![]() |
Página QuinceGuillermo Malavassi | MALA32ssi@hotmail.com |
Filósofo
Muchas han sido las definiciones que a través de la historia se han dado del hombre: animal racional, animal político, animal social, animal de trabajo, animal lingüista, animal simbólico, animal estructural, animal proletario, animal técnico y tantas otras. Se le ha comparado siempre al hombre con el animal para, por diferencia específica, definirlo. Lo que se aprecia es que ni una definición sola ni todas juntas dan razón todavía de quién sea el ser humano.
Se puede decir que todas se inscriben dentro del marco psicológico del ser humano, hacen referencia a un aspecto de su psicología o a alguna de sus facultades, dejando fuera su espíritu. El ser humano es más que todas estas definiciones juntas, es más que todo método y más que toda ciencia.
También Cristo da una definición del hombre, seguramente la más arriesgada y honda que jamás haya sido dada en la historia: dioses sois (Jn. 10, 32-34). Esta definición responde a la concepción del hombre en el pensamiento hebreo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gen. 1, 26). Para el pensamiento cristiano, el hombre, pues, no es imagen de sí mismo, ni del mundo, ni de la sociedad sino del Sujeto Absoluto. Esta definición implica que no es el hombre el que se define a sí mismo, sino que tiene necesidad de alguien que lo defina y dé razón plena de su destino.
El concepto de persona. La afirmación de que el individuo fuera persona, y esta fuera única, irrepetible y de igual dignidad para todos los individuos de la especie empieza con el cristianismo. Esta afirmación era fuertemente subversiva, pues contrastaba fuertemente con la visión clásica griega. Poco a poco, esta concepción del ser humano se abrió camino y se aceptó, dando origen al nuevo tipo de sociedad y de cultura que recibirá la forma de la república cristiana.
Esta extraordinaria configuración por parte del cristianismo hubo de echar mano de una antropología aún no elaborada de las dos culturas vigentes: la griega y la romana. El cristianismo se sirvió de algunos elementos del lenguaje y filosofía de estas. Con el concepto de persona, el cristianismo, conforme a las enseñanzas de su Maestro, declara que ante el Sujeto Absoluto, todos los seres humanos tienen la misma dignidad y en cuanto hijos de una misma familia, todos son herederos y dignos de aspirar a la felicidad como reclamo interior; razón por la cual buscan una respuesta.
El concepto de persona, en cuanto que pone el acento sobre el individuo singular y concreto, se aleja del pensamiento griego, que daba mucha importancia, reconocimiento y valor solamente a lo universal, considerando al individuo solamente como un momento fenomenológico de la especie, transitorio del gran ciclo omnicomprensivo de la historia. El civis romanus merecía todo respeto, no por ser hombre, sino por haber nacido en Roma. Por esta razón, San Pablo, cuando quiere juzgarlo Festo, apela al César y a los derechos que competían a los ciudadanos de Roma. (Hechos, 25, 12).
El primer examen, en profundidad, del concepto de persona, fue hecho por San Agustín –conocedor del gran legado cristiano en lengua griega, más rica en léxico que el latín en esa materia– en el De Trinitate . Su esfuerzo se dirigió, por un lado, a encontrar un término que se pudiera aplicar indistintamente a las tres personas divinas, sin caer en el error de convertirlas en tres dioses y, por otro lado, evitar aquel de la disolución de su individualidad en cuanto tres personas distintas.
San Agustín hace ver aquí como los conceptos de “esencia” y “substancia” no poseen esta doble virtud por cuanto que se refieren a aspectos comunes a los tres miembros de la Trinidad. Esta, es competencia del término griego hypóstasis y su equivalente latino persona, la cual no significa una especie, sino algo singular e individual (Cf. De Trinitate VII, q. 6, a. 11). Analógicamente, este término lo aplicará también al hombre: Singulus quisque homo... una persona est (Cada hombre único…es una persona) (Ibíd. XV, q. 7, a. 11).
Con la definición de Boecio entra el concepto de persona humana en la historia. Tres de sus cinco opúsculos tratan sobre la persona. En uno de estos opúsculos escribe: “La persona es una substancia individual de naturaleza racional” ( persona est rationalis naturae in individua substantia ) (Cf. Boecio, S. Contra Eutychen, 3-4).
Boecio dice que la persona no se puede obtener uniendo la substancia, la natura y la individualidad, porque todavía no se tendría una persona, estos elementos son comunes a toda la creación, hay que añadir el elemento racional, que es lo que hace, por diferencia específica con los animales, que el ser humano sea persona.
Definición. Persona est rationalis naturae individua substantia (La persona es una substancia individual de naturaleza racional). Santo Tomás prefiere la definición de Boecio, entre todas las que le ofrece la tradición, y la somete a un riguroso examen: la substancia a la que hace referencia la definición no es el sujeto de los accidentes, sino la subsistencia o substancia primera que ya no tendría que decirse individua. La palabra natura no puede aplicarse a physis ni a esencia, porque en estos casos no se puede decir de Dios. Y rationalis hay que ampliarlo a las subsistencias espirituales (Cf. Lobato A. OP. El ser personal. Roma 1994. Pontificia Universitas Sancti Thomae Aquinatis in Urbe). La subsistencia excluye estar en otro sujeto y al mismo tiempo tener el ser en sí de modo absoluto. Y se aplica a la persona del Padre, a la persona del Hijo y a la persona del Espíritu Santo y al ser humano, salvadas las distancias ontológicas entre Dios y el hombre.
Persona humana es, pues, lo más precioso del universo, más que el Sol, la Luna y las estrellas. Porque entiende, ama, ejerce su libertad, quiere ser por siempre y quiere ser feliz…
El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado (Mc, 2,27-28). Cuanto hacemos los hombres debe estar al servicio de la persona. Su espíritu inmortal trasciende.
FOTOS

![]() |
EN VELA | ![]() |
EN GUARDIA | |
| JULIO RODRÍGUEZ | JORGE GUARDIA | |||
![]() |
LETRAS DE CAMBIO | ![]() |
OJO CRÍTICO | |
| LUIS MESALLES | RODOLFO CERDAS | |||
![]() |
ENFOQUE | ![]() |
POLÍGONO | |
| JORGEVARGAS | FERNANDO DURÁN | |||
![]() |
TAL CUAL | ![]() |
ENTRE LÍNEAS | |
| ALEJANDRO URBINA | ARMANDO GONZÁLEZ |
| SERVICIOS |
|
En tu Celular |
|
En tu PDA |
|
Noticias por email |
|
RSS |
|
Fax |
|
Horóscopo |
|
Cartelera de cine |
| QUIENES SOMOS | | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | | ESTADOS FINANCIEROS | | ANÚNCIESE | | TARIFARIO | | TRABAJE EN LA NACIÓN |
|
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS |
|||||