|
|
|||
| Recetas |
|
|||
| Fascículo 2: |
Navidades mágicas, con sabor mediterráneoLuisa Esparducer, cocinera y mastresa de Casa Luisa Distinguidos lectores, queridos amigos y respetables enemigos:
Cocinar es una excusa para practicar todas las magias que sé que tengo y sorprenderme con las que me van saliendo sin yo saberÖ Es otra forma de amar, expresar y transmitir sentimientos sin palabras, con aromas, colores, saboresÖ Es experimentar sensaciones poniendo algo de nuestro carácter en cada guiso, según el ánimo, según la vida nos llega. Cocinar es ir muy lejos, no importa el grueso de las paredes de nuestras cocinas. Es recordar lo mejor del pasado, inventar un presente, revivir el futuro. Es tener algo en común con otras tribus enemigas. Es todo aquello que a ustedes les provoca, coincidamos o no. Los invito a poner en práctica sus magias, dejar en libertad su instinto creador, y les ofrezco cuatro buenas razones para reunirse con las personas que el destino les tiene reservado para estas Navidades. Mis primeros recuerdos navideños los sitúo en la España de los años 50. El pollo era la vianda más lujosa, tanto, que muchas familias solo podían comerlo en estas fechas. La mía lo compraba vivo -como dos meses antes- para engordarlo con maíz y todo aquello que le diera mejor sabor. No existían supermercados, pero sí unas tiendas que se llamaban ultramarinos, supongo porque en ellas se podían conseguir toda clase de alimentos que venían de ultramar (lugares lejanos), como cabeza de jabalí, mojama, lomo embuchado, lengua escarlataÖ: auténticas exquisiteces para esos días tan especiales. El festival gastronómico empezaba el 23 de diciembre con una cena ligera y sabrosa, anticipo del resopón, auténtico despilfarro culinario después de la Misa del Gallo. Era preámbulo de una semana de comidas interminables, con tertulias convertidas en escenarios improvisados, donde los pequeños declamábamos poesías y cantábamos villancicos que, gracias al prodigio de la Navidad, se nos recompensaba con "dineros", sin importar lo mal que lo hiciéramos. Comidas-merienda-cena que concluían precisamente con la otra cena -la última del año-, contando las doce uvas de rigor que, con cada campanada de la medianoche más celebrada del mundo, teníamos que tragar sin perder el ritmo y llevando algo rojo regalado, algo dorado y algo prestado. Les propongo revivir el resopón, cena posterior a la cena, un motivo para estar deseando llegar a casa después de la Misa del Gallo, una excusa para cenar tarde en Nochebuena. Lo segundo será una pantagruélica comida de Navidad a la española, para familias amorosas, de esas con abuelitos adorables, nietos encantadores, hijos y nueras de todas las tendencias políticas, amigos de siempre. En tercer lugar, con la colaboración de mi cocinero Cristian, vamos por la romántica, solo para dos, solo para amantes que comparten su primera Navidad; parejas muy recientes, muy solas y en países muy lejanos. Por último, la comida navideña entre los amigos de verdad, los recientes de turno, los sin familia, los inconformes, los encantadores y los famosos, en fin, con los que nos soportan y a los que nos encanta tener. Quisiera que estas proposiciones fueran el detonante que active sus magias más profundas.. Cocinen a su manera, no importa que al final se decidan por otras propuestas: lo maravilloso es despertar ese don que todos llevamos dentro y que seamos cómplices.
|