LN OPINIÓN

Costa Rica, Sábado 28 de noviembre de 2009

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J. Federico Campos

Más cárcel y mano dura… ¿la solución?

 El problema de la criminalidad es un asunto complejo

Abogado penalista

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La problemática de la criminalidad es un asunto complejo, que debe ser abordado de manera sistemática y multifactorial. Aun así, es una utopía pretender erradicar la delincuencia, porque es consustancial al conglomerado social. Sin embargo, es factible aspirar a una reducción de sus cifras. El cumplimiento de este objetivo estácondicionado a la sensatez de las soluciones propuestas desde la política criminal estatal. Si se opta por soluciones inadecuadas, el problema, lejos de disminuir, podría aumentar.

Promesas políticas. En el marco de la campaña política, se escuchan y leen propuestas que convergen en un mismo enfoque: “mano dura”, “cero tolerancia” y “más cárcel”. Debe valorarse si dichas propuestas son las más convenientes para atender el problema, pero los políticos ocultan que ninguna sociedad ha encontrado la solución en el endurecimiento de las penas y la “mano dura”.

Erosión de principios y valores. Ha decaído la importancia que tiempo atrás tuvieron algunos valores en la sociedad costarricense. Eran considerados como esenciales para la convivencia social y el desarrollo de la personalidad, pero se han relativizado en las últimas dos décadas. Por eso se han incrementando algunos delitos donde la probidad y la confianza desempeñan un papel esencial, como sucede en el caso del peculado y la administración fraudulenta. Asimismo, la envidia y la codicia conllevan a un incremento de otros ilícitos penales (estafa, robo, etc.) mientras que el irrespeto por la integridad física del prójimo ha dado lugar a un aumento de delitos como el homicidio, las lesiones y los de carácter sexual.

Aumento de la pobreza y la drogadicción. Las deplorables condiciones socio-económicas en que viven cada vez más personas conducen al resurgimiento de ciertos delitos (contra la propiedad, agresiones, etc.). Esto no justifica, pero síexplica, que cierta criminalidad ocurra como consecuencia de la necesidad de adquirir bienes esenciales para la supervivencia. Los gobiernos no reconocen esta realidad para no evidenciar los fracasos de sus políticas económicas, pero sin duda se han incrementando la pobreza y el desempleo en los sectores más vulnerables de la sociedad, propiciándose mayor marginalización. A esto se suma el aumento de la problemática de las drogas, que conduce a muchas personas a robar –y hasta matar– para financiar su adicción.

Enfrentar las causas reales. Si los políticos abordaran el problema de la criminalidad tomando “el toro por los cuernos”, estoy seguro de que “otro gallo cantaría”. No se trata de proponer –con simpleza– la promulgación de más y más leyes, ya que esto sólo extiende los ámbitos de aplicación del derecho penal y aumenta la represión, sin solucionar nada. Por el contrario, deberían reformularse los programas de Educación Cívica, para que los niños y las niñas siembren, y como adultos cosechen, amor por las instituciones estatales y respeto por los caudales públicos. Igualmente, el contenido de las guías sexuales con que se instruye a los adolescentes debería apartarse de dogmas religiosos y ajustarse a la realidad social.

La familia, y las iglesias (sin importar el credo), cumplen un rol esencial en la sociedad. Allíes donde se inculcan los principios y valores esenciales requeridos para sanar los males que carcomen nuestra sociedad. Por otra parte, si se abren mayores posibilidades de empleo, mejora el poder adquisitivo de las personas, evitándose así que muchas delincan por necesidad y que otras, carentes de oportunidades, consuman drogas. No es con “mano dura”, “cero tolerancia” o más cárcel --y menos echándole la culpa a los inmigrantes-- como van a disminuirse los índices de criminalidad. Las soluciones deben ser serias y responsables, abordándose las causas desde la raíz, sin andar por las ramas.

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