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Costa Rica, Jueves 28 de mayo de 2009

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Página Quince

Jaime Robleto | platonzo@racsa.co.cr

En busca de un Cielo ad hoc

 Mi cielo será uno de exclusión; para nadie está garantizado pues se aplican restricciones

Abogado

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Según informan los entendidos, el Cielo no es un lugar sino un estado, por lo que, para alcanzar el equivalente a la felicidad en esas condiciones sui generis, necesariamente debe ser un paraíso de diseño personalizado; en caso contrario, sería más bien parecido al Hades, es así como (con el debido respeto de los ateos y agnósticos de rancio intelecto, así como de algunos demiurgos de la cultura) expongo, a partir de la consabida premisa de la continuidad del ser después de morir, que supone ser una pacífica transición, que la eternidad es ancha como las caderas del mal gusto y ajena a los parámetros kantianos, que no cesan de agobiarnos con horarios y afanes.

Si acaso existe una burocracia célica, es probable que nos asignen las mascotas equivocadas, los seres no tan queridos y un asteroide diferente al B-612. Aunque los trámites devolutivos no demoren, serán escollos en el preciado programa de las delicias.

Mi cielo. Yo solo me conformo con mucho; así, mi cielo ad hoc incluye, en castellano a Sócrates aclarando detalles de su cuestionable proceso, a Wilde vindicado, a Klimt en estado de gracia a la vera del lago Atter, a los modelos de Botero cobrando sus estipendios, además un pequeño taller para desmantelar lugares comunes y un Guggenheim privado sin Kandinsky ni Pollock en exposición.

En definitiva, un cielo de exclusión, donde Marcel Proust finalmente desenmascare al Narrador y donde ni Alan Turing, ni nadie más, tenga que morder manzanas rociadas con cianuro por la falta de inteligencia de algunos pocos y la indolencia de unos muchos.

Quiero un estado celestial donde no quepan los que a la hora del café cotillean con impunidad de los otros, a quienes luego saludan si les conviene en lo que consideran que es su camino hacia la cima, aunque sean analfabetos especializados.

Quisiera departir, claro está, con mis familiares, amigos cercanos, y asegurarme al menos, si hay infierno, que esté vacío, como dijo Teilhard de Chardin.

Definitivamente, hay algunas personas que no quisiera encontrar ni por casualidad en las avenidas de esa plenitud boreal; de lo contrario, el caelum dejaría de serlo. Un pequeño detalle: el acceso a este cielo ad hoc no está garantizado para nadie, por lo que se aplican restricciones.

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