¿Qué, por qué y para qué?

  • Aunque cada día tomamos decisiones, escoger unos estudios -que normalmente conducen a ejercer unas tareas más o menos especializadas- requiere atención de un modo especial, según sus peculiares características.

    Licda. Rosa Isabel Blanco de Acuña, orientadora.

    Respondernos, cada uno de nosotros, habitualmente, estas preguntas, nos lleva de manera necesaria e inevitable a confrontar nuestros esquemas, a rendirnos ante la evidencia de que es desde nuestro interior que pueden surgir las respuestas, tanto para la pequeña decisión de un determinado momento que parece efímero, como para las que son perdurables.

    Y aunque pasamos la vida entera, respondiéndonos interrogantes y tomando decisiones, la ocasión de escoger unos estudios -que normalmente conducen a ejercer unas tareas más o menos especializadas- requiere ser atendida y entendida de un modo especial, según sus peculiares características. Sin pretender agotar la gama de aspectos -individuales y sociales- que conviene considerar en ese momento, los siguientes tienen una especial importancia:

    Principios, valores y virtudes

    La persona, el joven, que fundamenta o al menos trata de orientar su vida con principios objetivos y correctos, con valores interiorizados y con virtudes personales, tiene muchísimas posibilidades de obtener un futuro estable, sólido e integrado tanto desde el punto de vista personal como interpersonal. Por el contrario, quien carece de ellos se desorienta fácilmente, depende en mayor o menor grado de las circunstancias que lo rodean y está subordinado al parecer ajeno.

    Es este acopio de principios, valores y virtudes le permitirán enfrentar, de manera adecuada y responsable, un mundo cambiante, competitivo y frecuentemente deshumanizado. Son ellos los que le ayudarán administrar su vida, dando unidad a sus diversas facetas: personal, social, familiar, laboral, espiritual, corporal, etc. Quien los posea, o luche por intentar adquirirlos, tiene un profundo sentido de la dignidad de la persona -de él mismo y de quienes lo rodean- que le permite no solo enfrentar cambios, aprender de sus experiencias, corregir errores, encontrar soluciones, sea por "entimentalismos" que solo permiten actuar "si se tienen ganas", o por un "voluntarismo" que conduce a "hacer lo que se decidió" sin tener consideración alguna por los demás, o por uno mismo. Ambos extremos llevan a que, aunque las personas confían en lo que el individuo es, no ocurre así respecto a lo que hace. Desde esta perspectiva, tomar las decisiones con la cabeza, pero aplicarlas con el corazón, ofrece muchas más probabilidades de éxito puesto que equilibra la firmeza con la apreciación de los sentimientos y las convicciones de los demás.

    Compromiso social

    Una parte esencial del contínuo proceso de desarrollo personal es la socialización, la inculturización, la apertura y la trascendencia hacia los demás. La comunicación se concreta no solo en la confianza y el respeto interpersonales, sino también en acciones particulares y específicas de servicio a los demás, en hacer y cumplir compromisos, en mejorar la parcela que a cada uno circunda para así contribuir al perfeccionamiento de la sociedad, en no ver su misión en la vida como una carrera sino como una devolución de los beneficios que ha recibido y en valorar lo positivo de quienes le rodean. En el transcurso de la vida diaria, una persona íntegra es quien pone sus potencialidades, habilidades, capacidades y conocimientos al servicio de su familia, de su empresa, de su gremio, de su barrio y es quien se gana el respeto y la simpatía de sus familiares, compañeros y amigos y de manera sencilla y espontánea, se convierte en un líder natural del cual se fían instintivamente.

    Capacidad organizacional

    Tanto en el estudio como en el trabajo, en la vida familiar, en las actividades cívicas y recreativas, la persona que disciplinadamente se concentra en lo fundamental y no en lo urgente, es la más responsable y la que está en capacidad de seleccionar las respuestas correctas y adecuadas en cualquier situación. Tiene la capacidad no solo de hacer que los demás hagan, sino también de idear estructuras, planes y procedimientos apropiados a las necesidades de cada momento. Se puede afirmar que quien confía en sus propias posibilidades y en las de los demás proyecta un orden mental y material que facilita enormemente el ejercicio gerencial y organizacional.

    Los jóvenes que están analizando sus probabilidades de ingreso a la Educación Superior o a la Parauniversitaria, conviene que lo hagan a la luz de las posibilidades y retos del siglo XXI, en el que serán mucho más importantes las características personales. En este momento es difícil predecir el desarrollo de cada profesión y sus interacciones con las demás. En cambio, es relativamente sencillo expresar el tipo de persona que deberá impulsar y aceptar los cambios que tendremos, de manera cada vez más acelerada.

    Es, pues, más importante plantearse el ¿Por qué? y el ¿Para qué? y considerar que el autoperfeccionamiento que escoja debe hacerlo feliz, para que así pueda irradiar felicidad en su entorno. Bien dijo hace ya varios años un informe de la UNESCO que para el futuro educativo lo importante era enseñar a pensar, enseñar a vivir y enseñar a convivir. En mi opinión, también los educadores y los padres de familia debemos cambiar de paradigma y no pretender que quienes hoy tengan 17 ó 18 años puedan "ver" con absoluta seguridad y precisión su futuro. Más bien ofrezcámosles la oportunidad de adquirir y de vivir los principios, los valores y las virtudes que les permitirán, paulatinamente, encontrar las respuestas correctas ante cada situación, muchas de las cuales ni siquiera podemos imaginar en este momento.

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