• Orientadores brindan sus consejos a los colegiales y los padres de familia

    Son muchos los jóvenes que por estos días tienen entre manos una decisión muy importante: ¿cuál carrera estudiar? Para enfrentar las dificultades de este proceso, consultamos a diversos orientadores con el fin de que brinden sus consejos.

    La M.Sc. Idaly Cascante Herrera, directora del Departamento de Orientación y Psicología, de la Universidad Nacional (UNA), explicó que desde hace varios años realizan esfuerzos para acercarse a los jóvenes durante el proceso de elección de carrera. "Visitamos los colegios, se hace énfasis en zonas alejadas o con situaciones económicas difíciles, porque nuestra misión consiste en darles oportunidad a todos, les brindamos información académica y también sobre servicios como becas y residencias".

    Y este año, en una actividad de puertas abiertas, colegiales de la Gran Área Metropolitana y algunos de zonas alejadas interactuaron con profesores y universitarios, para obtener información y experiencias de quienes están inmersos en las distintas carreras. Y si un colegio o grupos de estudiantes lo solicitan, la Universidad les aplica pruebas de actitudes para definir su interés por las áreas de estudio.

    Las presiones

    Dejarse llevar por las carreras de moda, de gran demanda en el mercado o que pueden retribuir un salario alto, no constituyen las mejores razones para ser un profesional satisfecho con su servicio.

    "Muchas veces los muchachos no tienen idea de lo que implica ejercer una carrera como informática, veterinaria o biología marina, por eso tratamos de ponerlos en contacto con ellas, para que se pregunten: ¿es ahí donde quiero estar?, ¿es lo que quiero hacer?"

    La indecisión es una tendencia que se mantiene y se ve influenciada por aspectos como la presión social para elegir una carrera, que en apariencia puede retribuir un mayor éxito. Y, de no ser así, en algunos casos se debe justificar a los jóvenes si optan por carreras como el teatro, la danza o la música.

    La amplitud de la oferta académica de hoy en día, tanto en las universidades estatales como en las privadas ha variado y de primera entrada puede ser abrumadora, "los muchachos deben tomarse su tiempo para saber qué hacer y cómo procesar todo lo que reciben".

    Otra presión la constituyen los resultados de los exámenes de bachillerato, de los cuales depende el ingreso a ciertas carreras y no es hasta ese momento que se logra tener un panorama más definido.

    Bien acompañados

    A los padres de familia se les recomienda que sirvan de apoyo a los hijos. "Esta debería ser una decisión compartida", comenta la M.Sc. Cascante y no un conflicto familiar.

    Si es así, el joven podrá valorar mejor sus posibilidades, teniendo en cuenta el apoyo que sea capaz de brindarle su familia.

    "Es la oportunidad de compartir una decisión muy importante en la vida de una persona", dijo la profesional, "no se trata de pensar en que ya los muchachos están grandes, si bien deben asumir sus responsabilidades, necesitan sentir el respaldo al ingresar a la carrera y durante los años que les tomen sus estudios".

    Los 17 o los 18 años no bastan para desenvolverse en otros ambientes, alejarse del hogar y compartir con otras personas, por ejemplo en las residencias estudiantiles. "El desapego es difícil e implica riesgos", comentó Cascante. A esto se suman las dificultades propias de los primeros períodos lectivos, en los que se pueden perder cursos y entran los desánimos. "Para el muchacho es muy importante contar con su grupo de apoyo, su familia".

    FODA personal

    "Desde los primeros años de escolaridad se debe fortalecer el proyecto de vida de cada joven", es la opinión de la M.Sc. Marielos Zamora Barboza, orientadora psicopedagoga del Colegio Técnico Profesional de Educación y Servicios (COTEPECOS), ubicado en Sabana Sur.

    "Hay que aprender a tomar decisiones acertadas, el papel de la orientación debe ser preventivo y no curativo, que es cuando los muchachos están en los últimos años de colegio y no saben qué carrera elegir", comentó Zamora.

    Esa prevención plantea pensar en varias opciones académicas, desde cursar un nivel técnico en un colegio profesional y continuar con esa especialidad a un título de técnico medio, o bien, ingresar a la universidad estatal o privada.

    "Para saber qué hacer se necesita clarificar intereses y habilidades, que el muchacho se pregunte si le gustan las actividades al aire libre o si podría trabajar todo el día en una oficina, si prefiere lo práctico o lo teórico", recomienda la orientadora.

    "El conocimiento de sí mismo permite escoger las mejores opciones, lo que realmente nos gusta, nos hará sentir bien y con ganas de trabajar por un mundo mejor, aunque no sea la opción que reporte un ingreso económico muy alto o a corto plazo".

    Existen muchas técnicas para profundizar en esa exploración personal, una de ellas es el método FODA, que valora las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas, tanto internas o sea las propias, como las que se refieren a los factores externos.

    Profesionales felices

    También conviene pensar a largo plazo, "el contacto con profesionales ayuda a tener una mejor idea del posible desempeño en el área, hay que indagar sobre el ejercicio de la carrera y lo que implica en tiempo, las posibilidades de trabajo y las exigencias, por ejemplo, si es compatible con el cuidado de los hijos o si lo deberá hacer alguien más cuando se decida a formar una familia", dijo Zamora y agregó que el trabajo, por más sencillo que parezca, debe permitir la realización personal y proyectarse en beneficio de la sociedad, "un mal profesional daña a muchas personas, ya sea un zapatero o un médico".

    Si el joven todavía se siente inseguro, puede tomar cursos alternativos, como los de idiomas, o técnicos en computación, estética, mecánica, electricidad o construcción. "El país no sólo necesita graduados universitarios, también son muy necesarios los técnicos medios".

    Con optimismo

    En la Universidad Latina a jóvenes de colegio e incluso universitarios se les aplican pruebas y entrevistas para determinar sus áreas fuertes; sin embargo, "muchas veces aunque se tiene claro el área de interés o de mayor fortaleza, se pasan a otras carreras con mayores oportunidades laborales", comenta la Dra. Eugenia Rodríguez Ugalde, directora de la Facultad de Psicología. "Hay que lograr un equilibrio, sin dejar de lado la oferta y demanda y tampoco puede ser que las familias influencien para que estudien las mismas profesiones que los papás".

    Rodríguez coincide con las otras orientadoras entrevistadas en que el proceso vocacional empieza desde la niñez "el niño tiene que conocer sus áreas fuertes y aquellas en las que puede mejorar, esas habilidades se irán manifestando cuando ingrese al colegio y en el último año de secundaria se le facilitará su elección, también es importante que el estudiante conozca las opciones que tiene el país, de manera que no sea una decisión atropellada".

    Recomienda que los papás ayuden a los hijos a reconocer las áreas en las que tienen fortalezas, para que se les facilite decidir sobre su


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