. El señor Zúñiga a excusas de mi señora madre levantó el título que presenta consignando en él hechos falsos.

Hasta hoy no he querido promover incidente ni juicio alguno a ese respecto y pasaba porque los bienes se repartieran entre él y yo por iguales partes, pero si él lo quiere, dispuesta estoy a que se ventile todo en la vía correspondiente y en ese caso me prometo de que el señor Zúñiga se quedará, como vulgarmente se dice “sin Inés y sin el retrato” “Sin el santo y sin la limosna”.

Por último, si el señor Zúñiga pretende que se le reconozcan cantidades que no aportó, yo justificaré que no hubo tal aporte de parte de él, y que antes por el contrario, esa casa a que él se refiere y otra que mi señora madre tenía en Cartago deben considerase como aporte de ella. Espero la resolución del señor Zúñiga si intenta o no su acción en la vía y forma del caso”.

Ignoramos si se presentó el juicio ordinario pues en el expediente se dice que se siga en la instancia que corresponda pero la mortual continúa.

El viudo y albacea explica que el único bien de la mortuoria no admite cómoda partición por lo que pide que sea subastada públicamente.

Siguen acusaciones y descargos de la Solano Carrasco y su padrastro, entre otras ella afirma que el viudo tomó una fanega de café que cosechó en el solar pero él alega que solo fue un cuarto de fanega “de las matitas pocas de café”.

La casa en disputa, como se dijo, estaba en La Puebla de San José, distrito tercero del cantón primero; lindaba, al norte, con casa y solar de Tomasa Solano; al sur, calle en medio, solar de Clemente Quesada; al este, casa y solar del mismo Quesada; y al oeste, casa y solar de Pedro Pérez. Medía 10 varas de ancho (o sea 8 metros 360 milímetros) de frente, por 35 y tres cuartos de vara de fondo (21 metros 360 milímetros). Esta propiedad se remató en subasta pública el 8 de enero de 1892 en 1.515 pesos al contado que pagó Francisco Vargas Zúñiga.

En la propuesta de partición que presentó el viudo, el valor de los bienes ascendió a 1.570,25 pesos. Hechas las rebajas por deudas y otros, a la hija correspondía 688 pesos con 11 centavos (de los cuales 659 sería en efectivo); al viudo correspondía igual cantidad (más 78 pesos con 51 centavos por al albaceazgo).

La hija de la difunta presenta otra propuesta en la que el valor de los bienes ascendía a 1.787 pesos con 25 centavos. Correspondían al viudo 897 pesos con 40 y a la hija 818 pesos con 35. (En efectivo corresponderían a ella 789 pesos con 60 y al viudo 715 con 40).

Finalmente, el viudo acepta algunas de las propuestas de la heredera de su mujer (a ella correspondieron 765 pesos, los cuales se le pagaron en efectivo del dinero depositado en el Banco de Costa Rica por el remate de la casa; al viudo correspondieron 715 pesos con 40 centavos).

Se hizo entrega de la herencia el 13, 14 y 16 de mayo de 1892.

 

Ascendencia de Pancha Carrasco

 

A continuación, la ascendencia de Francisca Carrasco Jiménez, hasta donde las fuentes documentales lo permitieron. Quizá en una profundización de la pesquisa se pueda seguir el rastro de los antepasados más remotos de Pancha Carrasco.

 

1. Francisca Carrasco Jiménez (más conocida como Pancha Carrasco)

Heroína de la Campaña Nacional contra los filibusteros 1856-1857.

Francisca contrajo primeras nupcias en Cartago, el 8 de abril de 1834, con Juan Manuel Solano Montoya, hijo legítimo de Rafael Solano Jiménez (27) y María Montoya Bonilla (28).

 

Hijos:

SOLANO CARRASCO

María Josefa Solano Carrasco (bautizada en Cartago, el 13 de febrero de 1835 (29))

María Manuela Solano Carrasco (bautizada en Cartago, el 9 de abril de 1836 (30))

 

Contrajo segundas nupcias con Espíritu Santo Espinoza Ríos, de Escazú, y tercera vez con Gil Zúñiga, con quienes no tuvo sucesión.

 

HIJA DE:

2. José Francisco Carrasco Méndez

3. María de la Trinidad Jiménez Rodríguez

Francisco fue bautizado en Cartago, el 22 de abril de 1792.

Francisco y María de la Trinidad contrajeron matrimonio en la ciudad de Cartago, el 24 de mayo de 1815 (31). El es citado como hijo legítimo de Andrés Carrasco, difunto, y Simona Méndez, mulatos; ella, como hija legítima de José Cayetano Jiménez y María Josefa Rodríguez, mestizos. Los testigos fueron Serapio Bonilla y Joaquín Ortiz. Los casó el cura José Ramón Ugarte.

El 15 de noviembre de 1871, Francisca Carrasco Jiménez se presenta ante el Juzgado Primero de San José como única heredera en la mortual de su madre, para lo que presenta una certificación del alcalde Diego Corrales, quien la autoriza(32) a presentarse por sí misma sin la autorización de su marido, Gil Zúñiga, agricultor y vecino de San José, de quien está separada (33).

Finalmente, en la ciudad de Cartago, a las 4 p.m. del 28 de noviembre de 1871, se presenta Francisca Carrasco Jiménez ante el Juzgado Tercero de Cartago para pedir la apertura de la mortuoria de su madre, María de la Trinidad Jiménez Rodríguez, quien había fallecido hacía 15 años aproximadamente.

La difunta María Trinidad había dejado una casa de 8 varas de frente y 3,5 de fondo con el solar en que está ubicada (de 25,5 varas de frente por 33 varas de fondo), localizada “a orillas de esta ciudad en el distrito segundo del cantón primero de esta provincia” (Cartago). Esta propiedad lindaba por el norte, calle en medio, con casa de Ramón Calvo; por el sur, solares de Francisco Hernández y María Miranda; por el este, con casa y solar de Da. Lina Brenes, y por el oeste, casa y solar de Maurilio Masís. La casa valía 250 pesos y la heredera se comprometía a pagar de su peculio los 16 pesos que se han causado de costas judiciales.

La finca le fue adjudicada a Francisca el 21 de diciembre de 1871.

 

Hijos:

Francisca Carrasco Jiménez (nació en 1816) casó con Juan Manuel Solano, Espíritu Santo Espinoza y Gil Zúñiga.

Petronila de Jesús Carrasco Jiménez (bautizada en Cartago, el 19 de octubre de 1817 (34))

Andrea de Jesús Carrasco Jiménez (nació la noche del 19 de noviembre de 1818; fue bautizada en Cartago, el 20 de noviembre de 1818 (35))

Pablo de Jesús Carrasco Jiménez (bautizado en Cartago, el 14 de enero de 1824 (36))

 

NIETA DE:

4. Juan Andrés Carrasco Campos

5. María Simona Méndez

Juan Andrés y María Simona contrajeron matrimonio en la ciudad de Cartago, el 4 de febrero de 1788 (37), ambos fueron consignados en esta partida como mulatos. El consignado como hijo legítimo de Ramón Carrasco y Juana Antonia Campos, ambos difuntos; ella, como viuda de Matías Morillo (sic). Padrinos: José Félix Calvo y Benita José Gómez. Testigos: Manuel José Morales y José Morales. Los casó el cura Juan José Benito Bonilla.

María Simona era viuda de Matías Murillo, con quien había casado en Cartago, el 7 de noviembre de 1774. Matías fue esclavo de don Pedro Aymerich, según consta en la partida matrimonial de Matías, donde además se consigna que María Simona es “hija de padres no conocidos”; sin embargo, la madrina de varios de sus hijos es citada como Juana Buenaventura Méndez (o Juana Ventura), quien de seguro era parienta suya ¿acaso su madre? Hallamos una sola mujer en Cartago con un nombre similar: Antonia Buenaventura Méndez, también citada como Antonia Buenaventura de la Vega –hija legítima de Juan Méndez y Josefa de la Vega–, quien había casado en Cartago, el 12 de octubre de 1756, con Juan Lorenzo López Serrano.

 

Hijos:

CARRASCO MÉNDEZ

Dámaso José Carrasco Méndez (bautizado en Cartago, el 12 de diciembre de 1789 (38)), mulato, casó en Cartago, el 10 de enero de 1816 (39), con María Trinidad Molina Abarca, mestiza, hija legítima de Miguel Molina y Cruz Abarca.

José Francisco Carrasco Méndez (bautizado en Cartago, el 22 de abril de 1792) casó en Cartago, el 24 de mayo de 1815, con María de la Trinidad Jiménez Barahona.

Juan Ventura Carrasco Méndez casó en Cartago, el 19 de enero de 1794 (sic) con José Segundo Córdoba.

Petronila Carrasco Méndez casó en Cartago, el 3 de febrero de 1808, con Serapio Bonilla.

José Manuel Carrasco Méndez, mulato, casó en Cartago, el 28 de mayo de 1811 (40), con Joaquina de Jesús Masís, mestiza, hija de Petronila Masís.

MURILLO MENDEZ

Josefa Rafaela Murillo Méndez (bautizada en Cartago, el 18 de octubre de 1775 (41)), mulata, casó en Cartago, el 17 de setiembre de 1801, con José Leoncio Valerio.

José de la Trinidad Murillo Méndez (bautizado en Cartago, el 3 de abril de 1779 (42))

José Ramón Murillo Méndez casó en Cartago, el 17 de setiembre de 1801, con María Joaquina Montoya Pérez, hija legítima de José Moya y Vicenta Pérez. María Joaquina casó segunda vez en Cartago en febrero de 1805, con Francisco Soto.

 

6. José Cayetano Jiménez Madrigal

7. María Josefa Rodríguez Bonilla

Juan Francisco y María Josefa contrajeron matrimonio en la ciudad de Cartago, el 21 de mayo de 1786; ambos fueron consignados como mulatos, al margen. El consignado como hijo legítimo de José Felipe Jiménez y Marcela Gracia Madrigal (sic); ella como hija legítima de Manuel Antonio Rodríguez y María Francisca Bonilla (sic). Padrinos: José Angel Muñoz y Micaela Rodríguez. Testigos: don Nicolás Romero y don Nicolás Ulloa. Cura: Andrés José Fernández.

 

Hijos:

JIMÉNEZ RODRÍGUEZ

José de losÁngeles Jiménez Rodríguez (bautizado en Cartago, el 20 de agosto de 1774 (43)), mestizo, casó en Cartago, el 14 de junio de 1797 (44), con Manuela Solano, mestiza, “hija de padres no conocidos”.

Juana Manuela Jiménez Rodríguez (bautizada en Cartago, el 28 de marzo de 1780 (45))

Antonia de la Trinidad Jiménez Rodríguez (bautizada en Cartago, el 6 de noviembre de 1782 (46)), mestiza.

Ana Antonia Jiménez Rodríguez (bautizada en Cartago, el 21 de junio de 1788 (47))

María de la Trinidad Jiménez Rodríguez casó en Cartago, el 24 de mayo de 1815, con Francisco Carrasco.

 

BISNIETA DE:

8.  José Ramón Carrasco Durán

9. Juana Antonia Campos Chavarría

Juana Antonia fue bautizada en Cartago, el 23 de junio de 1744, cuando fue consignada como mulata, hija legítima de José Manuel Campos y Melchora de Chavarría; su madrina fue Antonia de Chavarría y fue bautizada por fray José Guzmán Portocarrero.

José Ramón y Juana Antonia contrajeron matrimonio en la ciudad de Cartago, el 24 de abril de 1762 (48); ambos fueron citados como mulatos libres. El fue consignado como hijo legítimo de Manuel Cayetano Carrasco, ya difunto, y Josefa Nicolasa Durán; ella, como hija legítima de José Manuel Campos y Melchora Chavarría, ya difunta, todos mulatos libres y vecinos de Cartago. Los padrinos fueron Pedro Vicente Chavarría y Gerarda de la Haya. Los testigos: Benito Andrade y Félix José de Guzmán. Los casó el cura José Miguel de Guzmán y Echavarría.

José Ramón contrajo segundo matrimonio en la misma ciudad, el 26 de julio de 1773 (49), con María Eugenia Solano Acuña; ambos consignados en esta partida como mulatos. El consignado como viudo de Juana Antonia Campos. Ella fue hija legítima de Silvestre Solano y Josefa Acuña. Padrinos: Pedro Poveda y Casimira Oreamuno. Testigos: Manuel Morales y José Morales. Los casó el cura Andrés José Fernández.

Hijos:

CARRASCO CAMPOS

María Bibiana Carrasco Campos (bautizada en Cartago, el 14 de marzo de 1763 (50)), mestiza.

Ramona de la Trinidad Carrasco Campos (bautizada en Cartago, el 20 de diciembre de 1771 (51)), mulata.

Juan Andrés Carrasco Campos casó con María Simona Méndez.

María Josefa Carrasco Campos casó en Cartago, el 10 de setiembre de 1807, con Antonio Fernán Bonilla.

CARRASCO SOLANO

Manuel José Carrasco Solano (bautizado en Cartago, el 18 de noviembre de 1775 (52)), mulato.

 

 

10. Desconocido

11. Desconocida

 

12. José Felipe Jiménez

13. Manuela Madrigal Calderón [Manuela García 1752; Manuela de la Cruz 1764; Manuela Gracia Madrigal 1771; Marcela Gracia Madrigal 1773]

José Felipe y Manuela contrajeron matrimonio en Cartago, el 30 de abril de 1752 (53); José Felipe fue consignado como mulato libre, hijo natural de Francisca Jiménez, mestiza; Manuela, quien es llamada Manuela García en esta partida, es consignada como mestiza, hija legítima de Juan Tiburcio Madrigal y Rosa de los Santos, todos vecinos de Cartago. Los padrinos fueron Juan de Dios Alvarado y Feliciana Jiménez (esta, de seguro, pariente del novio). Los casó el cura José Francisco Alvarado. El hecho de que José Felipe sea citado como mulato libre, pero su madre como mestiza, indica que su padre debió ser mulato.

Felipe enviudó de Manuela Madrigal (así citada en esta partida matrimonial) y contrajo segundas nupcias en la misma ciudad, el 31 de agosto de 1789 (54), con Dolores Porras, viuda de Francisco Ortiz; fueron padrinos Manuel Marín y Antonia Baltasara Jiménez; testigos: Manuel José Morales y don Martín Barquero. Los casó el cura Juan José Benito Bonilla.

Por otra parte, esta Antonia Baltasara Jiménez fue hija legítima de José de la Trinidad Jiménez y Manuela Muñiz, mestizos, y casó en Cartago, el 8 de octubre de 1759 con Luis Marín. La hija mayor de José de la Trinidad y Manuela se llamó Francisca Josefa, quien fue bautizada en Cartago, el 2 de diciembre de 1735.

Generacionalmente, Francisca Josefa y Antonia Baltasara deben haber sido primas hermanas de José Felipe Jiménez, quien entonces