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Luis Mesalles | lmesalles@academiaca.or.cr |
economista
Hecha la ley, hecha la trampa. Aunque parece que, antes de que esté hecha la ley, ya la trampa está planeada e implementada. El intento que hacen los grupos de presión para obtener dádivas del Gobierno es algo que siempre se da. Lo inconcebible es que los diputados caigan, inocente y fácilmente, en regalar dinero a unos pocos. Hablo del caso de la condonación de deudas a los agricultores, en el cual, de manera inesperada y a última hora, se introdujeron cambios que permitieron beneficiar a un grupo de grandes deudores.
Este esquema de beneficios por medio del sistema financiero, no es nuevo. En los setenta del siglo pasado, era muy común ver que se utilizara el crédito como instrumento para favorecer a unos pocos. Recordamos los famosos avíos y topes de cartera. Como la función de asignación de crédito estaba en manos de unos cuantos funcionarios, se prestaba para que estos recibieran presiones de grandes productores que querían servirse con cuchara grande. Como también había control de tasas de interés (léase tasas subsidiadas), el resultado era que unos pocos productores se quedaban con el escaso crédito disponible, y por ende con el subsidio. Los pequeños agricultores quedaban al garete, sin crédito ni subsidio.
A través de la historia, además, se han visto múltiples episodios de condonación de deuda. Esto tiene dos consecuencias nefastas. Primero, se crea una cultura de “para que pagar si de por sí me van a condonar”. A sabiendas de que si hay un grupo de deudores suficientemente grande que no ha pagado a tiempo sus deudas, los diputados pasarán una ley para condonar a todos, la motivación para dejar de pagar es enorme. Segundo, como los grandes productores son los que más se pueden beneficiar de no pagar sus créditos, ellos son los más interesados en presionar para que se aprueben este tipo de leyes. Escudándose en que es para beneficiar a los pequeños, terminan siendo los grandes los más favorecidos.
Es claro que la agricultura es una actividad riesgosa. Por eso es importante trabajar en aspectos que ayuden a atenuar el riesgo. Inversión en canales de riego, por ejemplo, podría ayudar a disminuir el riesgo de pérdidas. Pero, como es imposible eliminar el riesgo, entonces hay que aprender a administrarlo mejor. Esto se puede lograr con esquemas de seguros de cosecha, bien diseñados. Estos deben compensar al agricultor que de verdad perdió su cosecha por factores externos, pero jamás premiar al que no hizo nada para bajar los riesgos. Pero si los diputados siguen aprobando condonaciones de deudas a la ligera, la motivación para introducir trampas en la ley seguirá siendo más fuerte que buscar soluciones reales de largo plazo.
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