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Ampliar horizontes desde la universidad

  • Es el lugar privilegiado del saber y de la cultura y, por tanto, fuente del progreso, de los cambios sociales.

    Las universidades fueron concebidas como comunidades de personas empeñadas en descubrir y comunicar una verdad formada por la contribución de innumerables verdades particulares.

    El siglo XX, tan rico en conquistas técnicas e intelectuales, ha conocido serias penalidades que han puesto algunas dificultades a esta idea de universidad: las guerras, la masificación estudiantil, la pérdida de autoridad de los docentes, el estatismo, el auge y el declive de las ideologías, el economicismo y la necesidad social de títulos académicos.

    Para el filósofo español Alejandro Llano, "la universidad es un largo camino de encuentro entre generaciones, en el que el `testigo' del relevo pasa continuamente de unas manos a otras. El sosiego de la sabiduría lograda adquiere el nervio de las vitalidades que se estrenan en la vertiente nueva de la juventud. En la universidad no se pierde el tiempo que pasa; en la universidad, el tiempo que pasa se gana, al convertirse en humus creativo, en pozo de fecundidad".

    Retos pendientes

    En opinión del profesor José María Ortiz, en muchos países las universidades comunican conocimientos científicos y técnicos de alta calidad, pero sin ponerlos en relación con los grandes temas humanos, como el dar sentido a la propia vida.

    Y advierte que al perder esa dimensión, se pueden instrumentalizar sus logros y fácilmente se debilita su conexión con los problemas vitales, con las cuestiones humanas y sociales verdaderamente importantes. Se pierde además el sentido global de cada una de las disciplinas y no es de extrañar el creciente fenómeno de tantos profesionales frustrados, que no saben dar significado a su trabajo. En respuesta a esa situación, Ortiz señala que "muchos universitarios, en naciones muy diversas, han advertido la gravedad del problema y están levantando su voz para que la universidad busque y construya esa dimensión esencial que le falta. Ellos, a su vez, pueden convertirse en verdaderos protagonistas de la comunidad universitaria y social".

    Solidaridad también

    Por su parte, la educadora Nelly Vélez, colombiana, comenta que la institución universitaria, sea cual sea la forma o el modelo que adopte, "tiene siempre la necesidad de abrirse a la realidad en la que se inserta, de conocer sus circunstancias y de empeñarse seriamente en transformarla, interpretándola a la luz de las verdades más altas, y analizando las causas próximas y profundas de los diversos acontecimientos". La verdadera cultura y la formación integral es aquella que exalta no solo los valores de la inteligencia y de la voluntad individual, sino también la valiosa capacidad de abrirse al prójimo. La universidad se debe guiar por la solidaridad.

    De maestros y discípulos

    "Si un universitario -profesor o alumno- se entrega decididamente a su tarea de enseñanza o aprendizaje, no tarda en recibir la recompensa en forma de satisfacción, de alegría, de ilusión en el trabajo", es el parecer del pedagogo español Víctor García Hoz (q.d.D.g).

    "En la relación profesor-alumno se habla de transmisión de conocimientos. En la más honda de maestro-discípulo, habría que referirse al `contagio de ilusión'. No parece desmesurado pensar que el profesor llega a ser maestro cuando, sobre la competencia para `transmitir' conocimientos, llega a `contagiar' la capacidad de percibir e impulsar la realización de valores. Ni hay mucho riesgo de equivocarse diciendo que la ilusión en el estudio universitario es la ilusión en el trabajo profesional", apuntó García.

    Para Aquilino Polaino-Lorente, profesor español, "el primer proyecto para un universitario es el de su propia formación: una formación universitaria científica, cultural y moral, que, inevitablemente, multiplicará el alcance de su capacidad de hacer proyectos en el futuro".

    Polaino-Lorente aclara que "como el futuro necesariamente es continuidad del presente, si no se atiende en el presente el compromiso de ese proyecto de formación, se acabará hipotecando la futura y potencial capacidad de concebir nuevos proyectos". Y agregó: "esta exigencia es prioritaria porque constituye el horizonte posible desde el cual afrontar más eficazmente los problemas presentes en la sociedad".


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