Inicio ¿Qué hay para mi bebé? Potencial puro Fuera tensiones Niños deseados Bebes en acción Bocados transformadores

Antes de nacer

La estimulación prenatal favorece el aprendizaje de los niños y optimiza su desarrollo

Ivannia Varela

Hace algunos años las abuelas estaban convencidas de que el vientre materno era una cavidad completamente silenciosa y oscura, donde nada perturbaba la paz del bebé en formación.

Hoy, los científicos han demostrado que no hay nada más alejado de la realidad. Dentro del útero, el feto puede escuchar (a partir del cuarto o quinto mes de gestación), percibe cambios de luz (sobre todo en el último trimestre), experimenta sensaciones a través del tacto (succiona sus dedos), reacciona de manera distinta ante diversas situaciones, se tranquiliza cuando su madre está en calma y se sobresalta cada vez que ella se altera.

Incluso, contrario a lo que muchos podrían imaginar, se ha descubierto que un bebé puede adquirir conocimientos durante la gestación y recordar esoe aprendizaje aún después de su nacimiento.

Con revelaciones como estas, el concepto de "estimulación temprana" ha variado radicalmente. La expresión comenzó a dar vueltas por el mundo hace apenas una década y pretende obsequiarle a los niños herramientas para que desarrollen al máximo sus potencialidades durante los primeros cinco años de vida, precisamente durante el periodo en que el cerebro humano se muestra más activo y receptivo que nunca. Ahora los especialistas pretenden comenzar ese proceso de estimulación antes de que los padres de familia lleguen a tener al bebé entre sus brazos.

Multiplicación celular

La idea es aprovechar al máximo la etapa prenatal, pues es precisamente en ese momento cuando se genera el mayor número de neuronas cerebrales (250.000 por segundo) que sumarán 100.000 millones en el momento del parto, casi el mismo número de células nerviosas que estrellas en la Vía Láctea.

En un amplio reportaje publicado por la revista Time, se indica que si los científicos pudieran auscultar secretamente el cerebro de un embrión humano de 10 a 12 semanas después de la concepción, escucharían un alboroto asombroso, algo así como un rat-a-tat- tat. Rat-a-tat-tat. Rat-a-tat-tat. Tan particular sonido obedece a las conexiones neurológicas que se están gestando en ese pequeño ser cada vez que es sometido a un nuevo estímulo.

"Por eso, lo que la mamá siente, ingiere y le transmite a su hijo durante las 40 semanas de gestación es clave para el desarrollo del futuro bebé", recalcó el pediatra Freddy Ulate, quien asegura que la madre le envía al feto constantes mensajes bioquímicos que contribuirán a moldear su personalidad e intelecto.

Y es que, tal y como lo afirman los expertos de Unicef, en el documento Estado Mundial de la Infancia, 2001, desde la primera división celular, el desarrollo del cerebro es producto de un delicado equilibrio entre genes y entorno.

Primeros ensayos

El japonés Masaro Ibuka, dueño de la compañía Sony, fue uno de los pioneros en el concepto de estimulación fetal. Este hombre, según el periódico venezolano El Universal, comenzó a estimular a los fetos a través de la música y la poesía con la idea de que estos continuaran a edades tempranas con el famoso método Suzuki de violín. La intención de este método es que pequeños de 4 años sean capaces de interpretar melodías.

Si bien las técnicas de estimulación no produjeron genios, los niños y niñas que fueron sometidos a una serie de ejercicios musicales antes de nacer presentaron un muy buen oído.

En California, el doctor René Van Decard, se apasionó con igual fuerza por este tema y fundó la Universidad Prenatal para estimular a fetos a partir de los cinco meses de gestación. Y en Venezuela, la psicóloga Beatriz Manrique desarrolló una metodología que aplicó a más de 600 mujeres embarazadas de zonas marginales de Caracas.

Los resultados fueron sorprendentes. Sin que se tratara de nuevos Einsteins o Mozarts, los niños estimulados desde el vientre se mostraron más alertas, independientes y relajados. Además, sus coeficientes intelectuales fueron más altos que los de aquellos que no recibieron ningún tipo de estimulación. También presentaron un mejor desarrollo visual, auditivo y motor, tenían mayor capacidad de aprendizaje y manejaban mejor las situaciones de estrés.

Los pequeños fueron evaluados desde la etapa prenatal hasta los 5 años, aproximadamente.

Pero ¿cuáles fueron esos ejercicios que marcaron la diferencia? Nada del otro mundo: golpecitos en el vientre, sonidos suaves y melodiosos, la voz de la mamá y la de los otros miembros de la familia, vibraciones y juegos de luces . . . Estímulos, todos, que fueron presentados al bebé de una manera organizada y repetitiva para que quedaran impresos en su tierna memoria. ¡Intentarlo no le costará nada!



© 2002. LA NACION S.A. El contenido de Nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de La Nación S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com