LN OPINIÓN

Costa Rica, Miércoles 28 de octubre de 2009

/OPINIÓN

Nacion.com

Julio Rodríguez | envela@nacion.co.cr

En Vela

http://www.nacion.com
TAMAÑO

La carta de renuncia de Karla González como ministra de Obras Públicas y Transportes, tras el colapso del puente entre Orotina y Turrubares, fue digna, por la decisión en sí y por su motivación: el sentimiento de dolor expresado a las familias dolientes; por la aceptación de la responsabilidad política y por contener una manifestación sucinta de rendición de cuentas, en cuanto a la labor realizada y la que quedó pendiente.

En un país donde prácticamente no ha existido la responsabilidad política y donde la renuncia personal a un cargo público suele repetir el paso centenario de un cometa, esta determinación personal señala un camino digno de recorrerse. En Costa Rica solo renuncian los entrenadores de futbol. Conviene, con todo, detenerse en el núcleo de la renuncia de la exministra. Nos referimos a los muertos, que realizaron el viaje final, y a los deudos, que llevarán por siempre el dolor consigo.

Esta lección terrible no debe borrarse jamás no solo por el dramatismo de los hechos, sino porque seremos juzgados en forma personal y como sociedad por el valor supremo de la vida y por el esfuerzo tenso en elevar y enriquecer la calidad de vida, el capítulo explícito que falta en nuestra Constitución Política y que los contiene todos. Todo lo demás es secundario. Esta conclusión comporta una extensa y honda reflexión sobre la realidad de nuestro país, que ha de cristalizar en logros concretos vitales, o, lo que es lo mismo, en un enfrentamiento erguido y directo con las estadísticas de la muerte que pueblan nuestra historia reciente.

Se trata, en suma, de erigir en el pedestal de nuestra vida democrática(civilizada) dos valores insuperables: la vida biológica, desde antes de la concepción, sin concesiones ni modas ni mercadeos ni lenguajes políticos de ninguna clase, y el sentido de la vida, donde el sentido entraña, a la vez, contenido, significado y dirección en el orden del espíritu. Una tarea inmensa que toca a la especie humana, a nuestra historia, a la política diaria, a nuestra convivencia y a nuestra razón de vivir en el planeta.

Nos estamos matando a diario dentro y fuera de nuestras casas. En un país que le ha declarado la paz al mundo, dentro de sus fronteras se enseñorea la muerte. La paz sin el respeto a la vida es una palabra cínica y vacía. La paz con la naturaleza, sin la vida, es un eslogan. La solución se encuentra en el sentido de la vida. Casi todo, desventuradamente, en el mundo actual, conspira contra él. La reconstrucción de nuestros puentes vitales y su mantenimiento convoca a todos los costarricenses de buena voluntad.

ADEMÁS EN OPINIÓN
ARCHIVO COLUMNISTAS
EN VELA   EN GUARDIA
JULIO RODRÍGUEZ JORGE GUARDIA
LETRAS DE CAMBIO    OJO CRÍTICO
LUIS MESALLES RODOLFO CERDAS
ENFOQUE    POLÍGONO
JORGE
VARGAS
FERNANDO DURÁN
TAL CUAL    ENTRE LÍNEAS
ALEJANDRO URBINA ARMANDO GONZÁLEZ
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Noticias por email RSS Fax Horóscopo Cartelera de cine
QUIENES SOMOS | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS | ANÚNCIESE | TARIFARIO | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS