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| Viernes 27 de agosto de 1999 |
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Medicinas,¡con mucho cuidado!Sea prevenido y no se auto-medique Mónika Hidalgo *
Con la edad, el flujo sanguíneo y la motilidad en el tracto gastrointestinal bajan, haciendo que la absorción del medicamento sea más lenta; en el hígado la actividad enzimática también disminuye, al igual que en los riñones, lo que se traduce en una eliminación más lenta del fármaco. Los cambios en la composición corporal, al aumentar en forma moderada la grasa corporal y disminuir el peso así como el agua corporal, son responsables de que a dosis estándar las concentraciones sanguíneas de un medicamento sean mayores en el anciano. En resumen, los adultos mayores son más susceptibles a interacciones de fármacos, a los efectos adversos y tóxicos de la mayoría de los medicamentos. En sus casas, los ancianos consumen tres veces más medicamentos, tanto de venta libre como de prescripción, que el resto de la población. Al año, aproximadamente, se le realizan 13 prescripciones. En los pacientes que sobrepasan los 60 años es muy alta la prevalencia de problemas de salud. Alrededor del 80 por ciento padece de una o más enfermedades crónicas. Como resultado, consumen una alta proporción de medicamentos. Algunas veces se producen errores en la administración de los fármacos por la presencia de trastornos mentales y visuales en el adulto mayor. Dentro de los medicamentos más comúnmente empleados por este grupo etario están los empleados para el tratamiento de la presión alta, la ansiedad, la depresión, el insomnio y enfermedades inflamatorias. En Estados Unidos una de cada seis personas es mayor de 60 años y de ellos: 1 de cada 3 consume tranquilizantes. 1 de cada 2, píldoras para dormir. 1 de cada 3, antidepresivos. 2 de cada 2, antihipertensivos. 2 de cada 5, medicamentos para trastornos digestivos. PrescripciónLos medicamentos que actúan en el sistema nervioso central conocidos como psicotrópicos que se utilizan para la ansiedad, la depresión o el insomnio entre otras indicaciones, deben ser administrados únicamente con prescripción médica, en la dosis recomendada por el especialista y bajo supervisión de los familiares o encargados del paciente pues algunos de ellos se han relacionado con un alto riesgo de caídas en el anciano. Aquellos que son para controlar las enfermedades crónicas exigen especial atención en cuanto a su cumplimiento; por ejemplo, los utilizados para controlar la presión alta, antihipertensivos o diuréticos deben administrarse al pie de la letra para prevenir una crisis hipertensiva. En el caso de antiinflamatorios no esteroides (AINES), indicados para el dolor y la inflamación, deberán administrarse con precaución en el adulto mayor y reservarse para formas inflamatorias como artritis reumatoidea o gota. Deben evitarse, si es posible, en aquellos pacientes con historia de úlcera o hemorragia gastrointestinal. Es importante considerar que todos los medicamentos producen simultáneamente efectos benéficos y otros que son inconvenientes para el paciente y que en el adulto mayor, especialmente, deben administrarse medicamentos solo en caso necesario, por indicaciones bien definidas y a la dosis mínima terapéutica. Además, es elemental la interrupción del uso de fármacos que ya no necesite o bien que no cumplan con la finalidad deseada. * Farmacéutica de la UCR.
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Medicinas, ¡conmucho cuidado!