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A las puertas de una profesión

No se trata solo de decidir qué estudiar; sino también de prepararse para la transición y los cambios que implica empezar una nueva etapa muchas veces fuera de casa

Gloriana Gómez

Elegir una carrera profesional, sea esta técnica o universitaria, es una decisión que no puede tomarse de la noche a la mañana y que obliga a asumir –en determinado momento– las consecuencias de una elección errada.

Por eso, llegar a ser ingeniero, médico, educador o mecánico no deja de ser un dilema para muchos jóvenes que se enfrentan al momento de decidir qué estudiar.

Mostrar una actitud positiva frente a lo que significa la transición de la secundaria a la universidad es fundamental; lo mismo que estar dispuesto a desarrollar habilidades que van mucho más allá de conocer el contenido de una disciplina en particular.

A criterio de la psicóloga y psicopedagoga, Adela Herrán, el qué estudiar es una decisión muy personal que tiene que ver con el nivel de madurez y que forma parte de un proceso de autoexploración y autoconocimiento de los intereses, habilidades, motivaciones y prioridades del estudiante.

Por esa razón, sostiene Herrán, los muchachos deben ser consecuentes con su decisión y asumir la responsabilidad de lo que ello implica con compromiso y sin temor. “Lo primero que hay que tener claro es que la elección se va configurando a lo largo del tiempo como parte de la identidad, lo que involucra valorar los propios gustos, destrezas, aptitudes y necesidades”.

En ese sentido, el joven no debe dejarse influenciar demasiado por padres, amigos u otras personas que puedan distorsionar su decisión. No obstante, apunta la experta, “es común que las valoraciones que la familia haga de la carrera elegida o las gratificaciones que el estudiante encuentre en sus padres o hermanos mayores respecto a su profesión, tengan algún peso en la decisión final”.

¿Qué estudio? Frente a esta interrogante, es posible que los jóvenes solo encuentren dos posibles respuestas: “lo que realmente me gusta o lo que me garantizará un mayor nivel de ingresos”. Sin embargo, señala Herrán, lo más importante al tomar esta decisión es hacer un buen balance entre ambas cosas.

“Si el joven es muy idealista y se empeña en estudiar lo que quiere, posiblemente sentirá gran satisfacción de haber alcanzado esa meta, aunque la carrera elegida no goce de tanta demanda ni tampoco sea tan lucrativa”, afirma.

Pero, por el otro lado, están los jóvenes que a sabiendas de las demandas del mercado y el costo de oportunidad, prefieren sacrificar en un inicio la ilusión de ser pilotos, arquitectos, abogados o doctores, por ejemplo, para estudiar una carrera más corta y quizá menos onerosa, que puede combinar incluso con un pequeño trabajo.

En ese sentido, recalca la experta, es necesario que los muchachos hagan una exploración de la oferta de carreras afines o que les permitan tener un acercamiento a eso que tanto les gusta o llama la atención.

Para la psicóloga Ana Cristina Vargas, un buen consejo para quienes aún están indecisos, es darse un tiempo para focalizar sus intereses y prioridades. “Mientras se toma la decisión, ellos pueden matricular cursos de formación profesional que serán complementos de cualquier carrera (inglés, computación, relaciones públicas, etc.). Todo es un proceso en función de una meta”, puntualizó Vargas.

Ya en la universidad, agrega, hay que darse el “chance” para irse familiarizando con el contexto y asimilar el desfase que significa la separación parcial o completa de la familia y los amigos.

Familia y orientación. Tanto Herrán como Vargas, coinciden en que los padres deben facilitar espacios que les permitan a sus hijos explorar sus conocimientos y habilidades antes de decidirse por una carrera en particular.

“La imposición debe evitarse a toda costa, lo mismo que obligarlos a tomar una decisión acelerada o impulsiva en medio de la presión que ya de por sí el momento mismo les genera”, señala Vargas. Si bien, agrega, se trata de una decisión que marcará el futuro cercano, pero también el lejano, la vida da diferentes opciones para cambiar de rumbo y seguir alcanzando metas.

Como herramienta complementaria al proceso de búsqueda interior, los muchachos también pueden echar mano a la orientación vocacional que ofrecen colegios y universidades con ayuda de psicólogos y orientadores.

Los test vocacionales o pruebas de aptitudes, que se ofrecen como parte del servicio, ayudan al muchacho a identificar áreas de interés, habilidades, motivaciones y carreras afines a su personalidad. Aquí no se trata de escoger por escoger; sino de pensar muy bien lo que realmente se quiere”, concluyeron las expertas.

Pasos previos a la elección…
Independientemente de lo que vaya a estudiar, preste atención a estas pautas:

1. Tómese el tiempo necesario para hacer una autoevaluación de sus gustos, intereses, aptitudes, destrezas y motivaciones.

2. Busque información de las carreras que más le llaman la atención, de los programas de estudio y las universidades donde los imparten.

3. Visite los diversos centros de estudio y recolecte información escrita sobre posibles costos y beneficios. Aproveche la visita para observar con detenimiento el ambiente universitario y sus alrededores.

4. Converse con diversos profesionales y, si le es posible, asista a charlas, conferencias o talleres que le ayuden a tomar una decisión respecto a su vocación profesional.

5. Si aún continúa indeciso, busque un espacio para focalizar sus deseos y necesidades y también para seguir explorando la oferta de carreras. Puede aprovechar ese lapso para llevar cursos complementarios (inglés, computación, etc.).

6. Acudir a los servicios de orientación profesional nunca está de más. El orientador podrá ayudarle a explorar sus intereses, valores, ambiciones, limitaciones y posibilidades mediante test de aptitud vocacional.

Testimonio

“Quiero estudiar periodismo porque me gustaría informar a las personas sobre los problemas políticos, sociales y económicos del país”.

Milagro Víquez
Estudiante de secundaria
17 años
Colegio Santa María de Guadalupe

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