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Alberto Trejos |
Economista
El año pasado don Jorge Guardia acusó en su columna a una profesional costarricense de haber cometido junto con su marido un acto inmoral e ilegal. Molesto por lo que consideré una injusta interpretación de los hechos, discutí con el señor Guardia por correo electrónico sus afirmaciones.
Eventualmente, recibí copia de un mensaje de su parte en que reconocía que “1) la pareja en cuestión son familia honesta y honorable; 2) no contradijeron las normas; y 3) no parece haber nada ilegal”. Al leer que admitía su error, me di por satisfecho.
Ataque bajo. Hoy, me arrepiento de no haber insistido en aquel entonces en que, como había golpeado en público, corrigiera su infamia en público.Me arrepiento porque el bajo y furibundo ataque que realizó contra Luis Liberman en su columna del 10 de noviembre muestra que no aprendió de aquella experiencia que no se puede actuar a la ligera con el buen nombre de los demás, ni se justifica hacerlo para promover una causa.
Conozco a Luis Liberman desde hace 25 años, cuando siendo estudiante universitario entré a trabajar como asistente en la oficina de economistas en la que años más tarde llegué a ser su socio.
Siendo él mayor que yo, y mi jefe, me trató siempre con igualdad y compañerismo. Descubrí en él un gran sentido del humor, una personalidad relajada, respetuosa y decente, y una de las inteligencias más privilegiadas que he llegado a conocer.
En palabras de aquella edad, “por vacilón, por vivo y por pura vida”, se ganó mi amistad para siempre. Su éxito en transformar, con tesón, honorabilidad y talento, una empresita de solo una persona en una gran compañía, merece respeto, sobre todo de los que se afirman defensores de la libre empresa.
Escribo en su defensa, no porque él sea hoy parte de una papeleta, sino porque lo conozco y quiero como amigo y socio, y porque me ofenden las bajezas dichas en su contra, las cuales provienen de alguien que ya ha hecho lo mismo contra alguien más en el pasado.
Por supuesto que Luis debe saber que por su condición de candidato a la vicepresidencia su nombre estará expuesto a la discusión pública, y que algunos de los candidatos de otros partidos, así como sus acólitos, tratarán de manchar su imagen, y de pintarlo diferente a como es.
El señor Guardia participa activamente, como es su derecho, en la campaña del Movimiento Libertario, y no ha hecho mayor esfuerzo porque su columna se diferencie de la propaganda política, por demás populista y simplista, de su partido.
Luis tiene derecho, por otra parte, al igual que cualquier ciudadano, a que quienes lo ataquen (en columnas, en anuncios, o en híbridos como el de don Jorge) lo hagan con verdades y con pruebas, y respondiendo por la consistencia de sus palabras. Ese derecho se ha debilitado en este país.
Tres errores. En la diatriba insultante del 10 de noviembre, Guardia cae en tres errores. Primero, miente, al atribuir a Rodrigo Bolaños y a Luis intenciones que no tuvieron y actos que no cometieron. Segundo, estereotipa, pues pretende atribuir a cada miembro de un gremio los rasgos que él ve en el gremio como tal. Tercero, se contradice, porque critica en otros cosas que él a su vez ha hecho o defendido. Guardia describe a los que han trabajado en banca en los términos más peyorativos, y afirma que la pertenencia en el gremio implica, inevitablemente, que esos términos se le aplican a Luis.
Con ese argumento, ¿no se le aplican esos términos a él mismo? Don Jorge es hoy director de un banco privado y anteriormente ha sido asesor de un banco público. También afirma que las intenciones de Rodrigo Bolaños como Ministro de Hacienda y como banquero central tienen que haber sido malsanas, porque haber sido anteriormente director de un banco lo descalificaba para ocupar cargos de este tipo. ¿Significa esto, entonces, que don Jorge, que también es director de banco, se autodescalifica para la función pública?
También plantea que las minidevaluaciones fueron hechas con el objetivo de beneficiar a los banqueros y los exportadores. Pero, extrañamente, no solo fue don Jorge, en su paso por el Banco Central, quien nos sacó de ese sistema, sino, también, el que gradualmente –porque lo otro no funcionó—nos devolvió a él. Asimismo, don Jorge acusa a los banqueros (y por extensión lo personaliza a Luis) de estar detrás de que no pasara el proyecto de renta mundial, pero a la vez asesora al Movimiento Libertario, el partido que más se opuso a esa reforma.
Yo he dicho antes a los directores de La Nación que la columna semanal de don Jorge desmerece al periódico, y que si quieren tener una columna de un libertario, puede haber uno que argumente esas ideas sin denigrar a las personas, y con un poco más de elegancia.
Quizásvendrá ahora otra diatriba, contra mí o contra Luis, de parte del señor Guardia. No le exijo ahora que pruebe lo que dijo, ni le exigiré en su momento que pruebe lo que dirá, porque no hay que pedirles palabras a los que son descuidados con ellas. En al menos una ocasión admitió que atacó a la ligera, y depende de la tolerancia de Rodrigo y Luis que no tenga que admitirlo de nuevo, esta vez ante los tribunales.
Los ataques a la moral de las personas no son un chiste ni un juego de palabras.
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