LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 18 de octubre de 2009

/OPINIÓN

Nacion.com

Polígono

Fernando Durán Ayanegui | ferduraya@racsa.co.cr

Imagen

químico

http://www.nacion.com
TAMAÑO

Aprincipios de 2003 era evidente que la administración Pacheco no planeaba realce alguno para la celebración del sesquicentenario de la Campaña Nacional. De ahí que surgiera en el ámbito académico la idea de contrarrestar la desidia gubernamental mediante la edición de un conjunto de publicaciones independientes que, de toda forma, tampoco alcanzarían a vencer el desinterés, igualmente deliberado, de la administración siguiente. Se dio así un esfuerzo en el que, por ejemplo, la Editorial de la UCR decidió publicar un gran número de textos relativos a la que fue nuestra verdadera guerra de independencia, e incluir en todas sus publicaciones (libros y revistas) de los años 2005, 2006 y 2007, un logotipo conmemorativo de la gloriosa gesta nacional. Las otras editoriales universitarias adoptaron acuerdos similares, pero es posible que esos empeños hayan pasado inadvertidos y, en cierto modo, hayan sido contraproducentes.

Con ellos se pretendía reanimar en los costarricenses, especialmente en los jóvenes, el orgullo patriótico que siempre ha inspirado la epopeya seminal de nuestra nacionalidad; y si de ahí tenía que surgir un debate, este debió girar alrededor de la frialdad de unas autoridades que parecían interesadas en que la conmemoración fuera lo más gris posible. Sin embargo, lo que primó en el ánimo de algunos estudiosos –profesionales o aficionados– de nuestra historia, fue la escenificación, mientras ignoraban lo que realmente significó la Campaña para el futuro de Costa Rica, de un grotesco chismorreo que aún continúa sobre lo malo y lo bueno de Juan Rafael Mora, caudillo que –por encima de sus virtudes y defectos– fue encarnación de la patria en un momento crucial y trágico.

En 1938 se estrenó la película Alexandr Nevski , dirigida por Sergei Eisenstein y musicalizada por Sergei Prokofiev. Evocando magistralmente la derrota que Alejandro Yaroslávich, un despótico y brutal príncipe de Novgorod, les infligió a los caballeros teutones a principios del siglo XIII –hazaña que constituye una epopeya fundacional del Estado ruso– la música y la película se amalgamaron genialmente para convocar a los pueblos de Rusia a prepararse ante la amenaza representada por la Alemania nazi. Ni el régimen de los zares, ni la iglesia ortodoxa (que lo hizo santo en 1567), ni el régimen bolchevique (que en 1941 lo convirtió en inspirador de la resistencia contra los nazis) cometieron con el nada santo San Alejandro el acto de antropofagia intelectual que se sigue cometiendo entre nosotros con don Juan Rafael Mora, mutatis mutandi el Alejandro Nevski de Centroamérica.

ADEMÁS EN OPINIÓN
ARCHIVO COLUMNISTAS
EN VELA   EN GUARDIA
JULIO RODRÍGUEZ JORGE GUARDIA
LETRAS DE CAMBIO    OJO CRÍTICO
LUIS MESALLES RODOLFO CERDAS
ENFOQUE    POLÍGONO
JORGE
VARGAS
FERNANDO DURÁN
TAL CUAL    ENTRE LÍNEAS
ALEJANDRO URBINA ARMANDO GONZÁLEZ
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Noticias por email RSS Fax Horóscopo Cartelera de cine
QUIENES SOMOS | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS | ANÚNCIESE | TARIFARIO | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS