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Julio Rodríguez | envela@nacion.co.cr |
Uno de los amigos íntimos y asesores del expresidente Calderón publicó, el 23 de setiembre, un campo pagado en dos periódicos (por supuesto, no en La Nación ), con este título: “¿Aún no es suficiente para La Nación ?”. El artículo, como es dable imaginar, está repleto de insultos. Habla de “pruebas devastadoras, irrefutables y esclarecedoras, de ensañamiento y crueldad. Dice que “ la Fiscalía quedó sin argumentos¨ y que Calderón “les estorba a los políticos del país”.
Su epílogo fue este: “El circo se acabó, aunque no deben de extrañarnos refritos y titulares manipulados para intentar indefinidamente presionar a los jueces a partir de este momento, pero ahora lo que cuentan son los hechos y las pruebas que deben sustentarlos y no las publicaciones tendenciosas. ¿Qué más quiere La Nación ”. Aquí está cristalizada la tragedia política de Calderón: huérfano de conciencia, no ha tenido amigos ni personas cercanas, hombres o mujeres, que lo detuvieran a tiempo. Veían y callaban, y, más bien, lo azuzaban para medrar. Aún hoy, tras la sentencia, está solo, sin el último bastión de un ser humano caído, pero dispuesto a levantarse: el sentimiento de culpa que, con el espíritu de compasión, describe el nivel del ser humano, que no es oficio de expertos en imagen ni de amigos en la prensa ni de seguidores que, a su paso, le extienden la bandera de su partido político, a modo de alfombra…¿para que la pise?…
No le deseo mal a nadie. Me duele la sentencia no por injusta, sino, más bien, por su justicia: este fue un delito incomparable, en el corazón de la institución sagrada y amada, nuestro timbre de orgullo ante el mundo, como El Mesón o Santa Rosa: la seguridad social. La de todos, por todos y con todos, primordialmente de los más desamparados, los primeros en clamar, sin palabras, justicia, esa divina virtud, acunada por la filosofía moral y la teología, cuya carencia hace verter lágrimas aun a un loco. Ese delito sobrepasó toda medida. No lo agraven aún más con el cinismo, ese momento terrible del ser humano cuando, por soberbia, se borra la frontera entre lo malo y lo bueno, y que ninguna oración exhibicionista logra disipar.
El abogado de marras merece una respuesta. “¿Aún no es suficiente para La Nación ?” , preguntaba. Sí, la sentencia leída es suficiente, pero no solo para La Nación , sino para el pueblo bueno y noble de Costa Rica. El mismo de la CCSS. Y “¿Qué más quiere La Nación ?”, repreguntaba. Solo justicia, la misma palabra –“Justicia para Calderón”– con que sus asesores y amigos llenaron paredes y paisajes en los primeros días del proceso, y presionaron como nunca, en nuestra historia, a nuestros tribunales. Estamos en paz: los costarricenses y, algún día, esperamos, aquellos que la han perdido.
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