Viernes 20 de agosto de 1999
Fascículo 1

Envejecimiento y edad

Preparación arranca en la juventud

Jorge Hidalgo*

HABITOS.
El estilo de vida repercute en las condiciones en que se llega a la vejez.
Todos nacemos envejeciendo. El envejecimiento es un proceso de la vida misma. El proceso del envejecimiento implica un conjunto de aspectos de orden biológico, fisiológico, psicológico, sociológico, antropológico y otros más, que acontecen con el transcurrir del tiempo. Es un proceso sumamente complejo, que se manifiesta en muchas dimensiones y que demanda un esfuerzo interdisciplinario para poder llegar a explicaciones más o menos satisfactorias.

A la fecha, no existen teorías biológicas o sociales que hallan sido aceptadas en forma general por parte de los miembros de la comunidad científica, como paradigmas que expliquen el envejecimiento.

Los estudios emprendidos por los especialistas que estudian el envejecimiento revelan que la edad calendario o edad cronológica no es un buen indicador del grado del envejecimiento. Decir que una persona tiene 75 años de edad no es indicativo del grado de envejecimiento que esa persona tiene porque hay personas de menor edad que sufren muchas mermas funcionales mientras que hay otras de la misma edad que sufren pocas mermas funcionales. Por eso, los expertos tratan de determinar la “edad funcional” de una persona, no por la edad calendario, sino por la capacidad de funcionar que dicha persona manifiesta.

La edad funcional es una combinación de la capacidad de funcionar en sociedad que manifiesta el individuo y de su edad cronológica.

Son los factores genéticos y el estilo de vida lo que más repercute en las condiciones en que llega a la vejez un ser humano.

Con el proceso del envejecimiento, la persona experimenta cambios debido a las modificaciones en la apariencia, tales como arrugas, canas, pérdida de vigor y un incremento en el sentido de pesar y duelo debido a las pérdidas afectivas experimentadas a lo largo de la vida, que si no se logran superar, pueden producir efectos adversos en el individuo.

Es muy importante con el envejecimiento superar las pérdidas afectivas (divorcios, jubilación, viudez, cambios de papeles sociales de padres a abuelos, etc.) y aceptar la vejez como una fase inevitable de la vida humana.

Como no hay una edad exacta a partir de la cual se pueda decir que comienza la vejez, la preparación para ella arranca en la juventud pues muchos de los males que le acometen a los envejecidos son de carácter crónico; su etiología yace en los hábitos y actuaciones de edades más tempranas.

* Catedrático y profesor UCR.


No hay tercera edad

No hay evidencias científicas aceptables que la vida del ser humano se divide en “tres edades”. La vida es una sola, que debe vivirse como una unidad, acto que es menester para que el individuo desarrolle un sentido íntegro de la existencia.

Si la persona fracciona su vida en etapas, es por mera conveniencia, pero no porque esas etapas sean realidades autónomas.

Son más bien tipificaciones o estereotipos sociales y solo tienen validez dentro de la ideología grupal. Pero, conforme avanza nuestro conocimiento científico, también se dan cambios en las mentalidades colectivas.

El estereotipo de la “tercera edad” ha cambiado gracias a las investigaciones de los gerontólogos, que han logrado demostrar que la edad no es un criterio confiable del grado de envejecimiento y que no hay evidencias de que la vida del ser humano se divida en tres partes.

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