Viernes 10 de setiembre de 1999
Fascículo 4

Muerte digna

El serhumanotienederecho a protagonizar su muerte, con la mejor calidad de vida posible

Elsa Méndez *

La muerte, inexorablemente, va ligada a la vida. Resulta polémico hablar de la muerte, este tema en ocasiones desencadena una serie de temores, incertidumbres y, por lo general, antes de enfrentarlo le volvemos la espalda, hablamos del asunto con ironía o se asume como una realidad que solo toca a otra gente.

Se da una tendencia a pensar que las únicas que deben preocuparse por la muerte son las personas mayores o quienes tengan una enfermedad terminal.

Como norma, cuando la familia se entera de que su padre, tía u otros parientes cercanos se enfrentan a circunstancias que hacen prever una muerte inminente, asumen conductas que van desde la ley del silencio hasta la sobreprotección y el activismo.

Ambas actitudes resultan lesivas ya que en la primera no permiten al moribundo un enfrentamiento concreto con su realidad ni la visión de sus dudas, expectativas e inquietudes. La sobreprotección anula su autonomía y puede lesionarle su autoestima.

La persona en estado terminal desea que se le reconozca que su ?muerte?, es única, personal, inalienable; en fin, que tiene un particular sentido: el que él le otorga. Es necesario hacer importantes esfuerzos para comprender y acompañar en este difícil trance al moribundo y proporcionarle las condiciones para que el último acto de su vida sea experimentado tal como él lo deseó.

En el preciso momento en que la familia y el paciente se enteran de que las posibilidades de vida son mínimas se experimenta una serie de micropérdidas de orden físico, emocional, social, financiero entre otras; algunas pueden ser reales; otras, simbólicas.

Esta experiencia abruma al paciente y a la familia, y no se encuentran salidas. El desconcierto, la furia, los temores, las inseguridades toman su lugar. Es importante que los parientes comprendan que si conservan la tranquilidad, esto va a repercutir directamente sobre el bienestar del enfermo.

Morir en el anonimato, en las salas frías y blancas de un hospital, es percibido por muchos como una agresión que genera sufrimientos y serios problemas en su identidad. Morir en el hogar, al calor de los seres queridos, ofrece una oportunidad humana y cálida de enfrentarse a este difícil momento.

* Enfermera y gerontóloga UCR.

Irremplazable

La función de la familia es irremplazable:

* Soliciten orientación y asesoría sobre los cuidados necesarios para garantizar ?calidad de vida del moribundo en estos últimos momentos?.

* No lo haga víctima de la ?conspiración del silencio?; el hablar con él y compartir sus inquietudes le produce consuelo, paz y confianza.

* Permítale expresar sus sentimientos y temores, tomar decisiones, respáldelo para que vaya cerrando capítulos de su vida.

* El contacto físico, la expresión facial, la proximidad, la atención, el escuchar son vitales. El silencio algunas veces es más elocuente que muchas palabras.

* No pierda la esperanza. Ella consiste en concentrarse en identificar en el doliente en qué enfoca su esperanza y proporcionarle, en la medida de lo posible, la ayuda. Puede ser que la esperanza ya no se centre en la curación, pero sí en pasar una noche sin dolor, en esperar que el último tratamiento le va a permitir sentirse más cómodo o la esperanza de un cumpleaños más al lado de sus seres queridos.

* Hay actividades específicas que los miembros de la familia deben aprender. Consulte al hospital donde es atendido el paciente si cuenta con equipo de cuidados paliativos o atención domiciliar

* En el cuidado del enfermo moribundo debe participar toda la familia, incluyendo niños, adolescentes; la tarea de cuidador es cansada y desgastante, por lo que se recomienda que varios miembros de la familia asuman este papel. Si solo una persona lo asume, podría ser víctima del ?síndrome del cuidador?, con serias consecuencias para su salud física, emocional.

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