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Costa Rica, Domingo 6 de septiembre de 2009

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Polígono

Fernando Durán Ayanegui | ferduraya@racsa.co.cr

Opinión

químico

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El que en este diario aparezca, al pie de cada columna firmada, la dirección electrónica del autor, permite que a veces se abran por Internet interesantes diálogos privados. En mi caso suelen empezar con expresiones de aprobación o con corteses refutaciones, y solo ocasionalmente con reprimendas hostiles o destempladas. Hechas las cuentas, lo más grave que me había recordado un lector es aquella máxima de Elías Canetti según la cual “El escriba viejo, letras agujereadas”. Es decir, aparecen más amigos que enemigos y, entre estos últimos, ninguno amenazante; pero la excepción ha llegado y el exabrupto proviene de un ámbito siniestro.

¡Usted es un cobarde! ¡Se atreve a hablar de un hombre muerto! ¿Cuántos miembros de su familia mató Adolfo Hitler? ¡Cobarde, inferior!” . Tal es el texto de un correo electrónico que me fue enviado, en correcto español y creo que desde Finlandia, por un europeo que reaccionaba tras leer la columna Polígono de hace dos semanas, dedicada a comentar dos de los numerosos libros que han sido publicados sobre los últimos días de Hitler, el diabólico criminal que, por lo visto, sigue siendo objeto de veneración. A juzgar por la dirección electrónica que escogió para identificarse (teblinka777@hotmail.com), este nazi o neonazi se siente orgulloso del vasto genocidio perpetrado por las hordas de las SS durante la Segunda Guerra Mundial: en el campo de concentración de Teblinka, o Treblinka, fueron exterminadas más de un millón de personas, lo que me permite imaginar a mi triste interlocutor (o quizás a su padre) como un fiel admirador de Hitler que se deleitó ejerciendo la función de verdugo.

Es, desde luego, descabellado el argumento de que comentar los actos de barbarie de un criminal muerto es cobardía, y más descabellado aún es pretender que uno no tenga derecho a condenar el genocidio a menos que entre sus víctimas haya figurado algún pariente. Sí me satisfizo que una excrecencia del nazismo me ladrara la acusación de ser “inferior”, pues, como aproveché la ocasión para comunicárselo, tal intento de insulto me consagra como un hombre honorable. A esto, el nazi responde, ahora en un español menos aceptable, que él (supongo que para emular a Hitler) es vegetariano, no fuma ni bebe; y agrega que no considera honorable a quien no haya empuñado las armas para defenderse de “las razas inferiores que se roban un país”, para concluir señalando que el término “hombre” solo es aplicable a un ario. El gran problema, pienso no sin cierto espanto, es saber cuántos monstruos en potencia como este andan todavía sueltos por ahí.

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