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El CÓNCLAVE

Un día de Cónclave para un cardenal cualquiera

Ciudad del Vaticano. AFP. Misa, oraciones, votaciones y descanso: desde el domingo pasado y hasta la elección de un nuevo Papa, la vida de 115 cardenales de los cinco continentes está sujeta a normas estrictas y presidida por un inviolable juramento de silencio.

"Este es el trabajo de la vida de los cardenales. Es lo mejor que les puede ocurrir", resumió el padre Alfonso Cortez, rector del Colegio de México en Roma, que ha acompañado al cardenal Juan Sandoval en el precónclave y conoce bien la rutina vaticana.

Cómodamente instalados en la residencia Santa Marta, un hotel para religiosos, cientÍficos y teólogos en el complejo del Vaticano, los cardenales se levantan hacia las seis de la mañana.

A las 07h30, todos participan en una misa en la que se encomiendan al EspÍritu Santo para que les ilumine en la elección del pontÍfice, una ceremonia corta seguida de un desayuno.

Acto seguido, aquel que quiera estirar las piernas recorre a pie los escasos 400 metros que separan la residencia de la Capilla Sixtina, en un trayecto totalmente cerrado a la prensa y a los fieles. Los más ancianos o con dificultades para caminar usan autobuses.

"Naturalmente no habrá personas a lo largo del recorrido. Los accesos se precintarán", afirmaron los portavoces del Vaticano.
A las nueve en punto todos están en sus puestos en la Capilla Sixtina para rezar Laudes, la oración matutina de la Liturgia de las Horas y después comienzan las votaciones: dos por la mañana y dos por la tarde.

Cada purpurado pasa a votar, acercándose a la mesa donde está colocada la urna, frente al altar. El primero en depositar la papeleta es el cardenal decano, el alemán Joseph Ratzinger, y los últimos los nombrados por Juan Pablo II en el último consistorio del 2003.

Después de la fumata del mediodÍa, los cardenales regresan a almorzar y descansan en sus habitaciones, todas ellas individuales y con baño.

La comida corre a cargo de las monjas de la Congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que se encargan habitualmente de la Casa Santa Marta.

Por las tardes, los purpurados se reúnen de nuevo para iniciar su procesión hasta la Capilla Sixtina. Las votaciones comienzan a las 16h00.

"Después de las votaciones, las papeletas y los eventuales apuntes de los cardenales se queman en la estufa preparada dentro de la Capilla", explicó Cortez.

Al final de la segunda votación y de la consiguiente fumata se rezan las vÍsperas, oración vespertina de la Liturgia de las Horas.

"Después de la cena, cada uno dispone de tiempo libre para conversar con otros cardenales más cercanos o rezar antes de retirarse a dormir", explicó Cortez.

Ningún purpurado puede hablar directamente, por teléfono o internet sobre lo que está ocurriendo en el Cónclave.

Sus jornadas transcurren bajo la vigilancia de los médicos y enfermeras que velan por la salud de los cardenales y también están bajo juramento de silencio al igual que los conductores de autobús, monjas, personal de limpieza y otros.

Según el religioso, el ambiente entre los cardenales es tenso debido a la responsabilidad. "La mayorÍa no tiene ninguna experiencia en Cónclaves, están aturdidos por esta gran misión", asegura.

Después de 13 votaciones sin elección, habrá una jornada de reflexión y oración, que en este caso serÍa el próximo viernes. Las pausas posteriores de los cardenales serán cada siete escrutinios hasta llegar a un máximo de 34.

A partir de entonces se decidirá por mayorÍa absoluta qué sistema de elección se debe seguir.

"Los cardenales no creen que sea un cónclave largo, pero desean cumplir con su misión correctamente y reflexionar lo que haga falta", aseguró Cortez.

Informaciones publicadas por la prensa aseguran que muchos purpurados llegaron a Roma con una pequeña maleta y están deseando acabar lo antes posible el cónclave para volver a sus paÍses de origen.

"Este es su trabajo ahora, no tienen otra prioridad y la mayorÍa se quedará en Roma hasta que el nuevo Papa tome posesión", concluyó el religioso mexicano
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