Preguntones por naturaleza
Lejos de ser un fastidio, la famosa edad de los porqués es una etapa decisiva en el desarrollo integral de los niños.
Mami, ¿por qué algunas personas se mueren? ¿Por qué la Luna es blanca? ¿Por qué se hace de noche y de día? ¿De dónde vienen los bebés? ¿Por qué los grandes tienen que ir a trabajar? ¿Por qué la papaya tiene vitaminas?Ö Si sus hijos lo han sometido a un interrogante como este o a otro similar, ¡bienvenido! Usted es un padre o madre que se enfrenta a la famosa pero a la vez difícil edad de los porqués. Si bien, los niños y niñas son preguntones por naturaleza, es cerca de los 4 años que se incrementa la avidez por conocer más allá del entorno, por preguntar y repreguntar sobre todo lo que ven, sienten o experimentan. La razón es sencilla. Tal y como lo afirma la piscopedagoga Karina Picado Vargas, el pequeño (a) se ha vuelto más independiente que nunca, se cree el centro del mundo y ha desarrollado el principal medio para interactuar con terceros: el lenguaje verbal. Es en esta edad cuando descubre, por instinto, la relación causa-efecto de las cosas, y además, su mente comienza a elaborar conceptos en forma de cadena. Por eso, aunque los papás se sientan desorientados sobre cómo responder al alud de interrogantes, deben comprender que se trata de una etapa normal y necesaria, que más bien hay que estimular para que, ojalá, nunca llegara a su fin. "Nuestra sociedad, hace todo lo contrario. Si el niño es muy preguntón lo vemos como un estorbo. No los dejamos pensar", es la queja del pediatra Freddy Ulate Mora. Su reclamo es válido desde todo punto de vista, pues algunos expertos en el tema de la mente aseguran que la capacidad de formular preguntas y de saber contestarlas es una parte fundamental de la inteligencia. Al menos, así lo aseguran los escritores argentinos Robert J. Sternberg y Louise Spear-Swerling en su libro Enseñar a pensar.
Regálele respuestas De acuerdo con Nelly Athertúa Contreras, educadora de preescolar de la Región Central Sur del Ministerio de Salud, lo ideal es nunca dejar a los niños sin una respuesta y, menos aún, considerar que todavía no tienen la edad para comprenderla (aunque la duda tenga relación con un tema sexual). Por el contrario, lo que se aconseja es indagar primero hacia dónde se dirigen los intereses del niño y evacuarle las dudas, de acuerdo con las posibilidades del adulto. Si no se tiene la respuesta, es aconsejable ser honestos e invitar al niño a que trate de obtenerla. No contestarles, en cambio, podría transformarlos en personas muy inseguras y temerosas a cuestionar. Para incrementar los niveles de abstracción (de pensamiento), el pediatra Freddy Ulate recomienda lo siguiente: léale mucho, déjelo pintar, motívelo a construir y enséñele a realizar experimentos seguros. En fin, póngale alas a la imaginación de sus hijos y por no les limite la creatividad. Tome en cuenta que es hasta los 8 años cuando ellos según el profesor Benjamín S. Bloom, de la Universidad de Chicago habrán alcanzado el 80 por ciento de la inteligencia que tendrán como adultos. ¡Todavía puede ganarle al tiempo! |
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