LN OPINIÓN

Costa Rica, Viernes 6 de noviembre de 2009

/OPINIÓN

Édgar Mohs

Violencia juvenil

Embajador de Costa Rica en Suiza

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TAMAÑO

Los graves problemas de conducta que exhiben algunos menores de edad no han disminuido en los últimos 10 años, sino que se han multiplicado, y esto debe preocupar a los estudiosos serios del comportamiento de adolescentes y preadolescentes.

Europa, en general, está en un evidente estado de alerta, habida cuenta de que al consumo de alcohol a edades cada vez menores, se ha agregado la embriaguez profunda por lo menos los fines de semana (el botellón). Como consecuencia de lo anterior, los pleitos en las calles y bajo techo han aumentado y lo mismo ha ocurrido con los robos o asaltos. Con la inmigración han crecido la prostitución individual o en redes y el consumo de drogas; las riñas entre estudiantes han recrudecido con una mayor participación de mujeres; los maestros han tenido que formar organizaciones especiales para defenderse de las agresiones y recientemente la comunidad de Madrid anunció una ley que otorga condición de “autoridad pública“ a los maestros.

Muchos padres de familia se quejan de que no pueden controlar a sus hijos, pero los hijos se quejan de desintegración de su familia. Los códigos penales han debido modificarse para sancionar violaciones y crímenes cometidos por menores.

Japón, Singapur y algunos otros países industrializados, son excepciones; también la criminalidad en general es poco frecuente en Kerala, provincia de la India, cuyo ingreso anual per cápita es apenas de $671 y el número de privados de libertad por 100.000 habitantes es 16. En cambio, en California, EE. UU., el ingreso es $39.174 y los privados de libertad llegan a 460 por 100.000 habitantes. Esta interesante comparación muestra que la pobreza es un factor, pero hay muchos elementos más interactuando.

Obviamente, en todas partes la mayoría de los menores son buenos estudiantes, responsables y, desde luego, algunos son destacados deportistas o músicos y muchos no tienen ninguna adicción. Pero reconocer que esto es así no nos debe hacer creer que el problema de la delincuencia en menores no es un gran tema.

El problema es complejo y causado por múltiples factores, pero entre los más graves está la permisividad por ignorancia, equivocación o comodidad. Ni el desarrollo económico o la educación por sí mismas o únicamente los métodos disuasorios o represivos, pueden enfrentar con éxito esta situación. Es la combinación inteligente de estas y otras intervenciones de carácter socio-cultural básico, lo que necesitan nuestros menores y la sociedad.

En Europa se hacen múltiples esfuerzos holísticos, debido a una clara conciencia de la importancia del problema y públicamente se discuten sus orígenes, evolución y estrategias de control, porque negar la realidad o esperar a que en forma espontánea todo se resuelva, es una irresponsable ilusión.

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