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| Viernes 3 de setiembre de 1999 |
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Sexualidad para mayores¡No es, ni debe ser, inexistente! Alvaro Martínez *
Estos y otros factores han causado un estereotipo de que la sexualidad no es del interés ni la incumbencia de las personas mayores de 60 años y que, en especial las mujeres, deben ir gradualmente abandonándola. Sin embargo, al otorgar a la sexualidad la dimensión que merece, distinguiéndose de la mera genitalidad, entonces se hacen más evidentes sus virtudes como medio de expresión de afecto entre la pareja, de compartir momentos de intimidad y de refuerzo continuo del lazo afectivo que debe unir a los cónyuges. Al verla desde esta perspectiva, se debe hacer más obvio que la sexualidad juega un papel clave en la vida afectiva de cualquier persona o pareja adulta de cualquier edad. Entonces, resulta claro que la sexualidad no es, ni debe ser, inexistente en las personas mayores, sino, sencillamente, diferente. VariedadPrimero hay que reconocer que, respecto a los aspectos eróticos y genitales de la sexualidad, hay una gran variedad en el grado de interés entre individuos. Así, algunas personas mayores mantienen un interés tan vivo como el de un adulto joven mientras que, en el otro extremo, existen quienes pierden este interés casi totalmente. Sin embargo, la mayoría de las personas mayores se ubican en algún nivel intermedio entre estos dos extremos. Lo que sí es indudable es que, en el transcurso de su vida, todas las personas van a experimentar cambios en cuanto a interés y capacidad de mantener relaciones sexuales; lo más frecuente es que haya una disminución en aspectos fisiológicos como la libido (interés por mantener relaciones genitales), el número de erecciones (hombres) y la lubricación vaginal (mujeres). Sin embargo, los intereses y necesidades en el área afectiva o emocional de la sexualidad sufren cambios en cuanto a su naturaleza, pero nunca desaparecen. Por eso, es un error que las personas mayores renuncien a su sexualidad y es mucho mejor decisión enfrentar los cambios y buscar soluciones cuando sea necesario. Para esto, lo primero que se debe hacer es lograr una buena comunicación entre los dos miembros de la pareja. De este modo, se evitan los malos entendidos e interpretaciones tan frecuentes cuando se dan los cambios en la sexualidad. Un ejemplo frecuente de esto es que se interprete la disminución del interés del cónyuge por la actividad sexual como un signo de infidelidad o disminución de cariño. La realidad es que en gente joven esta puede ser, con alguna frecuencia, una interpretación válida, pero en personas mayores constituye, la mayoría de las veces, un grave error. IntimidadOtro problema que no se puede dejar de mencionar es uno que es totalmente social. Es muy frecuente que, como parte del proceso de descalificación de la sexualidad de la pareja mayor, su grupo familiar, consciente o inconscientemente, vaya gradualmente privándola de los espacios íntimos necesarios para mantener una vida sexual. Las personas mayores deben, en todo momento, defender su derecho a la intimidad y a una vida sexual activa. Con estos ejemplos resulta claro que los cambios en la sexualidad que sufre la enorme mayoría de las personas mayores pueden poner tensión en la relación de pareja. No obstante, existen soluciones para la mayoría de estos cambios y situaciones. Debe ser claro en todo momento que la mejor manera de solucionar tales dificultades es a través de un acercamiento de la pareja, con más expresiones de amor, mejor comunicación, confianza mutua y apertura. La pareja que logra esto saldrá de sus dificultades más fortalecida y conservando una vida sexual mutuamente satisfactoria, a la cual nunca debe renunciar. * Geriatra CCSS.
EstrategiasLineamientos para una sana sexualidad: 1. Ser comunicativo ante los cambios en la sexualidad. 2. Ser receptivo y comprensivo con las inquietudes y temores de la pareja. 3. Buscar ayuda profesional; muchos problemas físicos que surgen tienen solución. 4. Ser abiertos y receptivos a las posibles soluciones de los problemas. 5. Evitar los reclamos y las culpabilizaciones. 6. Algunas veces el hombre decide culpar a su mujer de la situación alegando que ella ha descuidado su apariencia personal o se ha hecho muy vieja. Con frecuencia comete el error de buscar una compañera más joven y atractiva. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el problema más bien se acrecienta pues la compañera se tornará más demandante e incomprensiva. 7. Es frecuente que la mujer se sienta insegura ante el cambio en su compañero y lo acusa de infidelidad. Esto angustia al hombre con el consecuente deterioro en su función sexual y es a causa de un conflicto tal, que muchos de ellos optan por buscar otra pareja.
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Sexualidad para mayores