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Jorge Vargas Cullell | jovargas@nacion.co.cr. |
Politólogo
Señoras y señores, niños y niñas, estimables lectores y lectoras: gracias a la comunicación globalizada, hoy podemos saber que ciertos países tienen una exótica costumbre. Altos funcionarios asumen responsabilidad política por las fallas del Gobierno y renuncian luego de una torta grande. Uso la palabra exótica en la segunda acepción del diccionario: Extraño, chocante, extravagante y no en la tercera y más latinoamericana versión (pero más reconocible): Bailarina de cabaré –por aquello de los contoneos–.
Para que vean que no exagero y vengo sin ánimo de fregar, expongo sin aderezar esta noticia: el primer ministro de Taiwán, Liu Chao-shiuan, renunció luego de que el gobierno fuera ampliamente criticado por su ineficaz respuesta en la atención de las víctimas del huracán Morakot que afectó la isla a inicios de agosto (más de 700 personas murieron). El gabinete ministerial será reemplazado en su totalidad esta semana. ( New York Times , 8/9/2009).
Antes, había que esperar varios años para que el Capitán Cook diera una vuelta al mundo para saber que en alguna isla perdida practicaban la horrorosa costumbre de la antropofagia. O había que esperar que el Sr. Stanley volviera del África para conocer la suerte del Sr. Livingstone, famoso explorador inglés perdido por mucho tiempo en las selvas del Congo. Ahora no: Internet y los medios nos dan a conoce r, ipso facto, la impactante práctica de que en otros países los políticos tienen la mala costumbre de asumir culpas y de renunciar.
Muchos políticos ticos pensarán: “¡Qué maes más maes! ¿A quién se le ocurre apiarse por eso de la mula?” Dice la Biblia que más fácil pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el paraíso (aunque es materia de especulación si varios camellos pasaron o no). Al juzgar científicamente la probabilidad de que un político tico renuncie, Varguitas dice que, a veces, parece fácil hacer caldo de pollo con un riel de tren a que ese evento ocurra.
Y, sin embargo, aún en este Gobierno, algunos han renunciado, asumiendo la responsabilidad política. Son casos excepcionales, que denotan entereza personal, pero no una costumbre. Usualmente, se aplica este corolario: son renunciados los prescindibles, las figuras menores, los demás ni se mueven de la foto. Cuando raramente los importantes se van, es por “motivos de salud”, “para dedicarse a la familia” o para hacer política. Cito un par de ejemplos: nada pasa cuando se responde ineficazmente ante catástrofes y nadie sabe nada de cómo aparecen beneficiarios “papudos” en leyes que condonan deudas –solo se caen funcionarios intermedios–. La regla de oro en Tiquicia, aprendida desde el kínder, es: yo no fui, fue Teté. ¿O no?
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