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Guillermo Zúñiga |
Exministro de Hacienda
El editorial del lunes 5 de octubre me acusa de que como Ministro de Hacienda no supe prever ni adoptar medidas de contingencia para enfrentar la crisis internacional y su impacto en las finanzas públicas. Es una opinión respetable, pero sesgada e incorrecta. Asimismo, en ese editorial La Nación se pronuncia contra el proyecto de ley para permitir financiar gastos corrientes con deuda, por un período de dos años.
Más elementos. Jenny Phillips, ministra de Hacienda, ya dio una clara y detallada explicación. Quiero brindar a los lectores otros elementos sobre el tema.
1. Aparte del “Plan de Blindaje Financiero” que diseñamos entre Hacienda y el Banco Central desde setiembre del 2008 (Acuerdo Precautorio con el Fondo Monetario Internacional (FMI), crédito con el Banco Mundial (BM) para apoyo presupuestario, diseño de líneas de liquidez del Banco Central al sistema financiero, crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de apoyo al Banco Central), mucho antes ya habíamos gestionado algunos endeudamientos externos estratégicos. Se había logrado el apoyo del BID para infraestructura y el crédito del BM para “Limón Ciudad-Puerto”. Son créditos muy cómodos en plazo y tasa. Desde luego, la negociación con República Popular China, sobre la cual La Nación ha sido muy celosa, por $300 millones a un 2% anual, a 12 años, nos sirvió para sustituir deuda cara por deuda barata. Debe el editorialista revisar su afirmación.
2. Previendo que podríamos tener impactos en la recaudación, desde el 2007, solicité al FMI que hicieran un par de estudios para ver cómo se afecta el ciclo económico nuestro con el de EE. UU., y cómo se asocia la recaudación en Costa Rica con el ciclo. Sí, esto lo pedí desde el 2007. ¿Falta de previsión?
3. Para mitigar el impacto de la crisis en grupos más vulnerables, en el presupuesto para el 2009 se destinó casi el 50% a inversión social.
4. En diciembre del 2008, le pedí a la Contraloría que me indicara cuánto sería la baja en la recaudación esperada para el 2009. Sí, yo se lo pedí. Insistí al inicio del año. A principios de junio nos informó de que la recaudación estimada sería un 17,5% menor. Son los ¢515.000 millones menos de los que se ha hablado.
5. Pero yo no esperé al dato de la Contraloría para tomar otras medidas. En enero del 2009, le pedí al Consejo de Gobierno que recortáramos 15% en los gastos generales: publicidad, alimentación, bebidas, vestuario. Así se aprobó y lo apliqué de inmediato.
6. En febrero pedí a los compañeros del Gabinete un recorte de 20% en sus presupuestos. Esta cifra es muy cercana al ajuste que meses después dio la Contraloría. Me acuerdo de que esa decisión me trajo enormes críticas, porque me decían que yo impulsaba recortes cuando más bien había que impulsar gastos para combatir la caída en el ciclo.
7. En marzo redactamos el proyecto para financiar gastos corrientes con deuda, y lo mandamos en abril a la Asamblea Legislativa. Se planteó como una medida transitoria, por dos años, con tope de endeudamiento, ante las condiciones excepcionales que está viviendo el país a raíz de la crisis. Ya han pasado seis meses, y ese proyecto no se ha discutido en el plenario.
8. Luego vino el Presupuesto Extraordinario, recortando como 70.000 millones, y se mandó el Ordinario, ya cuando no era Ministro. Como se ve, desde Hacienda actuamos con diligencia y previsión. El Presidente, además, presentó en enero del 2009 el Plan Escudo.
Recuerdo que La Nación estuvo en el grupo de quienes nos pidieron bajar impuestos para enfrentar la crisis. A eso me opuse. ¿Imagínense cómo andaríamos ahora? Si quitábamos los impuestos, ¿con qué financiar el gasto? ¿Deuda acaso?
Pero lo más contradictorio es que el editorial de este lunes reclama que no impulsé la reforma tributaria. Ya Jenny Phillips explicó el conjunto de iniciativas tributarias que impulsamos en esta Administración. Lo que queda pendiente es renta. Pero les pregunto, si un proyecto como el de financiar gastos corrientes con deuda no ha salido en seis meses, ¿ustedes creen que el proyecto de renta se hubiera discutido con la seriedad que requiere en medio de la complicación del TLC o de una campaña electoral? En todo caso, tomemos nota de que La Nación apoya que entremos a discutir la reforma.
Poca memoria. Me acusa el periódico de que no hice “colchón” en los buenos tiempos. Se le olvidó la baja del endeudamiento que se dio durante mi gestión. ¡Qué poca memoria! Precisamente, la baja del endeudamiento es lo que nos da espacios para hacer políticas anticíclicas por medio de deuda, cosa que hasta el mismo FMI reconoce y apoya. Reclama el editorialista que el empleo subió. ¿Queremos más y mejores maestros? ¿Más policías? ¿O más jueces? ¿O investigadores del OIJ? ¿O más inspectores tributarios? Bueno, todo esto se hace con gente. O es que quieren que no se llenen esas plazas. Si el editorialista estudia las cifras, se da cuenta de que el incremento del empleo es en esos rubros. Viendo el conjunto del editorial, me quedan estas impresiones:
a. La Nación se opone a que el Gobierno financie los sueldos, salarios pensiones y aguinaldos, con deuda si fuera necesario. Hace coro con diputados libertarios y del PAC, cuyas declaraciones he leído en el periódico, para bloquear el proyecto. La claridad de la posición da transparencia al debate.
b. Les pide a los diputados que le exijan al Gobierno un Plan B. ¿Aprobar nuevos impuestos en los tres meses que faltan del año? Parece imposible tomando en cuenta los tiempos legislativos. Entonces, ¿más recorte de gastos? ¿Cuáles? No creo que salarios, sueldos pensiones o aguinaldos. ¿Dejar de pagar las deudas? Desde luego que no. ¿No cumplirles a las Universidades? Supongo que no, pues La Nación apoyó el acuerdo al que se llegó con ellas. ¿Dejar de invertir en infraestructura? Desde luego que no. ¿Dónde cortar? Es la misma pregunta que años atrás le hice a Ottón Solís, y aún estoy esperando respuesta.
c. Hay un interés porque se recorten los gastos. Esa es una vieja idea que el periódico siempre ha defendido. Yo, por el contrario, demostré que se puede gastar en orden, según prioridades sociales, hacer inversión pública, y aún así tener superávits fiscales y bajar deuda. Son visiones distintas.
d. El editorialista quiere minimizar el efecto de la crisis internacional. Eso es poco serio. Me queda el sabor de que el editorialista escribe como si las condiciones fueran normales. ¡No, señor! Revise los datos de déficit y endeudamiento de los países del mundo y se dará cuenta de que una gran mayoría ha incurrido en déficit mayores y deudas más altas. La información abunda. Esta es la mayor crisis en 80 años.
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