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Paso histórico del VaticanoJaime Daremblum Un pronunciamiento crucial para el diálogo judeocristiano
La declaración, producto de diez años de investigación y reflexión, marca sin duda un hito trascendental en el camino del diálogo interreligioso promovido por el papa Juan Pablo II desde su ascensión al solio pontificio. En 1987, Su Santidad prometió abordar el delicado tema del papel de la Iglesia en el Holocausto como parte de un esfuerzo ecuménico en favor del entendimiento entre cristianos y judíos. El resultado de esa tarea ha sido un pronunciamiento excepcional. Recordamos constituye un evaluación moral, honesta y valiente, que exhorta al "imperativo moral de garantizar que nunca más el egoísmo y el odio lleguen al punto de provocar ese sufrimiento y muerte." Obviamente no ha sido un fácil llegar a admitir que, en palabras del documento, "la resistencia espiritual y la acción concreta de muchos cristianos no fueron lo que debía esperarse de los seguidores de Cristo." Este reconocimiento fue obra de Juan Pablo II, admirado mundialmente por su talla moral y su crucial gesta como "apóstol de la libertad", clave en el colapso del comunismo en Europa. Tema difícil. El Papa ha sido coherente con sus postulados al enfrentar abiertamente y sin rodeos el complejo capítulo. En una carta personal que sirve como introducción a Recordamos, el Pontífice expresa su visión del Holocausto como una "mancha indeleble" en el siglo actual e insta a los cristianos a "examinarse a sí mismos por la responsabilidad que tienen también en los males de nuestro tiempo." Un mensaje de tal alcance, proveniente del líder espiritual de más de mil millones de creyentes alrededor del mundo, reviste especial significado en esta época agobiada por desbordes violentos de intolerancia. Desafortunadamente, las postrimerías del presente siglo parecieran confirmar aquel adagio pesimista de que la humanidad poco o nada aprende de la historia. De cara a los horrores de las matanzas en la antigua Yugoslavia, las masacres de civiles inocentes en Argelia o el exterminio masivo de tribus enteras en Ruanda y Burundi, resulta evidente que el género humano necesita --hoy y siempre-- una guía ética inequívoca. Solo así nutrirá la entereza para combatir tanto los fanatismos que desembocan en esos horrores como la indiferencia y el cinismo que las alientan. Por ello, con su visión realista del pasado y la exhortación a construir un mejor futuro, Recordamos representa un avance fundamental en la regeneración moral de la humanidad. Era inevitable, sin embargo, que el documento suscitara controversias. En particular, la absolución del papa Pío XII de los señalamientos sobre su falta de oposición al exterminio de los judíos generó un torrente de críticas. La figura de este Pontífice tradicionalmente ha motivado polémicas. Por ejemplo, la obra teatral El Vicario, en la cual el dramaturgo alemán Rolf Hochnut acusó el silencio comprometedor de Pío XII con respecto a la barbarie nazi, desencadenó una intensa y prolongada discusión en Europa hace cuatro décadas. Para algunos historiadores que han analizado el período bélico, Pío XII fue un diplomático hábil que consiguió rescatar a muchos judíos de morir a manos de los nazis. Otros, en cambio, consideran que se conjuró con Hitler para silenciar la denuncia de las atrocidades cometidas por el Tercer Reich. No obstante, la declaración del Vaticano claramente hace referencia a "lo que hizo el papa Pío XII, personalmente o a través de sus representantes, para salvar cientos de miles de vidas judías" y subraya que dicho mérito ha sido alabado incluso por líderes hebreos. Sano debate. Con todo, las reacciones adversas no le restan valor ni importancia al pronunciamiento. Todo lo contrario. El debate es sano pues enriquece el diálogo y profundiza el análisis sobre las responsabilidades en torno al Holocausto. En este sentido, la posible culpabilidad moral originada en la indiferencia o la omisión corresponde a un amplio conjunto de actores y no exclusivamente a la Iglesia Católica. Durante aquellos años aciagos, fueron poquísimos los gobiernos que ofrecieron asilo a los millones de seres perseguidos por los nazis. Aun la política seguida por Estados Unidos y Gran Bretaña en relación con los refugiados pecó de gravísimas fallas. La declaración del Vaticano se suma a una serie de importantes manifiestos cristianos. Ya el año pasado la Iglesia Católica francesa pidió disculpas a "Dios y al pueblo judío" por el silencio que guardó sobre el colaboracionismo con los nazis en la aniquilación de la comunidad judía local. Anteriormente, el presidente Jacques Chirac había expresado que, en el ensañamiento contra los judíos, "Francia cometió lo irreparable." La grandeza humana se aprecia en la humildad para aceptar los desaciertos. Recordamos, además de poner fin a una etapa de ambigüedades, es un llamado enérgico a la conciencia universal para que nunca jamás ocurra lo impensable.
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