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Página QuinceVelia Govaere | veliagov@racsa.co.cr |
Viceministra de economía
Cuando el progreso de unos convive con la miseria de muchos, un clima social insostenible nos amenaza a todos porque la salud de cualquier sociedad humana necesita equidad. En Costa Rica, equidad, paz y democracia nos hicieron diferentes y con ese equilibrio distributivo escapamos ilesos de las crisis centroamericanas.
Gracias a una dinámica apertura de mercados, las empresas nacionales ampliaron destinos y diversificaron oferta. Costa Rica se convirtió en destino atractivo para la inversión extranjera y nuestros índices económicos crecieron de forma sostenida. Pero con la riqueza que llegó a nuestras costas, tomamos consciencia de que la equidad no es algo automático. Exportaciones e inversiones jamás pueden, por sí solas, preservar las condiciones sociales heredadas de nuestros ancestros. Esperar que la riqueza “se derrame” sobre los pobres es la política de la indiferencia.
Desde la primera administración de Óscar Arias, nuestra política comercial abordaba apertura de mercados, defensa comercial y equidad social: tres patas de una silla balanceada y sostenible. Posteriormente, sin embargo, su eje se centró sobre uno de sus pilares, con el triste resultado del desafecto de la población con nuestra política comercial.
Desequilibrios. ¿Por qué fue así? Porque con el progreso se producen inevitables desequilibrios. Lo nuevo se incrusta en lo viejo, no siempre de forma armoniosa. Ya en el siglo XIX, junto a la infraestructura industrial que transformó el mundo, germinaron también condiciones infrahumanas. En 1812, los obreros ingleses decidieron atacar las máquinas, como si fueran ellas las responsables de su miseria y sufrimiento. Así nos pasa en Costa Rica. Aquí se ataca el comercio por nuestra creciente desigualdad. Humano tal vez, pero incorrecto, porque el frío no está en las cobijas.
¿Por qué condenar nuevas oportunidades para los sectores productivos? ¿Por qué denunciar el flujo de capital foráneo, la transferencia tecnológica, el mejoramiento de la calidad de nuestra innovación científica y profesional? El progreso no es el enemigo. El enemigo es el olvido.
Para preservar la equidad era necesaria una sostenida intervención estatal de políticas que facilitaran los encadenamientos a las oportunidades del comercio. Su ausencia resultó en concentración de riqueza, incremento de brechas sociales y deterioro de condiciones básicas de convivencia.
En su segunda administración, Óscar Arias retoma, de nuevo, esa senda olvidada. Pero lo hace cuesta arriba. Enfrenta no solo el rezago de varias administraciones y la consabida inercia al cambio, sino, sobre todo, lo difícil que es que se comprenda lo complejas que son las condiciones sociales, políticas y económicas que sustentan la equidad.
Un grupo de negociadores no hace verano. Abrir mercados es una acción importante, pero puntual. El tejido empresarial de un país depende, en cambio, de miles de factores y necesita las manos de todos.
¿Por qué las grandes empresas pueden aprovechar mejor la apertura comercial? Porque la larga cadena de olvidos estatales afecta, sobre todo, a las empresas pequeñas. Las grandes tienen capacidad financiera para pasar por encima de las carencias estatales. Pueden comprar servicios, calibrar equipos, contratar análisis de laboratorio, financiar certificación o acreditación de sistemas. Las pequeñas no. Ellas requieren estructuras de apoyo. Con dejar hacer y dejar pasar, los grandes crecen, los pequeños se asfixian y cuando la factura social llega, la pagamos todos.
Esta administración no podía quedarse repitiendo la vieja cantinela de la importancia de la apertura de mercados y la atracción de inversiones. Hace 25 años pudo bastar. Ya no.
Tubería distributiva. Por eso el MEIC diseña sus políticas con la mirada puesta en revertir los impactos negativos de una riqueza que llega, como dice Franklin Chang, como un enorme tubo de ingreso, sin la tubería nacional distributiva, tan necesaria para un desarrollo equitativo.
Solo para Gardel, veinte años son nada. Imposible remontar en una administración esa montaña de ausencias. Invisible y trágico, el frágil tejido donde las pymes perecen. Mucho se ha iniciado. Nada es suficiente. Esperable sería que este esfuerzo escapara de los “ismos”. Ahí está el mapa de ruta: promoción de emprendedurismo e innovación, mejor acceso de pymes a compras del Estado, mayor encadenamiento empresarial, multiplicada atención territorial, fortalecimiento de la pyme exportadora y más... y más...
Necesitamos veinte años más de políticas de apoyo, articulación y acoplaje de las pymes al tejido exportador de Costa Rica. Ese es el componente social necesario de nuestra política comercial.
Esa es la tercera pata olvidada de la silla, el rostro humano del comercio.
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