
No hubo nadie en Costa Rica que no se enterara y disfrutara de su histórica victoria en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96, que significó el momento culminante... la máxima hazaña... la mayor gloria en la historia del deporte costarricense.
Desde un emocionado niño de cuatro años hasta un agitado anciano nonagenario, concentrados en sus casas, vibrando de alegría y emoción en cada rincón del terruño, gritaron al mundo a más no poder: "¡Viva Claudia Poll, la campeona olímpica!"
La expectación era enorme esa inolvidable tarde del 21 de julio de 1996. En el ánimo de los costarricenses no se ocultaba el nerviosismo frente a los televisores, para observar la final de los 200 metros libres, en la cual estaba clasificada con honores la sirena nacional, de 23 años.
Los obstáculos mayores para anexarse el oro eran, casualmente, las alemanas Franziska Van Amsick --poseedora del récord mundial-- y Dagmar Hase --campeona olímpica--, la primera superando a Claudia por 47 centésimas de segundo, cuando Van Amsick impuso en la prueba clasificatoria el mejor tiempo rumbo a la final (1:59.40).
La Poll, pues, estaba cansada, quejándose de dolores, tras el esfuerzo titánico de la mañana para ubicarse entre las ocho primeras del mundo. Pero pudo más su fuerza de voluntad, para quebrantar la ilusión de la europea y subir al podio máximo que tienen reservado los dioses olímpicos a sus campeones.
La comprensión por el volumen de su exitoso oro en la moderna piscina del centro acuático de Georgia Tech, ante 35.000 espectadores, impactó en Atlanta 96 y trascendió la barrera de la rutina, tras muchos años de frustración deportiva. Claudia lució fuerte, valiente y decidida.
La victoria fue para ella, al registrar un minuto, 58 segundos y 16 centésimas. De esta manera, en plena celebración del centenario olímpico, engrandeció eternamente su estirpe familiar, porque la misma prueba había consagrado de plata a su hermana Sylvia ocho años antes, en las justas de Seúl 88.
Francisco Rivas, su estratega, y Monserrat Hidalgo, coentrenadora, defienden la idea que el campeón no nace, se hace. Al principio, ingresó al Club Cariari a la edad de siete años (1979), para aprender a nadar. Claudia mostraba parsimonia y poco entusiasmo; nadie entonces creyó que podría tener un talento en el agua. Ella demostró luego lo contrario.
En efecto, la poseedora del récord mundial de 200 metros libre, en piscina corta, logrado el año anterior en Río de Janeiro (Brasil), heredó el talento de una dinastía que comenzó en 1975, cuando María del Milagro París empezó a hacer el trillo que luego siguieron Sylvia Poll y la propia Claudia.
El libreto propio de esta historia la escribió Claudia, cuando hizo su debut "en serio" en las pruebas individuales en el CCCAN de Salinas, Puerto Rico (1987), con una presea de oro y dos de plata, que le brindaron confianza para optar al escalafón universal.
Y el sueño se cumplió en 1989, a los 16 años. Guiada por Rivas, la reina nació a los ojos del mundo en forma generosa, en la tierra de Simón Bolívar. Esa vez salió invicta en todas las pruebas que nadó, estableció récords, ganó siete preseas de oro e ingresó al ranking en los 200 libre, en el CCCAN de Venezuela.
Lo que vino después fue que ella dejó de ser un secreto para el planeta, al apoderarse de una estela espectacular de marcas y dividendos de oro, en el desarrollado y competitivo mundo acuático, adelantándose a las mismas proyecciones rumbo a Atlanta 96.
Los Pan Pacific en Kobe y Atlanta, los Juegos de la Buena Voluntad en Rusia, los Mundiales de Roma y Río de Janeiro --aquí con un récord mundial en 200 libre, en piscina corta-- y el Mare Nostrum Tour europeo, además de diversos torneos internacionales de fogueo en el continente, son algunos ejemplos en los cuales lució imponente con sus brazadas firmes y veloces.
Un comentario suyo al diario La Nación puso en claro que Costa Rica, si se lo propone, es capaz de grandes cosas: "Sin grandes avances tecnológicos, hemos logrado alcanzar un récord mundial y una medalla de oro olímpica. Lo principal es no dejarse caer cuando hay errores y se falla en la competencia; hemos de dar un paso extra, luchando tres veces más, si se quiere realmente conquistar algo con el corazón".
Una vez más, con coraje, sacrificio y planificación, un deporte individual le brindó al país la victoria más importante de la historia del deporte. Un sueño hecho realidad y... el relato de la gran Claudia Poll se escribió así en Atlanta 96, con la primera presea dorada de Costa Rica en una olimpiada.
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