LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 31 de mayo de 2009

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Nacion.com

Columnista

Rodolfo Cerdas

Ojo Crítico

Politólogo

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TAMAÑO

La última agresión de Ortega y Cía. contra Costa Rica y los Tratados regionales, oponiéndose a trasladar aquí la Presidencia pro tempore del SICA, permite imaginar su grito cuando la Corte de La Haya, ojalá, resuelva a nuestro favor la demanda sobre nuestros derechos de navegación en el San Juan.

Es risible que Ortega nos reclame no ser parte del Parlacen ni de la Corte Centroamericana. Esta ya mostró su “calidad” en el conflicto Honduras-Nicaragua, cuando nadie obedeció su fallo sobre el impuesto inventado por Alemán para chantajear a su vecino; cuando se quedó con solo dos miembros; y cuando se evaporó en el juicio de ambos países en La Haya. Este reclamo a quien avergüenza es a Ortega. Porque si lo que tiene en su país es una Corte Suprema subordinada a él y a su mujer, no tiene autoridad moral para reclamarnos el rechazo a un tribunal regional de igual o peor jaez que el suyo; y menos para darnos lecciones de nada, porque aquí sí se respetan –y no de ahora–, los tratados, el Estado de derecho y las libertades.

Sobre el Parlacen basta recordar al Presidente panameño. Dijo: “En Panamá, el Parlacen no tiene ningún valor agregado. Todos los diputados panameños tienen exoneraciones de carros y se la pasan vendiéndolos a terceras personas. Cada vez que hay un escándalo, es una persona ligada al Parlacen. Ha sido una cueva de inmunidades, de personas que se refugian allí para protegerse ” ( La Nación, 23/5/09).

La vuelta de Ortega al patrimonialismo estatal, a sus tentaciones totalitarias; y el tenebroso crimen en Guatemala atribuido, en un video pregrabado por la víctima, al presidente Colom, su esposa y ayudantes, son un par de muestras más de la debilidad institucional y la fragilidad democrática de muchos Estados en la región, inacabados, débiles y fragmentados. Allí los fuertes son las cúpulas enriquecidas y los ejércitos omnipresentes. Allí sigue reinando la represión, la violencia y el menosprecio a las libertades.

Por eso hay que rechazar presiones como las de la UE para que nos aventuremos en proyectos de integración política lesivos al interés nacional. No debemos centroamericanizarnos en un mal sentido, máxime que, sin su ayuda, pareciera que lo venimos haciendo. Al redefinir nuestro camino, debemos dejar el complejo de culpa de algunos por las reservas ticas a uniones políticas precipitadas. Costa Rica ha sido la última en ingresar a la integración, pero también la última en salirse. Hay libertades y conquistas sociales que no se deben cambiar por el canto de sirena de una supuesta hermandad que, aunque deseable, apenas repunta. Hay que construirla, pero no con falsa retórica, sino con realidades.

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