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Costa Rica, Martes 13 de octubre de 2009

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Jorge Guardia | jguardia@nacion.com

En Guardia

abogado-economista

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A veces hay que cacarear las propias cuitas. Si no, se pierden en el inmenso gallinero de la rivalizada producción intelectual. Eso pasó con el primer capítulo del último libro de la Academia de Centroamérica: Obstáculos al crecimiento económico de C.R. Al reseñar la obra, no me dieron pelota.

Soy autor del capítulo sobre la coyuntura económica en el 2008, los efectos de los choques externos y las vicisitudes de la política macroeconómica. Hay en él una observación realmente asombrosa: la economía costarricense pasó de la bonanza a la recesión en solo 12 meses. ¿Cómo pudimos dilapidar tanta fortuna en tan corto tiempo?

Tratar de explicarlo era mi objetivo principal. Reconozco, desde luego, el efecto de la crisis internacional como causa principal de la recesión (sobredimensionada por el Gobierno), pero no es la única. Analizo otras causas a las que se les han brindado poca atención, para concluir que los factores externos fueron muy influyentes, pero las políticas macroeconómicas desacertadas exacerbaron los efectos de la crisis. Y eso, estoy seguro, no fue del agrado de algunos.

En 2007 e inicios de 2008, el país recibió fuertes entradas de capital por la fase expansiva del ciclo económico internacional. Eso aumentó la liquidez, el crédito al sector privado, consumo, importaciones e inversión. La economía se expandió por encima del promedio histórico. Pero la bonanza era insostenible. El Banco Central, en vez de moderar la emisión, más bien contribuyó a exacerbar el desequilibrio con una mezcla de política cambiaria predecible y política monetaria acomodaticia e inflacionaria (14%).

Para desestimular las entradas de capital, algunos le recomendaron al Central bajar las tasas de interés. Yo no estuve de acuerdo. Pero la Junta Directiva mordió el anzuelo. Bajó la tasa básica pasiva a 4,5% anual y no logró controlar ni el tipo de cambio ni la inflación. Además, esa política de dinero barato era insostenible. Estimuló mayores entradas de capital. Como dijo el Dr. Juan Muñoz, comentarista de mi ensayo: “entre diciembre de 2007 y febrero de 2008 entraron más de $900 millones por inversión financiera. Y en vez de bajar la banda cambiaria, se bajó la tasa de interés. Ahí se equivocaron en la receta”. Yo habría flotado la moneda para evitar no solo las entradas especulativas de capital e inflación, sino el alza abrupta posterior en el tipo de cambio y las tasas de interés. El Banco, en cambio, decidió secar el mercado al vender divisas para sostener el techo de la banda y exacerbó el problema de la recesión. El resto de la historia la podrán disfrutar (algunos) en el libro de la Academia.

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