LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 31 de mayo de 2009

/OPINIÓN

EDITORIAL

Se impone la firmeza

 El mundo debe actuar con severidad frente al chantaje nuclear de Norcorea

 Cada vez será más peligroso tolerar los desplantes de su despiadada dictadura

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¿Cómo lidiar con un régimen oscurantista, despiadado y violador constante de las normas de la diplomacia y el derecho multilateral, que ha convertido el chantaje en instrumento permanente de su política y que utiliza la amenaza nuclear con absoluta ligereza y desdén por las consecuencias?

Esta es la pregunta que hoy se hacen los miembros más responsables de la comunidad internacional, ante la nueva andanada de desafíos, amenazas y desplantes lanzada por la dictadura de Corea del Norte.

Por desgracia, ninguna respuesta es sencilla. De un gobernante tan perverso como Kim Jong-il, que no ha tenido reparos en dejar morir de hambruna a dos millones de sus conciudadanos con tal de mantenerse en el poder y que destina a los armamentos más presupuesto que a cualquier otro fin, puede esperarse cualquier cosa; incluso, el lanzamiento de un ataque militar contra su próspero vecino, Corea del Sur. Pero lo menos que debe hacerse frente a su nueva escalada agresora es presentar un frente unido de rechazo por parte de todas las potencias, incluidas Rusia y China, que hasta ahora han tenido una actitud ambigua con el régimen de Pyongyang.

El detonante de la crisis actual fue la realización, el lunes, de una prueba nuclear, la segunda desde la del 2006. Como entonces, produjo una inmediata ola de protestas internacionales, a la que Corea del Norte ha respondido con la generación de más tensiones. El martes, por ejemplo, disparó tres misiles de prueba de corto alcance desde su costa este, la más próxima a Japón; luego siguieron otros dos. Al día siguiente, declaró no sentirse ya vinculada al armisticio que puso fin a la Guerra de Corea, desarrollada entre 1950 y 1953, y amenazó con atacar Seúl, por la decisión surcoreana de unirse al plan de Estados Unidos para inspeccionar en alta mar barcos sospechosos de transportar material nuclear o armas de destrucción masiva.

Su virtual declaratoria de guerra produjo una inmediata renovación, por parte de Washington, de su compromiso de defensa con Corea del Sur, donde mantiene 28.500 soldados, y la comandancia conjunta de las fuerzas estadounidenses y surcoreanas aumentó su nivel de alerta a dos, el mismo desplegado tras la prueba nuclear de hace tres años.

Hasta ahora, no se sabe con certeza a qué responden las decisiones norcoreanas, y es más difícil aún imaginar hasta dónde llegará su régimen. Entre las mayores preocupaciones, además de un eventual ataque al sur, está la posibilidad de que haya transferido (o pueda transferir) tecnología y materiales nucleares a otros países despóticos, como Siria, y a grupos terroristas de diversa índole.

Es lamentable que, pese a los enormes esfuerzos realizados anteriormente para lograr un cambio de su conducta mediante generosos incentivos, el mundo se exponga ahora a una situación aún más grave y plagada de mayores incertidumbres que en el pasado.

Ante un panorama tan peligroso y el fracaso de otros métodos, resulta indispensable, como punto de partida mínimo, que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas acuerde, con la mayor rapidez posible, un conjunto de fuertes sanciones a la dictadura de Kim Jong-il. La mayor responsabilidad les cabe a Rusia y China, dos de sus miembros con poder de veto, que nunca han estado dispuestas a tomar una actitud realmente firme contra su antiguo aliado de la Guerra Fría.

Si los incentivos han fracasado, es necesaria otra estrategia internacional para romper, de una vez por todas, la política de chantaje seguida por el dictador nuclear y su camarilla. Hacerlo impone riesgos, sin duda. Pero más peligroso aún será la falta de coordinación desde la firmeza porque, incluso si se logra evitar el conflicto en esta oportunidad, vendrán otras en que las amenazas y los peligros serán todavía mayores.

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