Hace ocho años, con la herida aún abierta por los atentados terroristas del 11 de setiembre, Estados Unidos invadió Afganistán y, sin mayor esfuerzo, derrocó al régimen de los talibanes, cuyo apoyo a al-Qaeda no admitía mayor duda.
Pero, ahora, Washington y sus aliados de la OTAN se enfrentan con el mismo dilema contra el cual británicos y rusos lidiaron cuando intervinieron en ese país: cómo preservar sus intereses sin salir con una derrota humillante.
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En la historia se registra que las incursiones militares anteriores terminaron en fracasos.
Y la sombra de uno más es una preocupación muy presente que la Casa Blanca y los socios europeos no ocultan, con el agravante de que nadie tiene claro qué hacer para frenar a una insurgencia talibán en ascenso. Además, la carta de Occidente en Kabul, el presidente Hamid Karzai, es objeto de serios cuestionamientos morales y políticos.
Arenas movedizas. Occidente se encuentra ante el problema de apostarle a Karzai porque no tiene a quién más echar mano. Lo resumió esta semana el canciller francés, Bernard Kouchner: “Karzai es corrupto. De acuerdo. Pero es nuestro muchacho”.
Paradójicamente, las elecciones presidenciales de agosto minaron la legitimidad del Gobierno afgano al quedar al descubierto graves irregularidades que obligaron a anular votos y a convocar a una segunda ronda que debía realizarse hoy, pero que no se hizo por el retiro del contendiente opositor, Abdulá Abdulá.
Con un presidente reelegido por default , Estados Unidos y Europa barajan ahora opciones para conseguir la estabilidad política tan urgente en el país asiático y de la cual dependerá, en última instancia, que la alianza no reciba lo mismo que rusos y británicos.
Lograr ese objetivo es difícil, toda vez que a Karzai se le achaca laxitud en la lucha contra la corrupción. Por ejemplo, se le reprochan sus vínculos con caudillos regionales, como el general Abdul Rashid Dostum, señalado como responsables del asesinato de miles de presos talibanes en el 2001.
También, lazos con sospechosos de tráfico de drogas (Afganistán provee el 85% del opio que se consume en Europa), entre ellos su hermano Ahmed Wali Karzai.
Abundan las voces, entre ellas las del presidente Barack Obama, que demandan cambios políticos, sobre todo en la composición del gabinete que acompañará al Presidente en su segundo período.
¿Zanahorias o garrotes? Aparte de esa tarea pendiente, Occidente aún debe definir cómo continuar su lucha por evitar un revés.
El general Stanley McChrystal, comandante estadounidense en Afganistán, es consciente de la complejidad del desafío. “Cada día sé cuán poco entiendo actualmente sobre Afganistán”, dijo al semanario británico The Economist.
Obama deberá decidir pronto si envía más tropas norteamericanas, una posibilidad que a los europeos no les llama mucho la atención (Gran Bretaña despachará 500 más, mientras que Francia y Alemania están reacias).
McChrystal, además, quiere elevar de 170.000 a 400.000 las fuerzas armadas afganas.
Pero aún una mayor presencia militar no garantiza éxito, reconocen en Occidente.
De allí que en Estados Unidos haya quienes consideren que debe impulsarse una política de reconciliación nacional (ganar amigos entre los enemigos) como parte de la estrategia contrainsurgente, así como la promoción de las deserciones de los comandantes talibanes, un fenómeno nada inédito en los múltiples conflictos afganos.
También plantean la necesidad de que el Gobierno afgano trabaje, de la mano con la cooperación económica internacional, en ganarse las mentes y corazones de la población, y esto implica mejorar la seguridad, el acceso a la educación y la salud, y la expectativa de justicia.
La eventualidad de un fracaso en Afganistán acarrearía consecuencias graves para Occidente, que vería comprometidos sus intereses de seguridad en la región, particularmente en Pakistán, agregaría más inestablidad política y alentaría la militancia de grupos islámicos radicales.
Una pesadilla que nadie quiere en Occidente y que se yergue en desafío a la espera de solución.
FOTOS

Policías afganos patrullan las calles de Herat. Las medidas de seguridad en Afganistán se han incrementado tras la confirmación de Hamid Karzai para otro período en la presidencia. EFE.

Karzai prometió esta semana formar un Gobierno integrador, con representantes de todo el país, tras ser confirmado para otro período. EFE


Afganistán
Indómito para los extranjeros
Afganistán ha sido escenario de luchas de potencias con el fin de resguardar allí sus intereses. Los británicos se involucraron en tres guerras (1838-1842, 1878-1880 y 1918-1920) durante las cuales procuraron defender sus intereses en India y neutralizar, a la vez, los intentos de expansión de la Rusia zarista.Londres pugnaba por un Afganistán estable que no promoviera rebeliones en India, en tanto Moscú, desde el siglo XVIII también quería hacerse sentir en su vecino del sur.Aunque por momentos lograron su objetivo, los británicos no pudieron impedir la independencia afgana en 1919.En la era soviética, los rusos intervinieron militarmente para apoyar un gobierno afecto, pero en 1988, tras casi diez años, se retiraron humillados y con las manos vacías.
FUENTE : www.angelfire.com| SERVICIOS |
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