Mujeres ejemplo de tesón y coraje

Al igual que otras mujeres costarricenses, la doctora Carla María Odio, la ingeniera Clara Zomer y la bióloga Eugenia Flores son ejemplo por su valentía, esfuerzo y determinación para ejercer con éxito su carrera profesional. De seguido un resumen de sus vidas, modelo a seguir para las nuevas generaciones.

La doctora Carla María Odio descubrió una terapia para enfermedades infecciosas como la meningitis bacteriana.

Carla María Odio


Cuando nadie confiaba en que los esteroides podían actuar de manera eficaz contra la meningitis bacteriana, la doctora Carla María Odio, especialista en infectología pediátrica del Hospital Nacional de Niños (HNN), se empeñó en demostrar lo contrario.


En la actualidad, esta terapia es utilizada en todo el mundo como un novedoso tratamiento para modular la respuesta inflamatoria de los pacientes ante las enfermedades infecciosas, con lo que se logró reducir la mortalidad y las secuelas de este mal.


Con orgullo recuerda una época que fue muy difícil, pero llena de satisfacciones. “Fue muy duro”, dice. “El sacrificio es muy grande, en especial, en la vida social. Pero se puede hacer. Lo que más me enorgullece es que he sido un buen modelo para mis hijos. Les enseñé que hay que estudiar y superarse”.

Su labor como Jefe de la Clínica de Neonatología del HNN es incansable. En la actualidad está concentrada en la coordinación de un equipo de investigadores que analizan, en un plan piloto, el uso de la inmunoglobulina humana con el fin de lograr prevenir la bacteremia (paso de bacterias a la sangre) en recién nacidos de bajo peso. Con esta investigación se espera disminuir la mortalidad y morbilidad en prematuros
La dedicación que exigen carreras como la medicina ha sido el doble en el caso de Odio debido a su interés por la investigación clínica. “Soy una persona muy curiosa. Me gusta aprender y cuestionar la información que se me da. Esa ha sido mi base para incursionar en este tipo de trabajo”, afirma la especialista.


Odio ha realizado numerosas investigaciones en fisiopatología y ha contribuido a la eficacia y seguridad de nuevos antibióticos para el manejo de enfermedades infecciosas en neonatos, niños quemados y pacientes con cáncer.

Clara Zomer


Pionera. Esta palabra resume el quehacer profesional de Clara Zomer, la primera mujer en graduarse de la Universidad de Costa Rica (UCR) como ingeniera civil a principios de los 70. También fue la primera presidenta ejecutiva del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y la primera, y la única hasta el momento, en ostentar el máximo puesto en el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU), asegura.

Además, fue la primera mujer en dar clases en la Facultad de Ingeniería de la UCR y en ocupar, ahí mismo, el cargo de Decana.
¿Fue difícil alcanzar estos logros? La respuesta más obvia es un rotundo sí. No obstante, Zomer asegura que no.
“Nunca pensé que no pudiera o que no iba a ser posible”, dice. Y, aunque no niega que tuvo que enfrentar algunos “tropiezos”, afirma que no se detuvo a pensar en los obstáculos.

Clara Zomer es la primera mujer graduada en Ingeniería Civil en nuestro país.


Su labor de catedrática de la Universidad de Costa Rica la combina con su activa participación en política y el proyecto en ciernes de escribir su autobiografía.

“Me ha tocado abrir brecha en varios campos. Una de las cosas que recuerdo con más alegría fue cuando dirigí lo que en 1965 se llamaba el Centro de Cálculo Electrónico de la UCR. En ese entonces puse a la orden de mis colegas y de toda la comunidad universitaria a la famosa computadora Matilde. A todos llegué con cursos, seminarios y talleres para el uso de este equipo. Ahora me hace gracia recordar que la capacidad de la computadora era de 64K y una palm ahora tiene 8MB, 125 veces la capacidad de Matilda”.

Siempre en el campo educativo, fue también la primera mujer en dirigir la Oficina de Planificación de la Educación Superior. Partiendo de toda esta experiencia, ¿cómo es para usted la participación de la mujer en los campos de la ciencia y la tecnología? “Creo que es tremendamente positiva. Las mujeres que escogen campos difíciles, por lo general, llegan a ser muy exitosas”.


Eugenia Flores

La semilla de la investigación que sembró Eugenia Flores hace varias décadas dio excelentes frutos. Para esta doctora en biología de la Universidad de California, en Estados Unidos, aunque la vida no ha sido un lecho de rosas sí ha resultado muy gratificante. Con orgullo exhibe los dos tomos de su libro titulado La Planta, texto que utilizan en las universidades latinoamericanas los estudiantes de la carrera de biología. “Ya va por la tercera edición”, relata con satisfacción.

Los árboles de Costa Rica
han inspirado la investigación de la doctora en biología Eugenia Flores.


A esta labor incansable, añade más de 130 artículos publicados y otro libro que se encuentra por “germinar” en junio próximo. Además, Flores está terminando más de 100 dibujos de árboles que se incluirán en el libro “Árboles de Costa Rica. Valor socioeconómico”, que pronto entrará a la imprenta.

“Cuando inicié en los 80, mi primer trabajo fue en microscopía electrónica. Sin embargo, dejé esta labor para dedicarme a factores de regeneración del bosque”. Consecuente con estas palabras, prácticamente la última década la ha dedicado a la investigación y la clasificación de 125 especies de árboles en el Caribe costarricense. Y es que, al igual que un roble, el trabajo la ha hecho más fuerte. ¿Qué opina la primera mujer en presidir la Academia Nacional de Ciencias de la participación femenina en los campos científicos y tecnológicos?

“Ha sido tímida, pero las nuevas generaciones están incursionando con más fuerza. Creo que el proceso de incorporación de la mujer al campo laboral y científico se ha dado por etapas”, responde.

¿Por qué ha sido tan difícil esta incorporación? “La mujer enfrenta otras responsabilidades. Cuando se casa, vienen los niños. Yo, por ejemplo, hice carrera universitaria casada y con cuatro hijos”.

Pero, al igual que lo han demostrado mujeres como Eugenia Flores, este cambio es posible... aunque exige un gran sacrificio.



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