LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 24 de mayo de 2009

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Polígono

Fernando Durán Ayanegui | ferduraya@racsa.co.cr

¿Malinches?

químico

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Ningún sistema despótico de mando –no importa su ámbito o su dimensión– se mantiene solo por las acciones (o las omisiones) de una única persona. Imre Kertész recuerda que tras la liberación del campo de concentración en el cual los nazis estuvieron a punto de liquidarlo, quienes habitaban en la vecindad de aquel centro de exterminio aseguraron a las nuevas autoridades que ellos desconocían todo cuanto ahí ocurría, pese al olor a carne humana quemada que solía invadir la comarca. Es decir, como si para ellos Hitler y Himmler lo hubieran hecho todo sin conocimiento ni apoyo de nadie.

Sin caer en el fácil argumento del malinchismo, nos sorprende que la Defensoría de Los Habitantes (y tras ella la prensa local) se tomen muy a la tremenda el caso de una exfuncionaria extranjera de la Oficina de la UNESCO en Costa Rica, que fue despedida de esa dependencia de la ONU en condiciones que, según alega ella, son violatorias de sus derechos laborales. Sorprende porque, hasta hace poco, la Oficina de la UNESCO, entonces dirigida por una camarilla encabezada por un funcionario alemán cuya carrera política floreció al amparo del régimen estalinista de la fenecida República Democrática de Alemania –y, por lo tanto, no estaba muy familiarizado con las ideas sobre lo que deben ser las relaciones laborales en un régimen democrático– violaba los derechos de los empleados subalternos ticos como si estos fuesen siervos rusos del siglo XVII. En cierta oportunidad preguntamos públicamente cómo era posible que en nuestro país se permitiera que una dependencia de la ONU fuera escenario de un descarnado desprecio por los derechos básicos de los trabajadores nacionales, pero el cuestionamiento no llamó la atención de la Defensoría, ni del Ministerio de Trabajo, ni de la prensa. Y, salvo por una excepción, que no fue la ahora protegida por la Defensoría, ningún funcionario extranjero de la UNESCO hizo un solo gesto de solidaridad con nuestros compatriotas maltratados.

Ojalá haya sido una discreta gestión de nuestra Cancillería lo que provocó la reciente remoción del pequeño führer de su cargo de Director de la Oficina de la UNESCO en San José. Y bendita sea la oportunidad que nuestras leyes les dan a sus excolaboradores de pedir ahora la protección de la Defensoría. Pero, si bien las injusticias ya cometidas contra varios inermes compatriotas no serán reparadas, es urgente que nuestro Estado establezca las condiciones necesarias para que quienes dirigen organismos internacionales en Costa Rica no puedan actuar como si fueran intocables virreyes coloniales.

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