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Costa Rica, Domingo 6 de septiembre de 2009

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Armando González R. | agonzalez@nacion.com

En deuda con doña Lisbeth

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Me siento en deuda con la Dra. Lisbeth Quesada, hasta hace poco defensora de los Habitantes. La deuda es también con los lectores. Dediqué dos columnas consecutivas a criticar la labor de doña Lisbeth en la Defensoría y ni una sola vez mencioné los grandes méritos de la Defensora en un área que siempre debe serle reconocida: el más noble ejercicio de la Medicina y, en particular, su trabajo en la Clínica de Cuidado Paliativo del Hospital Nacional de Niños.

Sostengo la crítica a su labor como Defensora y mantengo la esperanza de que la Asamblea Legislativa elija bien a quien la suceda, aunque las últimas noticias son inquietantes. La candidata con mejores posibilidades es una diputada que, en declaraciones brindadas a la televisión, se preguntó cuál tema podría llegar a la Defensoría tan importante como para que el ejercicio independiente del cargo cobrara relevancia. Mal augurio y razón para meditar si los candidatos deben salir de la Asamblea.

La historia de la última década también llama a meditar si la migración es deseable en el sentido contrario; es decir, de la Defensoría hacia la Asamblea. El cargo de Defensor adquiere majestad con la independencia y el compromiso estricto con la defensa de los derechos ciudadanos, entendidos en su forma más concreta. Pero ese es otro tema y esta columna fue concebida para pagar la deuda. El desacuerdo con doña Lisbeth sobre la mejor forma de desempeñar el cargo ya fue ventilado.

Lisbeth Quesada es reconocida por pacientes y colegas como uno de esos míticos médicos a la antigua, siempre en disposición de prestar auxilio a quien lo necesita. Es el tipo de profesional en cuyas manos uno querría caer, llegadas las circunstancias. Tanta es su fidelidad al juramento hipocrático, que ni siquiera un columnista crítico de su labor como Defensora temería –y antes bien desearía– contar con su asistencia profesional.

La Clínica de Cuidado Paliativo es un emprendimiento monumental y la Dra. Quesada tiene el mérito abrir brecha en la materia. La labor es ingrata, sobre todo en el caso de la Exdefensora, quien se dedica a los niños. La Clínica de Cuidado Paliativo asume los casos cuando ya la enfermedad no responde a tratamientos y su propósito es atenuar el dolor de la muerte en sus dimensiones biológica, psicológica y espiritual. Hace falta un temple especial y admirable para cumplir semejante cometido.

Estuve polemizando con una mujer fuerte en el mejor sentido de la palabra. Es bueno reconocerlo, porque el debate útil no consiste en la descalificación del contrario.

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