EDITORIAL |
Para el programa Estado de la Nación, el 2009 es particularmente importante en su evolución como esfuerzo de alto rigor académico y legitimidad pública para diagnosticar diversas facetas de la situación del país y, desde sus resultados, mostrar rumbos de acción por seguir.
En este año cumple 15 de existencia, durante los cuales ha emitido igual número de informes sobre el Estado de la Nación en desarrollo humano sostenible . Además, ha generado otra serie de documentos, tanto nacionales como regionales, de alto valor como referentes de realidad e instrumentos para orientar la toma de decisiones. Y, como crisol de sus aportes, ha consolidado una organización signada por un constante afán de excelencia que, tras ser una iniciativa dependiente en sus inicios del apoyo financiero internacional, se ha transformado en una verdadera institución independiente y de arraigo nacional, gracias al respaldo del Consejo Nacional de Rectores (Conare), la Defensoría de los Habitantes y, por supuesto, el trabajo de sus líderes.
Es gracias a esas características que sus diagnósticos anuales se convierten en un acicate para que, desde informaciones y valoraciones fundamentadas, nos examinemos como país. Es una tarea particularmente importante en el 2009, que también ha sido particularmente importante para el desarrollo de Costa Rica.
Este año y el 2008 han estado marcados por una crisis internacional de fuertes repercusiones, que ha puesto a prueba nuestra capacidad para encararla. Se trata de una tarea que depende tanto de las políticas públicas y decisiones, como de las condiciones del país, gestadas a lo largo de los años.
El Estado de la Nación advierte sobre la dificultad de ponderar plenamente los efectos de la crisis al momento de concluir su investigación. Sin embargo, una gran cantidad de los hallazgos de carácter más amplio e, incluso, muchos de los desafíos señalados durante sus 15 años de existencia, dan importantes pistas sobre nuestra capacidad de reacción puntual y las características de nuestro desarrollo.
En palabras del informe, “en el contexto latinoamericano, el país tiene una posición particularmente ventajosa en términos de sus logros en desarrollo humano. Esta positiva situación no es algo casual, por supuesto. Se asienta en una serie de decisiones públicas y de iniciativas privadas que nos han permitido diversificar ampliamente nuestra economía; romper la trilogía “propietarios-proletarios-campesinos” del pasado y pasar a una sociedad mucho más plural y compleja en sus estructuras sociales y productivas; desarrollar una “nueva economía” basada en los servicios, la tecnología y las exportaciones, que ha generado gran dinamismo, abierto oportunidades, estimulado mayor productividad y creado más riqueza, y abierto las posibilidades de aumentar el gasto social y reactivar la inversión pública.
Como revés, sin embargo, existe un creciente desafío de desigualdad social; durante años el sector público se replegó, tanto por falta de recursos como por un inadecuado manejo de prioridades; la ejecutividad en las decisiones públicas se ha reducido drásticamente; el Estado aún dispone de muy pocos recursos, y existen grandes presiones ambientales, especialmente relacionadas con agua, alcantarillado, transporte urbano y generación de energía.
La crisis nos tomó en un “pico” de nuestra transición como sociedad. Gracias a los avances que hemos tenido en este proceso, su impacto, hasta ahora, no ha sido tan severo, pero es obvio que existe una serie de desafíos que no debemos desatender.
Uno esencial es la educación, en la cual no solo hay que invertir; tan o más importante es vincularla mejor con las necesidades y oportunidades nacionales, para que pueda ser un instrumento aún más eficaz de movilidad y cohesión social.
En el camino hacia un desarrollo más integral, la política y el Gobierno son clave. La buena noticia al respecto, que menciona el informe, es que las tensiones y polarizaciones de los dos años previos han retrocedido a favor de un ambiente más propicio para la serenidad colectiva. La mala es que esto podría cambiar si no se muestran resultados positivos.
Para ello, se impone un alto grado de madurez de los actores políticos. Es difícil esperarlo en medio de la actual contienda electoral. Pero confiamos en que, tras el primer domingo de febrero, se puedan potenciar opciones de negociación y acuerdos responsables, tan difíciles en años recientes.
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